“Vos todo el día Tilín Tilín con la guitarra”, le decían, y ese Tilín Tilín no sólo se convirtió en apodo, sino en su forma de vivir la vida. Músico, compositor y cantante que ha enamorado al público con sus canciones; hombre que sabe del esfuerzo, la persistencia y el trabajo que significa hacer lo que uno ama; persona amorosa con un gran sentido de la amistad y el agradecimiento… Raúl “Tilín” Orozco en exclusiva para De Coplas y Viajeros Web nos cuenta de su infancia en Mendoza, las anécdotas de algunos hitos fundadores de su carrera y lo que presentarán con el dúo Orozco-Barrientos el próximo sábado 14 de Octubre en la celebración de los 90 años del edificio de Plataforma Lavardén.

 

Por Mariela Balbazoni


 

M: Tilín, contame de tu infancia en Mendoza y del encuentro con la música.

T: Bueno, mi infancia fue casi normal, en un barrio de clase media… media baja… donde la música estuvo siempre rondando. En Mendoza se estila, hoy un poco menos pero aún se estila (o al menos en mi familia), las serenatas. En mi casa paterna/materna caían los guitarreros tipo 2 de la mañana y daban serenatas en la ventana para mis papás. Y nosotros chiquitos, con mis hermanos sentíamos ruido y nos levantábamos… Imaginate, 7 u 8 añitos teníamos! Era, y aún lo sigue siendo, un ritual.

 

M: como una celebración de amistad…

T: Es como una ofrenda de amor a los amigos, a tu amada, a tu hermano, a seres que el que la ofrenda piensa que merecen una serenata. Es al estilo mexicano, pero sin tanta producción, digamos (risas): caen 2 tipos con una guitarra y cantan una tonada en la ventana a su amigo, a su amada, o a la familia. El ritual es cantar la serenata, y ya cuando uno abre la puerta para recibir esta ofrenda tiene que estar con un vaso de vino en la mano para pagar el gesto y brindar con los oferentes. Eran las 2 de la mañana y se hacían las 5, 6 y se seguía guitarreando… Además, mi mamá bailaba folklore así que era una fiesta. De la misma manera íbamos nosotros a las farras, a las serenatas: uno se enteraba y caía a la casa del otro para compartir ese momento.

Y bueno, yo desde chico viví todo eso, así transcurre mi infancia…

 

M: Tu abuelo fue el que te enseñó a tocar la guitarra, ¿no?

T: Mi abuelo fue el primero que me enseñó a pulsar la guitarra, “El Jote” Molina (Lorenzo Molina), un hombre por demás bueno que trabajaba en un hospital en maestranza. El viejo era guitarrero: los domingos o los sábados al almuerzo me sentaba en su falda a enseñarme a pulsar la guitarra, a mis 6 ó 7 años. De hecho, tengo su guitarra de herencia.

Yo tocaba el bombo desde los 6 años, con cierta facilidad, y cuando lo veía tocar a mi abuelo me fascinaba, era algo que me atrapaba.

Un día mi papá se dio cuenta de todo eso y como trabajaba en la universidad y ganaba muy poquito,  junto con mi mamá, fueron a hablar con el rector para pedirle dinero prestado y regalarme una guitarra para el día del niño. El rector de la Universidad Nacional de Cuyo en ese momento era Ingeniero Carretero, él le prestó el dinero y mi padre, como a los 5 ó 6 meses, se lo fue a devolver y, como buen ser humano que era, no se lo quiso aceptar, sólo le puso la condición de que su hijo (o sea yo) fuera a tocarle una canción para ver si en realidad había seguido ese camino.

Siempre lo recuerdo con mucha emoción: fuí y toqué y el hombre se emocionó muchísimo, así que de ahí nunca más largué la guitarra.

 

M: Mirá que linda historia… Vos sabes que cuando repaso tu biografía y algunas entrevistas hay como un sentido muy amoroso en todo lo que decís, los recuerdos, la Mendoza de tu infancia, las anécdotas, la amistad… Y eso se refleja en todo lo que hacés…

T: Gracias por verlo… Para mi crianza no hay otra manera, no creo que haya otro modo de transitar la vida si no es con amor y agradecimiento, fundamentalmente con mucho amor. Yo no hago nada, ni haré nada en mi vida que no me haga feliz y que no sea con amor. Lo que sea y donde sea, es el motor.

Yo estoy convencido que el amor puede salvarnos, lo he notado y lo he vivido. Yo estoy radicado en Buenos Aires y en Mendoza (jamás dejé Mendoza) y veo tanta urbe, tantas corridas, que por momentos te trastocan y digo: sólo hace falta que alguien pare y diga “Buen Día” al chofer, seguramente él tendrá sus problemas, sus cosas…. En cambio suben y los maltratan… Para mí la cosa es al revés: si vos entregás amor, vas a recibir amor, o al menos no vas a recibir violencia. Yo creo en eso.

 

M: Totalmente, es cierto… Y, en esta cuestión de la amistad y la amorosidad, contame, ¿cómo fue este encuentro con Fernando Barrientos?¿Cómo se conocieron?

T: Bueno, es así: yo antes hacía rock, entonces salía a tocar con mi guitarra, con los borsegos grandes negros y el pelo casi hasta la cintura… (Risas)… Un día me instalo en un antro, en el buen sentido, que se llamó Candilejas… y ahí estaba yo, solo, en el fondo de una mesa tocando la guitarra. Había muy poca gente, algunas personas se arrimaron, y cae Barrientos (en esa época teníamos 17 años los dos) con un amigo en común que nos presentó. Tocamos en una presentación muy afable y luego lo dejé de ver.

