Por Pedro Squillaci | pedrosquillaci@yahoo.com.ar

Ilustración: Enrique Figna


– Che, Panza, lo tengo decidido, hoy hacemos un programa de quiebre, para romper.

– Para romper las pelotas, déjate de joder Juan.

– Pero, pará, ¿me podés escuchar un rato? Quiero hacer algo distinto, estamos en un momento atípico en el mundo y no podemos salir con un programa como todos los viernes a la noche.

– Bueno, a ver, ¿y con qué se le ocurre al señor Foco romper, quebrar los parámetros establecidos en el mundillo de la radiofonía?

– Está bien, vos cargame todo lo que quieras, pero esta noche de viernes quiero hacer un programa sin música.

– Insisto, o vos estás consumiendo alguna sustancia dura, de alta toxicidad neuronal, o desde que Maite te dejó de garpe te convertiste en algo muy parecido a un pelotudo importante.

– Bueh, no entendiste nada…

– Ah, mirá vos, yo no entendí nada, claro, justo ahora que yo puedo participar en el armado de temas del programa y poner las canciones que me inspiraron toda la vida, al señor se le ocurre que no hay música. O sea, hacemos un programa de radio cuyo ADN es la música y a vos se te ocurre que no haya música, es decir: un programa sin ADN, sin vida, bah.

– Viste, ahí quería llegar, lo dijiste vos solito.

– ¿Qué catzo dije yo solito?

– Pero claro, amigo, es lo que dijo Nietzsche:  “La vida sin música sería un error”.

– Y qué joraca tiene que ver este quía del apellido que no se puede escribir ni decir con que en El foco de Foco no haya música en todo el programa, ¿me querés explicar?

– El punto es este. Yo quiero que los dos empecemos a hablar de música, ponele, qué se yo, desde Led Zepellin a The Cure, pasando por Los Gatos y Vox Dei, y de ahí Ciro y los Persas, Earth, Wind and Fire, Taylor Swift, Madonna y Joaquín Sabina.

– Ah, linda ensalada te mandaste, ponele un poquito de reggaetón y canto bingo.

– No, estoy hablando de música, Panza, música: armonía, melodía y ritmo, más texto con mensaje, poesía, vuelo lírico, ingenio, humor, metáfora. Nada de eso tiene el reggaetón.

– Sí, ya sé, bolu, pero tampoco tiene mucho que ver Madonna y Sabina, pará un poco.

– Pero la idea es ir por otro lado. Es hablar de ellos, ellas, y esas bandas de todos los tiempos, sin poner un solo tema musical.

– Y para qué, eso quiero que me digas, decime para qué haríamos eso, que es casi como un castigo para el oyente, es posible que la gente se vaya del programa.

– No pasa nada, y si pasa, es perder para ganar después. O sea esa ausencia de música va a demostrar lo necesaria que es la música. Y creo que está bueno en este contexto nefasto, en que todos hablan de la cantidad de casos de coronavirus, que ya no hay más camas en el Amba, que la vacuna sí y que la vacuna no, que cerramos todo para cuidarnos, bueno, en ese contexto de malas noticias, nosotros decimos: «El mundo está lleno de palabras, miren qué pasa si inundamos el programa con palabras, ¿les gusta esto?», Ahí abrimos el micrófono, dejamos que hablen los oyentes, y acordate que todos y todas van a pedir que vuelva la música, a gritos pelados. Y ahí reivindicamos, como dijo Nietzsche, que la música es esencial para la vida. Y vamos a reivindicar la esencialidad en momentos de plena discusión de qué es esencial y qué no, bueno, la música, para nosotros y para muchísima gente en el mundo, es esencial. Eso.

– Vos tenés que poner una escuela, Juan, así decían en un sketch de hace mil años. Y sí, está buena la idea, qué querés que te diga, tenés razón. Ahora no se me ocurre qué vamos a hacer en el próximo programa después de este quiebre.

– Yo sí papá, cuando vos te compraste el pantalón, ya lo hice bermudas.

– ¿A ver la mente brillante?

– Cero palabras y todo música. Ahí dejamos que la música hable, hacemos alguna presentación entre bloque y bloque, después de las publicidades que nos bancan el programa,  y no dejamos ni que hable la gente, nada, que la música diga todo lo que tiene que decir. Y listo.

La charla terminó con un chiste del Panza más alguna palabrita subida de tono y después los dos amigos y colegas se largaron a reír. Esa risa espontánea, fresca y cómplice, también fue música para los sentidos.

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