Transcurría el año 2010. Café Vinilo –el emblemático reducto musical porteño que, tras la pandemia, cerró sus puertas- acogía a algunos de los más talentosos artistas de la región. Allí ocurrieron encuentros y ciclos que quedarán en la retina y en el oído de todos quienes amamos la música. Uno de esos ciclos se denominó Descarga con amigos. Quién lo conducía era Yusa, una artista cubana que hacía poco se había radicado en nuestro país. Por ese ciclo, que se realizaba los viernes, la multiinstrumentista caribeña compartiría escenario con artistas como Verónica Condomí, Raly Barrionuevo, Liliana Vitale, Fatorusso, Liliana Herrero, entre otros.

El resultado de aquella experiencia sería Vivo, el primer disco que Yusa editaría en Argentina. Luego vendría Libro de cabecera para tardes de café y la producción de uno de los discos más especiales de Raly Barrionuevo, Rodar; experiencias que sirvieron para que dejase un rastro indeleble entre los melómanos argentinos. Años después, y luego de varias giras por todo el país, fiel a su espíritu inquieto, se instalaría en los Estados Unidos, desde donde prepara un nuevo disco mientras añora sus días en La Plata, ciudad en la que residió por aquellos años en Argentina. Sobre estas y otras experiencias es que, en exclusiva para De Coplas y Viajeros, dialogamos con Yusa, quien nos cuenta sobre su presente con la música, sus proyectos y sus ganas de retornar a la Argentina.

– ¿Dónde estás ahora?

– Ahora, en este momento, estoy en New Orleans.

– ¿Estás instalada ahí?

– Estoy grabando y trabajando. Terminando el disco, y estoy también haciendo producciones con otros músicos. Me muevo por todos lados, pero por el momento, básicamente estoy recalando acá.

– ¿En qué parte del proceso va el disco que estás grabando?

– Como estoy grabando, básicamente, aquí en casa, tú sabes, con esta historia de la pandemia, todo cambió, entonces he tenido que estar usando muchas grabaciones on line. He tenido que convocar a gente que está en otros países, esperar a que graben y que me manden, o sea… sobre todo la parte que ha tenido que ver con las cuerdas, que siempre son tan complejas porque normalmente graban juntas. Armar una logística para poder grabarlas y que todas tuviesen una homogeneidad sonora fue complejo. Tuve que crear toda una estructura para que grabaran y al mismo tiempo pareciera que todo el mundo esté tocando junto. Eso es una de las cosas que más tiempo me ha llevado, porque es una orquesta bastante grande. Son como 20 cuerdas. Es como un laburito que se las trae. También estoy terminando de componer algunos temas nuevos. Haciéndolo a mi tiempo, porque he estado trabajando para otros proyectos. Por eso, cuando tengo el tiempo le meto mano y sigo terminando textos de algunas de las canciones, arreglos con otros músicos y así.

Libro de cabecera para tardes de café, que fue lo último que grabaste en Argentina, es quizás, el disco más latinoamericano –desde un concepto amplio-, porque hay temas del folklore de nuestro país, con algunos temas latinoamericanos ¿Cómo recordás aquella experiencia?

– Fue maravillosa. En ese momento yo estaba necesitando hacer un disco que tuviera que ver conmigo. Necesitaba de esas canciones que me han acompañado toda la vida, como para arroparme en ese momento que yo estaba viviendo en Argentina, por eso fue que se me ocurrió hacer un libro de cabecera en tardes de café. Usé esa analogía porque Tardes de café es uno de los temas de uno de los compositores que más admiro de mi generación que es Kelvis Ochoa y esa es una de las primeras canciones que escuché de él cuando yo tenía 18 o 19 años. Justamente fue bueno rescatar ese concepto de tardes de café. Yo tomo cantidades, es parte de mi cultura, y entonces era como convocar un poco, utilizando esa analogía, a todos mis recuerdos, aquellos que han armado la Yusa que soy hoy.