Como a las dos semanas, más o menos, voy pasando por la puerta del Instituto Nacional de Vitivinicultura de Mendoza y estaban tocando, me acerco porque conocía a algunos y veo a Barrientos que va a subir solo al escenario. “Se lo van a comer”, pensé, era una época donde el solista era bastante vituperado, no estaba muy bien visto, había todo una cuestión social y política en ese momento y no era agradable si decías algunas cosas. Entonces le digo: “Loco, ¿como andás?, ¿Querés que te haga el aguante? Porque te van a comer, de a dos ya no es tanto.” Y bueno… Desde ese momento nos hicimos muy amigos y nuestra amistad dura hasta el día de hoy, después de treita y pico de años. Luego de muchísimos años de amistad, veinte y pico, empezamos a hacer algo más serio artísticamente.

 

M: Y ahora ya preparan el 4to disco.

T: Sí, ya estamos preparando el 4to disco. Estamos muy contentos con las canciones que se vienen y, como siempre decimos, tratamos de dar siempre lo mejor por eso nos tomamos el tiempo para los discos. Para nosotros el disco es algo muy fuera de nuestros sentimientos y aquellos que escuchan a Orozco-Barrientos (o los que vayan a escucharlo) sabrán que no hacemos obras como para rellenar un disco o cumplir con una compañía. Gracias a Dios hoy estamos con Sony que nos permite esa licencia.

 

M: ¿Y qué vamos a poder disfrutar el próximo sábado en Plataforma Lavardén?

T: Nosotros hace muchísimo fuimos a Rosario, ha sido un lugar muy emblemático, no sólo para nosotros sino para toda la comunidad artística y cultural de la República Argentina. Siempre hemos querido tocar ahí porque al ser una cuna de creadores, de intelectuales, nos agrada el desafío de mostrar otra música, otra forma de composición e interpretación. El sábado vamos a presentar temas de los 3 discos y algunas canciones nuevas que vamos a poner a disposición de la gente.

 

M: La prueba de fuego digamos (risas). Porque Rosario tiene un público bastante exigente, al menos eso se dice…

T: Sí, claramente. De todas maneras es lo que más me gusta… O sea, después de haber tocado en Viña del Mar… Público más exigente que el de Viña del Mar en Chile no hay (risas).

 

M: Hay una anécdota por ahí, con el premio de la Gaviota de Plata… Contame un poco de eso.

T: Oooohhh… Sí… Lo que pasa es que está el folklore este de “Argentina vs Chile”… Es impactante cuando subís y te empiezan a insultar 23.000 personas, te indispone psicológica y espiritualmente… De hecho, han bajado a varios artistas internacionales insultandolos.

Bueno, la cosa es que sabiendo ésto, le propongo a Barrientos que todos los ensayos los hagamos con público, que llamáramos a amigos (conocidos y no conocidos) para que se sentaran y nos empezaran a insultar de la peor manera. Entonces, cuando subimos y el locutor presenta: “Y ahora es el turno de Argentina”, y cuando dice “Argentina” se sienten unos silbidos y unos insultos que no te puedo explicar… Pero con Barrientos nos mirábamos y decíamos: “Flaco…esta ya la viví”. Fue tal el aplomo que resultamos ganadores.

Además, en esa ocasión yo había hecho un arreglo orquestal, porque Viña del Mar tiene una orquesta oficial con un seleccionado de chilenos que andan por todo el mundo dirigidos por el maestro Saavedra, que la ponen a tu disposición para que la uses en tu interpretación. La cosa es que3 días antes Barrientos me dice: “Negro, no quiero tocar con la orquesta”. Sorprendido le digo: “¿Estás medicado, qué te pasa? Me llevó 10 días arreglar esa orquesta”. Y me responde: “¿A vos de verdad te parece que la música que vamos a presentar va con orquesta?”. “Tenés razón, no va con orquesta”, le digo. Hablo a Viña del Mar y cuando le digo que no vamos a utilizar la orquesta fue peor, ya estábamos cruzados…. Cuando hicimos nuestra interpretación, solitos, la orquesta se puso de pie a aplaudirnos…

Pensar que nosotros sólo íbamos por el viático que nos daba Viña del Mar, nos daban 9 dólares por día a cada uno, y yo pensé que si gastaba 3 dólares en comida podía traer a mi casa 35 dólares para tirar unos 20 días, en esa época.

 

M: Y además se habían anotado tarde… Contame esa anécdota…

T: (Risas) Muy tarde! Me lleva a Viña del Mar un amigo en su camioneta y la inscripción cerraba a las 12, nosotros llegamos 12.30 hs., nos querían recibir! No me olvido más, justo pasa una señora, Miriam Contreras, que era productora de Canal de Chile, y ve mi cara de desesperación y tristeza, sin dormir, explicándoles que había avisado que me traía un señor en auto, que no tenía ni para el micro. La cosa es que esta señora de pronto me: “Cómo le va a ud., es el de Mendoza, verdad?”. Yo la miro y pienso “Sos mi ángel”. “Escucheme, lo estaba esperando, ¿dónde estaba?”, me dice, yo quiero responderle y calla: “no, no, no, damelo, damelo…” Y le dice a un chico que estaba ahí: “Armando, esta persona habló conmigo, así que recibilo por favor”. Y me lo recibe.

Al tercer día, que ya estábamos en competencia, se acerca esta mujer y le digo “Señora, muy amable, la verdad que nos ha salvado”. Y me dice: “No m´hijo, yo sé, yo te vi… Y te digo más… Vas a ganar la Gaviota de Plata”.

Así que bueno, así fue la historia… Por eso, con amor, salió así.

 

M: hermosa historia… Muchas gracias Tilín…

T: A vos Mariela, y a todo el equipo de De Coplas y Viajeros

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