María Elena Walsh nació un 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, Buenos Aires. Su obra artística (poética y musical) sigue vigente generación a generación. Es una figura resignificada al calor del feminismo, sus canciones infantiles son regrabadas por distintos grupos de música para las infancias y hay versiones de sus canciones de autor por intérpretes que van desde Pedro Aznar a Elena Roger. Incursionó en el folklore gracias a la sociedad artística y sentimental con Leda Valladares. Poeta, dramaturga, escritora, cantautora, parte fundamental de la historia musical de nuestro país.

Para recordarla dialogamos con Sergio Pujol, Historiador (CONICET), docente. periodista y ensayista especializado en música popular, oriundo de la ciudad de La Plata, Buenos Aires. Entre su vasta obra literaria podemos destacar algunos títulos: Jazz al Sur. La música negra en la Argentina (Emecé, 2004), Discépolo, una biografía argentina (Emecé, 1997), Historia del baile. De la milonga a la disco (Emecé, 1999), En nombre del folclore. Biografía de Atahualpa Yupanqui (Emecé, 2008), y Como la cigarra. Biografía de María Elena Walsh (Emecé, 2011).

Sergio Pujol.

Entrevistar a Sergio Pujol es un deleite, ya que nos trasmite su conocimiento y expone su sabiduría para la nota, volcando a nuestro medio y para nuestros lectores años de investigación y entrevistas a María Elena Walsh, que le permitieron realizar la primer biografía (autorizada) en 1993 y luego reeditarla (edición revisada y ampliada) en 2011. “La primer edición salió por Beas Ediciones, 10 años después tras la muerte de María Elena hice una versión ampliada, revisada, que a decir verdad la escribí de nuevo. Ambas están agotadas. Me gustaría reeditarlos” nos dice el autor.

Durante la entrevista abordamos el proceso de investigación de la vida de María Elena Walsh, las charlas, su vida sentimental, el folklore, las canciones infantiles de autor como género que creó ella, y por último su legado y vigencia.

– ¿Cómo surgió trabajar en la biografía María Elena Walsh?

– Se comunicó conmigo en el año 1992 Julio Acosta un escritor y editor. Yo estaba iniciándome en la escritura, había publicado un libro titulado Las canciones del inmigrante y luego Jazz al sur. Él me comenta que había empezado una colección de Biografías, me convoca para hacer la Biografía de María Elena Walsh. Yo le dije: primero me gustaría hablar con ella, que sea autorizada. María Elena trabajaba en Sadaic y la fuimos a ver. Era muy seria, nos atendió un poco distante al principio. Pero después fue muy abierta conmigo y me aceptó para hacer la biografía. «Vos que necesitas» me dijo ella, a lo que respondí por lo menos 4 o 5 charlas grabadas, como material de primera fuente. «Venite el miércoles que viene a mi departamento en Palermo», me expresó, vivía con Sara Facio. Con grabador a cassette y libreta, fui. Me escuché toda su obra previamente. Tenía un archivo con recortes de diarios y revistas.

Portada de la segunda edición de Como la cigarra (2011).

– ¿Cómo fueron esos encuentros?

– Las entrevistas fueron interesantes. Amenas, fue entrando en confianza, yo era joven y desconocido y ella me habría las puertas de su casa. Un miércoles se discontinúo por un viaje a Europa. Cuando volvió me regaló unos cassettes de una cantante egipcia que había fallecido, en ese momento estaba de moda conocer los folklores del mundo, lo cuál para mí fue todo un gesto de que le había caído bien.  Me contó muchas cosas, algunas las sabía otras no las conocía. Fui respetuoso en cuanto a su vida privada. A tal punto que uno de los últimos encuentros me dice: «¿Vos estás escribiendo una biografía o un estudio critico de mi obra?»; «no, yo estoy escribiendo una biografía», le respondo; «bueno quiero que sepas que yo no soy una persona solitaria, he vivido con amigas», ese término utilizó. Eso puse en la primera edición.

– En el año 2011 volvés a reeditar Como la cigarra. Biografía de María Elena Walsh, ¿qué cambios le hiciste?

– Cuándo ella muere, pude ampliar y corregir el texto. Y me animé a incorporar cierta información de su vida sentimental, la Argentina había cambiado, los temas de agenda se iban transformando, no era lo mismo 1993 que el 2010. Creo que la reedición quedó mejor. La reedición que valió la pena hacer en mi obra fue esta.  Ella estuvo satisfecha con la biografía, luego mantuve contacto, la llamaba para el cumpleaños, un estilo serio pero cordial. La segunda edición fue bien comentada por la crítica especializada. Yo había tenido un fuerte espaldarazo con el libro de Discépolo, y me estaba concentrando en biografías. Con María Elena empecé, después Discépolo, Yupanqui, Oscar Alemán y estoy actualmente terminando la del Gato Barbieri. La biografía es un género que me interesa. Tiene que ser una figura que me permita hablar de la Argentina, de su tiempo político, de historia.

