Por Diego Montejo | prensamontejo@yahoo.com.ar

Fotos: Matías Barbati


Zamba Quipildor espera ansioso el llamado de De coplas y viajeros, el tiempo parece conspirar contra ese fin, una copiosa tormenta cae sobre Rosario y pone en jaque las comunicación. Del otro lado del teléfono Quipildor comienza con su relato, primero habla de la pandemia, después de su estado de salud el cual lo aqueja desde hace tres años. Hoy dice que está mejor y con ganas de volver a cantar. La fe en Dios es y fue su sostén emocional que lo llevó a afrontar este momento, donde tuvo que ser hospitalizado varias veces. Su historia es vasta, no cabe en unas pocas horas de charla.

Quipildor fue convocado en el 74 por Ariel Ramírez para ser intérprete de la Misa Criolla, obra que lo llevó a recorrer 85 países. 

Zamba Quipildor, es el seudónimo de Gregorio Nacianceno Quipildor. Cantante y guitarrista folklórico argentino nacido en La Esperanza, Jujuy; el 10 de junio de 1943. Integrante de una familia de 10 hermanos, junto con sus padres, oriundos de Catamarca, que fueron peones rurales. Hermógenes Quipildor, su padre y Benjamina del Milagro Moreno, su madre, le trasmitieron su amor por el canto ancestral refrendado en la baguala. A los 9 años recibió una guitarra como premio después de cantar en la escuela, de ahí en más nunca paró hasta hoy. En 1962 a los 18 años en la provincia de Salta formó su primer conjunto, Los Viñateros, integrado por cuatro guitarras y un bombo, con su primo Santiago Quipildor, Roberto Flores y Quiti Castillo. Con este conjunto obtuvo el segundo premio del Festival del Noroeste Argentino.

Luego llegó Cosquín en 1970 donde fue revelación y de ahí en más una carrera internacional que lo llevó por más de 85 países, primero como solista y después como intérprete de la Misa Criolla junto con el maestro Ariel Ramírez, su amigo, al que dice que le debe todo lo que es como artista. Y hasta dónde llegará su comentario, porque asegura que en la calle muchas veces no saben su nombre, pero cuando lo saludan señalan: “Ahí va el de la Misa Criolla”. Siempre esto aparece como una marca ineludible, su carrera lo tuvo miles de horas en aeropuertos y aviones. Destinos de los más pintorescos, incluso el Vaticano y la Plaza San Pedro donde conoció a los tres últimos Papas.

– ¿Qué conclusiones saca de esta cuarentena y qué significó para usted como persona?

– Esto sirvió para reflexionar muchas cosas. El mundo fue muy desprolijo y poco solidario, eso nos deja una gran enseñanza; este virus nos separó de los amigos y la familia. Creo que hay que tener fe en Dios que nos va a ayudar a salir de este tema. Siempre que pasan estas cosas que movilizan a la humanidad debemos olvidar nuestro ego para ayudar a quienes lo necesitan. Acá muchos se fueron de vacaciones igual o de fiesta sin importarles los demás. Me parece que de una vez por todas tiene que ganar el compromiso con el prójimo, y repito solidaridad es una amplia y hermosa palabra que tenemos que poner en práctica.

– ¿Y como artista, qué lectura hace sobre este problema? Muchos músicos todavía no retomaron sus trabajos y otros apenas están subsistiendo.

– Previo a la pandemia tuve un problema de salud que derivó en una internación de más de ocho meses en la cual estuve 18 días en coma inducido. Fue muy bravo, lo visité un ratito a tatita Dios, pero me dijo que volviera a la Tierra porque tenía que seguir cantando –risas-. Después que salí del hospital estuve siete meses más para recuperarme y al poco tiempo llegó esto y ya directamente no hay trabajo para nadie. Los intérpretes están muy mal económicamente, no tienen ni para poner agüita en el jarro para hacer un mate. Además de ser intérprete soy el Secretario General de la Asociación Argentina de Interpretes (AADI), somos 45mil socios en todo el país, y la verdad que no poder recaudar fondos generó una gran dificultad.  Ojalá se pueda salir adelante en un problema que para mí es gravísimo.

–  ¿Qué opina y qué le parecen los streamings, estaría dispuesto a hacer uno?