En este sentido, Kelvis Ochoa, siempre ha tenido mucha influencia de la música argentina, del rock and roll argentino, de Spinettta, por eso que incluso en Tardes de café menciona a Spinetta: “…bailamos a Spinetta y otra vez…”. Era también esa manera de cerrar un ciclo con respecto a mi presencia en Argentina, en América del Sur, que tiene tantas influencias para mí como Charly García. Por eso las canciones que elegí en ese momento eran las que siempre me han acompañado. Pudieron haber sido muchas otras, de muchos compositores, pero justamente esas tenían que ver mucho con mi momento en Argentina específicamente. Por eso las canciones como la de Noel Nicola (Es más, te perdono), como Oración del remanso, del maestro (Jorge) Fandermole, y fue bonito porque pude convocar a artistas con los que compartí estando en Argentina y con los que teníamos una relación de amistad bastante profunda. Fue hermoso poder contar con Liliana Herrero, Liliana Vitale, Vero Condomí, Raly Barrionuevo, el maestro Fatorusso, Hilda Lizarazu. Fue lindo porque me acuerdo que el día que estábamos grabando Oración del remanso fue el día que fallece Spinetta, un día duro para grabar ese tema, pero al mismo tiempo fue hermoso porque estuvo tan despojado y estuvo tan sentido. Yo recuerdo todo lo que sucedió ese día. Fue duro pero al mismo tiempo por él mismo también, un poco en homenaje, se hizo ese tema para convocar al espíritu del maestro.

– ¿Fue el único de los discos que grabaste en Argentina?

– No. Yo grabé un anterior disco que se llama Vivo. Se grabó en Café Vinilo, que prácticamente fue mi casa en Buenos Aires, y justamente fue el primer disco que se grabó en ese lugar. Prácticamente inauguré el Café Vinilo cuando empezó.

– Lamentablemente cerró hace poquito.

– Sí, lo sé. Mucha tristeza. Yo estuve haciendo muchos ciclos en Vinilo: De workshop, de conciertos. Justamente el ciclo que dio como resultado de ese disco Vivo fue un ciclo al que llamé Descarga con amigos, que fue muy lindo porque fueron cuatro viernes donde invitaba a diferentes artistas con los que he compartido. Entre ellos estaba Verónica Condomí, Lili Vitale, Fatorusso, Liliana Herrero, el Raly Barrionuevo. Fue lindo porque de ahí salió la idea de hacer el disco Vivo. Ahí hay temas de mis discos anteriores pero también hay un tema que hago con Raly, que es un tema suyo, que también aparece en Tardes de café… y también fue el resultado de cuando produje el disco de Raly, Rodar.

– Para mí uno de los discos más lindos de Raly…

– Un disco hermoso, hermoso, hermoso.

– Hubo una búsqueda muy interesante en el repertorio que compone Rodar.

– Raly quería una propuesta un poco más abierta, en el sentido que no fuera tan regional, y que tenía que ver con la interacción conmigo. Básicamente eso era lo que él venía gestando en esa época y fue maravilloso porque todo conspiró a favor para que pudiésemos hacer ese disco precioso y  jugar con nuevos sonidos, con nuevas texturas. Eso fue bien lindo para mí.

– ¿Cómo fue trabajar con Raly?