– ¿Qué elementos abordás para la biografía de un artista?

– La biografía la construyo a partir de 3 ejes: primero, la vida privada, segundo, la obra y luego el contexto histórico, trato de que esos tres ejes se combinen uno a otro. Con eso concluyo cuales son las claves de la vigencia de la obra, cómo circuló, el público al que fue dirigido, el pulso político, que es lo que pasa con María Elena Walsh por ejemplo.

– ¿Cómo fueron los comienzos de la obra de María Elena Walsh?

– Es una obra muy innovadora, muy amplia, que atraviesa géneros lenguajes y formatos. Ella empieza como poeta en la década del 40. La invitan a la Universidad de Maryland. Se vuelve a los pocos meses. Se siente limitada en el campo literario de la época. Ahí conoce a Leda Valladares. Que la incorpora al mundo del folklore. Ahí empieza a escribir poesía popular. Ella venía de la poesía culta, luego inicia sus composiciones populares a las que le pone música. Gracias a Leda debuta como cantante, descubre los escenarios, se presenta como cantante, graban un disco en Francia, vuelven a la Argentina y graban dos discos aquí; hacen giras por Europa y nuestro país. A fines de los años 50 se separan. Las primeras composiciones para niños de María E. Walsh fueron arregladas por Leda Valladares. Por ejemplo, temas como La vaca estudiosa o Manuelita. Había un diálogo con el folklore, después ella hace una obra cosmopolita.

– La relación con Leda Valladares es muy fuerte en la vida de María Elena Walsh, ¿no?

– Sí. Ella había tenido un noviazgo con un poeta porteño Ángel Bonomini. Pero cuando conoce a Leda Valladares tiene un amor importantísimo en su vida, varios años de convivencia en el plano sentimental y artístico. Fue una sociedad artística. Se conocen por un intercambio epistolar. Leda era 11 años más grande, le enseña el valor de los cantos anónimos en la senda de Isabel Aretz, Carrizo, Vega y otros. Leda era tucumana, tenía vínculos con la Universidad de Tucumán, se inicia en el jazz pero un día descubre una bagualera en Tucumán y queda deslumbrada, y toda su vida se va a dedicar al rescate de los cantos anónimos, “cósmicos” como ella los llamaba.  Para María Elena es una revelación en todo sentido, queda deslumbrada con ella. Empiezan a cantar folklore en París. Hacen el camino inverso de Atahualpa Yupanqui, en un momento en que no era tan conocido el folklore argentino en Europa. Después sí fue más conocido con el Boom latinoamericano y otros movimientos políticos culturales. Ellas viajan en el año 1952. Producen cierto revuelo, era una obra nueva para Europa, por eso pueden grabar.

Leda Valladares y María Elena Walsh. 1954. Foto: Archivo Fundación María E. Walsh

– ¿Pudiste hablar con Leda Valladares al respecto?

– No. María Elena me habló bastante de Leda en las entrevistas que le hice, luego intenté hablar con Leda, me respondió de un modo muy cortante, evidentemente las cosas no terminaron bien, me dijo: «si Ud. hablo con ella ya está». La influencia de Leda es fundamental, es la persona que más la marcó en su carrera, le enseñó a cantar, la animó a subirse a un escenario, le hizo conocer el folklore profundo, le dio el envión necesario para dejar el ambiente literario porteño.

– De la experiencia musical con Leda Valladares, ¿qué vino después?

– Hay un límite con los folkloristas en Europa, que tiene que ver con la autenticidad. Ellas tienen un encuentro célebre con Alan Lomax, antropólogo y etnomusicólogo norteamericano que rescata la historia del Blues, funda un sello y graba expresiones de folklore del mundo. Hacen una audiencia con Lomax, las escucha con mucha atención, pero les hace un comentario fino y directo. Agudo. Les dice que ellas no son físicamente y culturalmente auténticas expresiones de ese repertorio que están interpretando, María Elena es descendiente de irlandeses e ingleses tiene ojos celestes, Leda era una académica de la Universidad de Tucumán, y ese rechazo a grabar en ese sello, tiene efectos diferentes en una y otra. Leda se enoja mucho, y sigue con su camino de rescate, de recopilación del folklore popular. En cambio María Elena se queda pensando la cuestión y decide hacer un giro en su vida.

– Comienza a incursionar en el repertorio infantil…

– En 1961 se inicia su ciclo de canciones infantiles, que dura hasta finales de los 60. Es un corpus donde hay mucho folclore, pero tenés un repertorio variopinto como foxtrot, twist, canciones, etc. Ella hace ese quiebre definitivo. A partir de ahí ya estaba plantada en ella la semilla de algo diferente, lo que yo diría es su semilla de autora. Ella hacía canciones de autor para niños. Es un género que prácticamente inventa ella, la literatura infantil ya existía antes, pero canciones para niños no había, no existía ese género. Sí había canciones populares, para dormir, pero no un cancionero especifico con autores especializados. Era muy rigurosa con la rima, las palabras, sacaba del arcón de los recuerdos términos en desuso; “ella inventó un lunfardo del kindergarden” dice un colega escritor, en un contexto de poemas infantiles con un glosario de otra época, la Argentina de sus padres, ella juega con ese anacronismo siempre, rescata el jazz y el music hall, siempre está su sesgo de rescate lo cuál es su parte folklórica.

