Por Pedro Squillaci | pedrosquillaci@yahoo.com.ar

Ilustración:  Enrique Figna


“En algún lugar/por encima del arco iris/vuelan los pájaros azules/y los sueños sobre los que soñaste/los sueños se hacen realidad”. Hay caminos que te llevan a un lugar que siempre soñaste. Como el camino de baldosas amarillas por el que fue  Dorothy, que no era otra que Judy Garland pero a los 16 años, cuando cantaba Somewhere over  the rainbow, el tema clave de «El mago de Oz». Hubo que traducir la letra y repasar detalladamente en el subtitulado para comprobar que el título de esa canción significaba A través del arco iris y que fue el señuelo ideal para que el director Víctor Fleming cuente, en aquel lejano 1939, lo que quería contar. “A los jóvenes de corazón” está dedicado este filme, sin imaginar que tiempo después el Instituto Cinematográfico Americano la catalogaría como “la mejor película de todos los tiempos”.

“¿Pero qué tiene esta película que yo vi con mi tía Mary en el cine Rose Marie en alguna tarde de otoño de los primeros 70 para convertirse en la mejor película del mundo mundial?”, ironizó Juan apenas arrancado su programa de un frío y triste lunes en Radio Neptuno, mientras El Panza, Zapan o Zampa, como lo llama según las noches, ponía de fondo Somewhere over the rainbow pero en la versión que más le gusta a Juan, que es la que cierra el disco en vivo de Eric Clapton «One more car, one more rider», algo así como 2Un coche más, un pasajero más».

El Panza lo había acompañado allá por octubre de 2001 al show de Clapton en cancha de River y sabía que Juan lloró como loco cuando el Dios blanco de la guitarra hizo ese tema en el último bis sentado en una silla, cuando todo el mundo estaba en llamas pidiendo que toque de nuevo Cocaine. “¿Por qué lloraste tanto en el bis, vos también querías que toque Cocaine?”, le preguntó el Panza esa noche, mientras hacía malabares para que le entre la remera negra del merchandising oficial , que era medium, pero él se la compró igual porque le gustaba el diseño, era barata y además porque era la última que quedaba. “¿No viste, boludo? El tipo cerró con el tema de «El Mago de Oz», todos esperaban un rock fulminante y él clavó con la acústica justo mi canción preferida de la mejor película del  mundo mundial”, dijo Juan en aquel 2001, por lo que queda claro que no es un tipo de alejarse fácilmente de las canciones que lo emocionan ni tampoco de las frases que dice.

“Voy a spoilear toda la película, así que el que no la vio se va a enterar de todo y el que la vio y no se acuerda de algunas partes las irá recordando. Pero el spoileo, eso de no me cuentes porque me sacás la sorpresa del final acá no tiene sentido, porque «El Mago de Oz», queridos oyentes,  tiene tantas sorpresas y tantos encantos distintos como fueron distintas las personas que la vieron a lo largo de tantas décadas. El hechizo de este Mago parece que no se rompe ni con los spoileos ni con nada”, dijo Juan, y lo dijo tan de un tirón y sin trabarse en una palabra, que hasta El Panza pensó que se había clavado un Salentein Malbec enterito antes del programa, porque estaba más desinhibido que de costumbre. Sin embargo, de a poco se iría dando cuenta que la cosa no pasaba por ahí.

Lo que sigue, ya sin comillas, es el textual de Juan, también de un tirón y a pura emoción. El Panza le apagó las líneas de comunicación para que no entre ninguna llamada, siguió poniendo el tema de Clapton de fondo, y Foco hizo foco en su pasado, pero también en este presente que va por las baldosas amarillas de su futuro:

Dorothy es una niña apenas adolescente que vive en una granja de Kansas con su tía y su tío, que la entienden cada vez menos. Por suerte tiene a su perro Toto que lo adora y a tres empleados de la granja que son entrañables: uno es divertido, el otro es miedoso y el tercero es puro corazón. La película arranca en sepia, pero tiene una explicación. Es que la vida de Dorothy no tiene tantos matices. Su  tía Ema es un tanto severa, a su tío todo le da lo mismo y encima hay una vecina poderosa en la zona que quiere llevarse a su perro Toto porque la mordió. Nadie defiende a Dorothy cuando esta mujer se lo lleva finalmente en su bicicleta, pero por suerte el perro escapa del canasto donde estaba y se va con su dueña. Ahí es cuando Dorothy entiende que está en problemas, que tiene que escaparse con Toto de su casa para que no vuelvan a llevárselo y sueña con una vida distinta, que supuestamente está a través del arco iris.