– ¡Ah! ¡Maravilloso! Lo bueno que tiene, por ejemplo, para mí, trabajar con otros artistas es que yo siempre busco trabajar con personas con las cuales tengo una conexión, y a la obra de Raly la conozco mucho. A Raly lo conocí la primera vez que estuve en Argentina, que fui a tocar en el Día de la Memoria y la Justicia, que es un festival que produjo Paula Rivera en La Plata. Para ese concierto yo fui invitada. Fue muy curioso, porque todos los artistas que participaron ahí luego fueron artistas con los que compartí escenario y experiencias de grabación. Uno de los artistas que estaba ahí fue Raly. Me acuerdo que estaba en la Estación Provincial, en ese piso de ahí arriba que oficiaba de camarín y veo que cuando empieza Raly a tocar todo el mundo empieza a bailar chacarera ¡Los jóvenes bailando chacarera! Eso para mí fue tan emocionante, así de ver a los jóvenes bailando folklore, como que fue una especie de nostalgia que me dio que, por ejemplo, en Cuba eso ya no sucede, que la gente baile danzón o cha cha cha, u otros géneros que ya no se bailan en Cuba, y ver a una generación joven explorando y reivindicando el folklore fue maravilloso. Bueno, de ahí me acuerdo que nos conectamos con Raly y a partir de entonces comenzó una amistad súper linda que fue desarrollándose por años. Estuve varias veces en Córdoba, hicimos conciertos juntos, yo fui invitada en varios conciertos que hizo Raly allá, y luego en Buenos Aires. Fue lindo porque fuimos desarrollando nuestra amistad, incluso, cada vez que Raly venía a La Plata o a Buenos Aires siempre recalaba en nuestra casa. Era lindo porque estábamos ahí compartiendo.

Yo estuve como aprendiendo mucho del folklore argentino, y sobre todo porque son géneros que también consumí de niña, porque en Cuba, en la época que yo nací, había mucha influencia de la música latinoamericana. De hecho yo ya conocía la chacarera. Eran géneros que me eran muy familiares. Incluso, en mi primer disco, uno de los temas que yo tengo que se llama La partida que después hicimos con Raly en el Festival de Cosquín. Ese es un tema que yo hice pensando como que era una chacarera, una especie de chacarera-cueca, una mezcla de esos dos géneros, pero en Cuba nadie tocaba chacareras, entonces pusimos los tambores batá, que es lo mas cercano al folklore argentino y luego cuando llegué a Argentina pude tocar la chacarera propiamente así como quien dice: hacer una chacarera de verdad. Cuando fue el último concierto que hice en Argentina, que estuvo el maestro Juan Saavedra de invitado con su esposa e hijos, fue súper lindo porque hice ese tema a golpe de legüero. Fueron cinco legüeros en ese concierto maravilloso y uno de los hijos de Juan termina haciendo improvisaciones con las boleadoras. Fue como mi sueño hecho realidad. Dije: ahora sí. Eso fue maravilloso. Entonces, con Raly, siempre fueron lindos esos encuentros.

Mencionabas al bombo legüero, y pienso que hay una raíz rítmica común en toda Latinoamérica y que está íntimamente relacionada con la raíz africana.

– Sí, sobre todo con la parte de la música folklórica africana, de la música afrocubana, que es la que más tiene conexión, porque la música cubana tiene muchas aristas y tiene que ver con toda la influencia francesa, española que es muy variada y diversa, pero precisamente el folklore argentino tiene mucho que ver con esa parte negra que también que tiene la música cubana. Con la influencia rítmica que viene de la descendencia africana y aunque son diferentes se comparte esa impronta del sonido que es a tierra, como se dice aquí: grounded, asentado. Eso tiene que ver con Cuba, tiene que ver con Argentina, y tiene que ver con Latinoamérica en sentido general, afortunadamente para nosotros.

– Vos venís de una formación en la música clásica. ¿Cómo fue que, a pesar de eso, te volcaste al jazz y a la música popular, o de fusión?

– Eso siempre estuvo en mí porque, de hecho, en la misma escuela teníamos la influencia de artistas graduados en ese conservatorio como el maestro Juan Formell de Los Van Van, Chucho Valdéz, los Irakere, casi todos son músicos de formación clásica. Ellos estudiaron en el mismo conservatorio, entonces eran nuestros referentes. La mayoría de los músicos que estaban en el grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, donde estaba los maestros Leo Brouwer, José María Vitier, y donde estaban un montón de músicos que eran profesores, tenían formación clásica pero que siempre estuvieron integrando la cultura popular en la música clásica y eso también fue hermoso para nosotros; y en un país como Cuba, tropical, de cultura muy extrovertida, donde tú tienes una escuela de arte aquí pero al lado están tocando la rumba por la mañana hasta la noche, es imposible no quedar prendado de esa sonoridad y de la necesidad de estar también probando nuevos acordes. Yo me acuerdo que estando allá en la escuela, nosotros cuando estábamos dando la parte de siglo XX y de las influencias de la música latinoamericana estábamos escuchando uno de los discos de Lito Vitale, y el Himno Nacional y todos esos temas que fusionaba de manera increíble con sus teclados, y eso fue parte también de mi crecimiento. Es imposible no estar buscando acordes, colores. Yo me la pasaba estudiando a Chic Corea, o a Hermeto Pascoal y toda esa música que era parte de lo que yo quería, la del experimento y de la búsqueda que yo estaba haciendo como música.