– La verdad que no lo siento, a mí me gusta agarrar la guitarra y estar con la gente, ver la cara del público. Por ejemplo, cuando uno canta en un teatro ve las distintas expresiones en los rostros de quienes te fueron a ver, eso hace falta y creo que cuando pase esto voy a volver a ruedo. Seguir cantando la Misa Criolla, como lo hice varias veces en el Monumento a la Bandera y el Teatro El Circulo.

– Es ineludible que ante su presencia se lo relacione con la Misa Criolla ¿Considera que es una marca distintiva suya?, ¿la lleva con orgullo?

Ariel Ramírez me convocó en 1974 para formar parte de la Misa Criolla, a la vez yo tenía mi carrera como solista, pero la gente ya me puso ese cartel: Misa Criolla, Zamba Quipildor. Con este espectáculo recorrimos 85 países, cantando en los mejores teatros, incluso en teatros líricos, ya que es considerada una obra clásica. A veces por la calle me dicen «ahí va el que canta la Misa Criolla», como me llamo no saben, o no se acuerdan mi apellido, pero ya a uno lo ponen ahí. A mí me encanta cantar esa obra, me emociona, me corren las lágrimas por lo que puedo trasmitir a la gente que tiene ansias de este mensaje de paz y amor.

 

«Soñar es una gran palabra y eso es lo que tuve, sueños de lograr algo con lo que amaba»

– En ese sentido, ¿cuán importante fue para su vida y carrera la figura del maestro Ariel Ramírez?   

– Como la Misa Criolla, también estuvo Mujeres Argentinas y Los Caudillos. Ariel tuvo el coraje de hacer estas grandes obras, lo considero uno de los más grandes músicos que tuvo la argentina. Me gustaría que se le haga un homenaje grande a Ariel Ramírez este año como se lo merece. Ariel llevo a través de La Navidad Nuestra y la Misa Criolla hizo conocer al mundo la música de nuestro país a través de los paisajes sonoros. ¿Cómo no premiar a un gran hacedor como él a nivel nacional, por todo el país?. Ojalá nos escuche alguien para tomar este pedido.

– ¿A esta altura de su vida y carrera que retrospectiva hace desde su niñez a esta parte?

– Soñar es una gran palabra y eso es lo que tuve, sueños de lograr algo con lo que amaba. De chico junto con mi familia escuchaba a Eduardo Falú, a Los Chalchaleros, Los Fronterizos. Teníamos una radio y lo le decía a mi papá que algún día iba a ser como ellos y mi viejo me dijo que sí, pero que era cuestión de estudiar. Comencé con la guitarra desde muy chango y no paré más. Esto me trae un recuerdo de mi madre a la que fui a visitar antes de viajar por segunda vez a la Unión Soviética. Ella tras una charla me dijo: «Hijo, vos ya no me perteneces a mí, perteneces al pueblo», una frase que me marcó para buscar el camino de la honestidad y el trabajo. La verdad trabajé muchísimo, grabé 33 discos. Todas esas cosas fueron mis sueños, pero eso no viene sólo, hay que acompañarlo con sacrificio, respeto, trabajo y amor, no es solo el talento, hay que poner mucho de uno. No es no más cantar lindo, además hay que ser un gran profesional.

– ¿Le gusta la política? ¿Qué opina de los cantores que toman este camino como una forma de hacer su arte?

– Mis raíces son peronistas, mi papá era peronista. Recuerdo cuando era chico y llegaban a mi pueblo los vagones repletos de ropa y zapatos. Una vez mi padre repartió a todos los del pueblo, pero a la noche le pregunté por qué no había nada para nosotros y me dijo que había gente que tenía menos y lo necesitaba más que nosotros. A veces me preguntan por qué nunca canté la Marcha Peronista en una función y les digo que están equivocados; yo cuando vengo a cantar no vengo a hacer política. Yo no sé si quienes vinieron a verme son peronistas, radicales o socialistas. Ese es el respeto que yo tengo por la gente. Yo tengo esa formación, a mí no me gusta vivir de la política, tengo un sentimiento por el peronismo porque lo viví personalmente, esa es la posición que tendré hasta el final de mis días.

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