Por Mario Chiappino

La primera luna coscoína confirmo que el festival no sólo goza de buena salud, sino que continúa siendo el faro que alumbra el futuro de la cultura popular argentina.

Porque fue una noche de desafíos, de propuestas artísticas novedosas y de inusual calidad, y porque tuvo un público masivo y fervoroso  pero capaz de respetar cada momento de acuerdo a lo que se presentaba en el escenario.

Y si bien las actuaciones de Raly, José Luis Aguirre y la apertura de Dino Saluzzi pueden destacarse como los momentos más importantes de la noche, la crónica completa demuestra que el nivel artístico y la respuesta del público fueron muy parejos en toda la jornada.

De este modo pudo disfrutarse el regreso del legendario Dino Saluzzi, quien con su quinteto trajo uno de los puntos más altos de la noche en cuanto a calidad artística. Fiel a su estilo, el salteño realizo un concierto de profunda raíz folklórica, pero con arreglos jazzeros, profundizando la búsqueda musical que lo hizo famoso en muchos circuitos especializados del mundo. El público festivalero lo escucho en silencio, emocionado y le brindó la primera ovación de la noche.

Luego llegó el turno del dúo Orellana Lucca, quienes ratificaron con su actuación el lugar de consagrados que le regaló esta plaza el año pasado.

A pura chacarera santiagueña hicieron bailar a la plaza y tuvieron que volver en dos oportunidades ante tanto fervor.

La presencia de Luciana Jury era otro de los desafíos de la noche. La cantautora  demostró su personal estilo, recorrió un repertorio de temas propios y algunos clásicos y dejó en claro que es una de las grandes promesas de la música argentina.

El homenaje a los 50 años del poncho coscoíno devolvió al escenario a uno de los grupos históricos del folklore, Los Trovadores con el Negro Pino a la cabeza, cantaron sólo un tema (Cuando tenga la tierra)  y dejaron a todos con ganas de más.

Luego de las Postales de la provincia de San Juan, llegó el turno de otro de los artistas fundamentales del folklore actual. Horacio Banegas, con una formación casi rockera, junto a sus hijos recorrió sus canciones que ya son clásicos del repertorio santiagueño.

Pero sin dudas la otra nota saliente de la noche fue la actuación del cordobés José Luis Aguirre. Con una propuesta sólida desde lo conceptual, poética y contestataria, con profundidad y compromiso, Aguirre quedó en el primer lugar de la grilla de candidatos a la consagración de este año.

La orquesta música popular Los Amigos del Chango tuvo su merecido debut en el escenario de Cosquín. Con la impronta de su creador, el Chango Farías Gómez, y el desafío de presentar nuevo material, el grupo  supero con creces las expectativas.

El final con Raly Barrionuevo fue coherente con la programación anterior. Sin bien el santiagueño hizo un repaso de sus canciones más difundidas, confirmó que puede ser el número central de la noche, y que calidad y masividad no tienen por qué ser términos contradictorios.

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