Mi referente primario era el maestro Leo Brouwer, porque yo veía en él una apertura. Leo es una persona que rompió todos los moldes de la estructura cerrada, clásica, en cuanto a las armonías, los ritmos, los géneros. Tomar una clase magistral con Leo Brouwer es uno de los mejores regalos que le pueden hacer a un músico. Eso fue lo que a mí más me detonó para hacer música, porque quería estudiar composición. Recuerdo que tenía un disco del mismo Leo antes de entrar a la escuela que me había comprado mi mamá: De Bach a Los Beatles.

– Hermoso disco…

– ¡Ese disco es hermoso! Eso para mí era la idea de músico que yo quería ser.

– Bueno, uno también, cuando estudia con esa conciencia  artistas como Bach, Stravinsky, Rachmaninoff, o el mismo Brouwer, se da cuenta que lo estaban inventando todo y que lo que hacían es la música de su tiempo.

– ¡Lo estaban inventando! Se notaba. Pedían un tono y empezaban. En aquella época ni el bajo se escribía, el bajo se improvisaba. Después hubo uno que terminó escribiendo una de las tantas veces que Bach tocó y terminaron escribiendo la mano izquierda que se tocó ese día, pero la verdad eso era el jazz de ese tiempo.

– ¿Te fuiste muy joven de Cuba?

– Nunca me fui de Cuba. Yo hice toda mi carrera viviendo allá, y siempre viajé. Desde el año 93 que tuve la primera banda, estoy viajando. Aquella era una formación femenina que se llamaba “Soneras son”, donde yo era tresera y pianista en otro de los formatos, hacíamos giras en México, Italia, de tres o cuatro meses y regresábamos a Cuba. La primera vez que fui a vivir afuera fue cuando estuve en Argentina.

– ¿Y con tu proyecto solista?

– Mis tres primeros álbumes fueron editados por una compañía inglesa, entonces por eso todas mis gira fueron Europa y Japón. La discográfica era inglesa y tenía un booking en esos lugares, entonces mis giras siempre fueron Holanda, Irlanda, Bélgica, Alemania, Italia, Francia, Portugal y Japón, donde la discográfica tenía un distribuidor. Por eso mis giras fueron allí  y nunca a Latinoamérica. No fue hasta el 2010 que vine a vivir a otro país, pero siempre regresando a Cuba. Yo tengo una carrera en mi país como músico, incluso estando en Argentina viajaba, aunque menos, porque está bastante caro ir de Argentina a Cuba, pero siempre viajé dos veces al año. Viajaba a fin de año o para hacer conciertos específicos, o para el Festival de jazz, pero bueno, siempre viajé a Cuba. Ahora, en esta época, es en la que estoy más de este lado pero siempre estoy viajando a Cuba constantemente.

– ¿Cómo es el disco que estás grabando?

– Después de muchos años sin grabar mi propia música, o sea, estaba haciendo música pero con otros artistas, pero dejé como a un lado mi música. Tengo muchas horas acumuladas de toda la época de Argentina. De hecho, cada vez que abro el disco duro me vuelvo loca de toda la cantidad de cosas que tengo grabadas sin terminar ahí. Eso es parte también de la velocidad a la que estaba viviendo en ese momento. Justamente la pandemia fue lo que me dio la posibilidad de un poco bajar un cambio y enfocarme básicamente en mi propia creación, que ya era una necesidad que tenía de empezar a sacar mi música. Recuerdo que ahora cuando empezó la pandemia yo estaba de gira y justo caí en North Carolina. En ese lugar me fui a visitar a una amiga, iba a estar como cinco días y de momento empieza lo del COVID y me tengo que quedar ahí, en medio de un monte, súper lindo, con venados, unos bosques, y el único instrumento que tenía era el tres, entonces, en ese momento dije: «bueno, evidentemente este instrumento va a ser el instrumento principal de este disco».