Un tornado y un golpe inoportuno la llevará a otro mundo. En ese mundo abrirá una puerta y aparecerán los colores. Habrá una banda de enanos extravagantes que la van a adorar, la entronizarán como la nueva reina, y con la ayuda de una bruja buena y linda irá hacia la Ciudad Esmeralda donde encontrará al Mago de Oz. ¿Quién es? Es el único que la podrá hacer volver a su casa en Kansas, antes de que su tía se muera de angustia por no poder encontrarla. Con zapatos mágicos color rubí seguirá el camino de baldosas amarillas, el único sendero que la llevará hasta la casa de Oz. Eso sí, antes tendrá que vencer a la bruja mala y fea, así de tajante son las cosas en los mundos de fantasía, no tan distintos al mundo real, en donde los poderosos se encargan de apagar los sueños, de apagar los colores, de apagar las alegrías, de apagar el futuro venturoso de los niños, de apagar los…

Apagón. Todo se puso a oscuras, la luz volvió al minuto y cuando Juan se prestaba a seguir hablando, El Panza le puso Layla, del mismo disco de Clapton, y lo llamó urgente a la cabina de control.

– ¿Qué pasa Zampa, por qué no me dejaste seguir?

– Te fuiste al carajo Juan, por eso te corté.

– Pero no podés hacerme esto, no podés cortarme así.

– No debo, pero ¿viste que puedo?

– Pará , pará, me parece que no corresponde que…

– No, Juan, pará vos, cada vez que te ponés a hablar de esta película te vas a cualquier lado, te pega por el lado de tu infancia, no sé, pero ya estabas derrapando. ¿A quién le ibas a echar la culpa de las penurias de Dorothy, a Bin Laden, a Hitler, o a un complot de internacional de narcos y traficantes de armas? Pará, viejo. Metete en el cuento, contá tu historia, pensá en lo que quiso contar el director en 1939 y pará de asociar todo con toto, digo con todo.

– No te metas con el perro porque se pudre todo, ¿o te metieron el perro en la cabina?

Los dos se mataron de risa, le dieron un sorbo al café que ya se estaba entibiando y Clapton volvió a cantar Somewhere over de raimbow por cuarta vez en la noche. Parece que la mejor parte de «El Mago de Oz» tendrá que esperar a la emisión de mañana, aunque sea la primera vez que Juan hable del mismo tema en dos programas. A veces las pasiones también merecen descansar un poco y reparar el sueño. Casi sin quererlo seguimos hablando de «El Mago de Oz».

5 comentarios para “Capítulo 3: El reparador de sueños

  1. Gabriel (G.G.G.) dice:

    Siempre asociè «Goodbye Brick Road» de E John con el Mago de Oz…
    La granja, buscar otro camino, el hombre viejo…
    Bueh! Cosas de la cuarentena, quizás…

    1. Pedro Squillaci dice:

      Cosas de cuarentena y de la vida, gracias por tu comentario

  2. Lucas dice:

    Qué lindo viene esto!

  3. Pedro Squillaci dice:

    Cosas de cuarentena y de la vida, gracias por tu comentario

  4. Carlos Elías Samir SABA dice:

    Pedrito que buena dinámica este capítulo.. me atrapó… lo leí sentado en el trono y no me levanté hasta terminarlo… muy bueno.
    Y como te dijeron mas arriba » que lindo viene esto …
    Por otro lado te digo que no vi el mago de hoz… pero si lo escuché mucho a Clapton…
    VOY POR EL CAPÍTULO lV

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