24 enero 2017 / 10:01 

Por Mario Chappino | Foto: Danny Contreras | Para Lt3 Am 680

La tercera jornada de este Cosquín 2017 tuvo en el grupo Los Tekis, y en el cantante riojano Sergio Galleguillo, el peso de la convocatoria artística. Y el desafío se superó con creces, en una plaza colmada que bailó y vibró con ambos, a puro carnaval jujeño en el inicio, y con chaya riojana en el final.

La noche abrió con Los Tekis, grupo que trajo nuevamente su conocida fórmula de sonido potente y eléctrico, fusionado con instrumentos andinos y referencias permanentes a la fiesta de carnaval. Sin sorpresas, pero con una puesta impactante, lograron el cometido de divertir y hacer vibrar a la plaza.
La cantante Milena Salamanca fue por el lado opuesto: con una banda ajustada, su actuación no escatimo sutilezas, melodías bellas y temas no transitados, más un final potente con bandas de sikuris incluidas.

Los tucumanos Lucho Hoyos, Claudio Sosa, Juan Quintero y Topo Encinar trajeron uno de los momentos artísticos más interesantes de la noche, aunque la respuesta del público haya sido demasiado fría ante la calidad de la propuesta.

Luego del Ballet Folklórico Nacional, llego la actuación de Daniel Orellano, cantante y guitarrista de Roldan, Santa Fe, ganador del pre Cosquín 2017 en el rubro solista vocal masculino.
La delegación de la provincia de La Rioja adelanto la chaya que luego estallaría con Galleguillo, para luego dar lugar a una de las sorpresas de la noche, la excelente actuación de la pampeana Lucrecia Rodrigo.

Mariano Luque tuvo una propuesta arriesgada y comprometida, con invitados de lujo como Paola Bernal y Rubén Patagonia.
El dúo Nuevo Cuyo devolvió al escenario la música de esa región, que lamentablemente tiene poco espacio en los festivales pese a la belleza de su música y poesía.

El ballet Juventud Prologada y el grupo Brisas del Norte prologaron el final a pura harina y albahaca de Sergio Galleguillo.
Sin ser un gran cantor, ni tener una propuesta contundente en lo musical, al riojano le sobra carisma para hacer de la plaza una fiesta que se repite año a año, para felicidad del público y de los organizadores.

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