Eso fue maravilloso, porque fue el instrumento del cual soy graduada y siempre lo he tocado en un tema, dos, pero no como esta vez que lo tengo como instrumento principal. Eso fue gracias a todo este confinamiento lo que dio como resultado el nacimiento de este nuevo disco que se llama Para el camino que llega. Justamente tiene que ver con todo este proceso, con toda esta historia que no sabes que va a suceder en el futuro. Tiene que ver todo con el proceso del ahora, del hoy mismo y que verdaderamente es la vida en sentido general. Yo siempre he tenido problemas con el tema del futuro porque para mí hablar de futuro es súper loco. No puedo hablar de algo que no puedo controlar. Entonces, este disco tiene que ver con esto. Incluso una de las frases que tiene este disco como leitmotiv es «que quieres más infinito que el mundo para tus pies, para el camino que llega», o sea, es el hecho de simplemente andar y que tiene que ver con eso. Creo que estoy disfrutando mucho este proceso porque hacía muchos años yo no estaba cien por ciento componiendo un disco entero. Eso es importante porque evidentemente es una nueva etapa de mi vida y estoy verdaderamente súper motivada y excitada con el tema de poder presentarlo en Argentina. De hecho Quique Ferrari es uno de los invitados en el disco. Él toca en uno de los temas que ya está grabado y se llama Ya era hora. Él hace sus magias con el bajo. Eso es lindo porque he podido también convocar a esas personas que también me han acompañado por tantos años, porque con Quique y con Cris [Faiad] estuve hace siete años tocando juntos por mucho tiempo.

– ¿Ellos fueron parte de tu banda aquí en Argentina?

– Yo siempre toqué con un trío que era Quique Ferrari y Cristian Faiad en drums, pero Mariel Barreña fue de las primeras personas con las que yo toqué, y con la que toqué mucho. Mi primera gira en Argentina, que hice después de ese concierto en La Plata, y que fueron veintipico de conciertos, fue con Mariel que estaba embarazadísima ¡Hay, qué lindo! Entonces, en ese momento quienes girábamos éramos Mariel, Facundo Guevara y yo. A trío. Fue muy hermoso. Mariel es una de mis grandes, grandes, grandes amigas, o sea, de las cosas más lindas que me pasó en Argentina es contar con Mariel Barreña como amiga porque nos reímos mucho juntas e hicimos muchas cosas juntas. Ella es una gran pianista. Siempre me estaba explicando cosas de cómo funcionaba el tango y el no sé qué, y entonces la armonía. Era lindo porque con ella siempre pude jugarme a hacer cosas dentro de la música folklórica. Hacer cosas modernas dentro de las propuestas mismas de mi propia música. Eso ha sido maravilloso.

– ¿Tenés algún plan de venir a Argentina?

– Sí. De hecho iba a ir a Argentina el año pasado, pero bueno, con todo el subidón que dio la pandemia y que se yo de los casos todo se truncó, y nada, quedó todo como en un stand by, pero bueno, espero que para el próximo año ya las cosas mejoren un poco y podamos ir a Argentina sí o sí, porque, aparte, es mi otra casa. Allá viví ocho años, y tengo todavía muchas cosas mías ahí y quiero ir recuperándolas, además extraño mis rutinas de estar ahí tomando mate, de estar visitando a mis amigos, a la misma Mariel, o de andar en bicicleta. Ese tipo de cosas que son familiares y que toda esta historia de la pandemia ha puesto como una pared ahí delante de todo.

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