 

Pujol: «Ella replantea la relación de los niños con la música, cambia el modo de vincular la poesía y la infancia»

– ¿Por qué seguimos escuchando a María Elena Walsh?

– A partir del 68 arranca con Juguemos en el mundo y se dedica a un nuevo ciclo de canción, que va hasta al 78. Ella replantea la relación de los niños con la música, cambia el modo de vincular la poesía y la infancia, a través de la venta de sus discos por los padres cambia la forma de relacionarse con ese repertorio cuidado, la escuchaban padres e hijos. Además, hay que ponderar el don melódico y oído musical, tenía una intuición y calidad como melodista, además tenía una bella voz. En tercer lugar, esas canciones impactan en toda una generación de nuevos intérpretes como Susana Rinaldi y Mercedes Sosa, y luego el Cuarteto Zupay, esto posiciona ese cancionero en un lugar privilegiado por la calidad de las intérpretes. Después, por último, con el fragor de las luchas del feminismo, el avance de una visión feminista en la cultura, la figura de María Elena es insoslayable, es una de las primeras que alcanza un conocimiento masivo, tiene una actitud revolucionaria para las mujeres, haciendo diversas actividades artísticas, pone en discusión la cultura de masas, siempre tuvo una actitud de vanguardia. Amaba la cultura popular, y toma los elementos que le sirven a su propia poética.

– ¿Notás universos entrelazados en toda su obra?

– En toda la obra de ella hay elementos en común. Hay una sensibilidad, una mirada de Buenos Aires muy particular y nostalgiosa, muy rica. Ella es muy porteña. Le canta a las plazas, a las estatuas, al último tranvía. Entonces en ella tenés el interior con el folklore, tenes la ciudad de Buenos Aires, después París, Europa, el mundo; es muy ambiciosa su perspectiva, es muy amplio el punto de vista por el cual ella aborda la cultura, ilustrado, enciclopédico, con gracia e innovación, todo ello ayuda a entender porqué se la sigue escuchando cantando y leyendo. Sucesivas generaciones la tienen presente; con María E. Walsh no hubo un rescate, estuvo siempre vigente.

María Elena Walsh. 1990. Foto: Archivo Fundación M. E. Walsh

– ¿Cuál era su vínculo con las infancias?

– En sus canciones para niños ellos son tomados con respeto, son interpelados con adultez, con la idea de que los niños tienen una sabiduría de la cual los adultos pueden aprender, no es solo la infancia puesta en el rol del educando sino también que el adulto reciba lo que expresa un niño, capacidad para la imaginación, libertad para innovar, y el adulto que debe de algún modo aprender esa lección de vida de los niños. Por eso las canciones para adultos de ella tienen rasgos infantiles, a los niños los trata como adultos y a los adultos les da un trato a veces aniñado. Ella me contó una anécdota de cuando se presentaba en la Feria del Libro, los padres le hablaban de sus discos y libros, y ella le decía «espere, quiero escuchar a su hijo, que hable el niño», y entonces ella en ese momento escuchaba a los chicos y hablaba directamente con ellos, se comunicaba con la infancia.

– Por último, ¿de dónde nace tu pasión por investigar la música popular argentina?

– Eso es anterior a mi profesión de Historia, que me recibí en la Faculta de Humanidades de La Plata, ciudad en la que vivo. Había estudiado guitarra, era un melómano, me compraba muchos discos, revistas como Pelo, Expreso Imaginario, escuchaba de todo, primero rock, luego jazz, tango y folklore. Mi primer profesor de guitarra era de folklore, lo cual es una marca indudable de nuestra cultura popular argentina, si tenes una guitarra y alguien te enseña un par de acordes arrancás con el folklore y después vas para otros rumbos, el folklore está siempre presente, forma parte de un sustrato cultural que nos conforma como argentinos. Cuando me recibo de la carrera de Historia, yo ya venía trabajando en el periodismo musical, tanto en radio como grafica (Diario El Día de La Plata). Ahí hago un mix entre las dos profesiones, de día estudiaba y en la noche iba a los boliches a escuchar música para hacer las notas. Mi primer proyecto de investigación cuando me presento a una beca del Conicet, donde sigo hasta la actualidad, es del campo de la música, se me da por trabajar la historia social de la música argentina, ese es mi espacio de estudio. Tengo puesto mi corazón en la música popular. Al mismo tiempo me di cuenta que había una gran vacancia, hay mucho escrito pero por aficionados, faltaba un trabajo más metódico conceptual reflexivo y contextual.

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