Por Pedro Squillaci | pedrosquillaci@yahoo.com.ar

Ilustración: Enrique Figna


Juan se levantó más temprano que nunca esa mañana. «Hoy va a ser un buen día», vaticinó. El sol tenue de las 8.30 no era lo único que lo motivaba. Ni tampoco que había descansado de un tirón seis horas seguidas después de ver los primeros tres capítulos de la serie Detrás de sus ojos, que la querida María Virginia le había recomendado con tanta insistencia. No, lo que le ponía las pilas a Juan era que hoy volvía al aire con El foco de Foco, el programa de sus sueños, que cada noche lo mete en otro planeta desde el dial de Radio Neptuno. Se hizo un par de mates con tostadas con queso crema light y mermelada de naranja, ya un clásico ritual en sus mañanas, y lo llamó al Panza para charlar sobre el programa.

– Panza, monster, master, the very very best, ¿cómo estás?

– Dormido, boludo, ¿cómo voy a estar a las 9 de la mañana de un lunes?

– Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeno, che, tampoco son las 7 de la mañana.

– Pero, ¿qué te pasa hermano, te comiste un payaso esta mañana?

– Pará Pancita, perdón la hora, es que quería coordinar con vos el laburo de hoy porque este lunes volvemos después de las vacaciones. Y, como verás, yo estoy con todas las pilas.

– Yo maso la verdad…

– ¿Por qué?

– Y…porque arrancar para vos no es lo mismo que arrancar para mí.

– No te estaría entendiendo un joraca, amigo.

– Claro, vos arrancás tu programa, que es tu proyecto, pero yo arranco en un laburo más, que, aunque te quiera y somos amigos, es un laburo. Tan necesario como todos los otros programas donde musicalizo y opero la consola en la radio. Y yo tengo que arrancar en un laburo bastante rutinario, no es creativo como para vos. Esa es la diferencia: lo creativo hace que la rutina sea placentera. Ni más ni menos que eso.

– La verdad es que nunca te ví desanimado así, ¿cómo no me di cuenta?

– No, tampoco es tan grave, sólo que te lo quería decir alguna vez y bueno, estoy recién levantado, viste, te lo dije con honestidad brutal, como a veces decís vos, y me salió decirte esto.

– Bueno, mejor que me lo dijiste, se me acaba de ocurrir algo.

– ¿Qué cosa?

– Mirá, no sé por qué no me dijiste esto antes. Si querés, desde este año, podemos coordinar un laburo en grupo, entonces vos te encargás de producir toda la música y algún que otro tema del día que yo voy a defender al aire. Sería como un trabajo de producción. Y yo podría hablar con el dueño de la radio para que te consiga un mango más. Incluso hasta podríamos hacer que una noche por semana salgamos al aire juntos.

–  ……….

– Eh, Panza, Pancita, ¿se cortó?

– No, bolu, lo que pasa es que me quedé tildado con tanta información. ¿O sea yo saldría al aire, con vos, y hablaríamos con la gente y todo eso? Guau, qué bueno lo que decís, entonces podríamos hacer así: yo te mando una propuesta por escrito, semana a semana, y coordinamos los temas musicales y, claro, vamos acomodando todo con la agenda del día, por lo que todo lo escrito se puede modificar, según lo que va pasando sobre la marcha.

– Claro, amigo, se trata de ponernos en marcha. Eso, arranquemos. Esto te va a dar un empuje a vos y también a  mí. Estar en movimiento, cambiar un poco el rumbo está bueno, siempre que vayamos hacia la dirección elegida. Quiero decir esto: podés irte a la costa por la Ruta 2 o por la Ruta 41, no importa, lo que importa es que de las dos maneras vas a llegar al mar.

– Ahh, qué lindo lo que decís, ¿ves? Vos sos un poeta amigo, yo, te digo la verdad, me da un cagazo bárbaro salir al aire con vos. A mí ni por puta se me ocurre una metáfora con el mar, la ruta, qué se yo, yo derrapo en la arena.

– Ahí está, mirá, clavaste una metáfora.

– Bueno, pero estamos charlando entre amigos de toda la vida.

– Hacé eso, al aire hablá como si estuvieses con amigos y amigas de toda la vida y te van a salir mil metáforas como esa. Dale, no arrugués pecho, claro, a mí solo se me ocurre invitar a un pecho frío a salir al aire.

– No empecés…

– Se me va a congelar el estudio, y bueno, con tanto calor, nos va a venir bien.

– Pará boludo, ¡me estás haciendo mear de risa!

– Bueno, amigo, después te llamo de nuevo y coordinamos todo lo de la semana, tipo mediodía te llamo así tenés todo el tiempo para cranearlo, dale. Abrazo grande.

– Che, Juan, pará.

– ¿Qué pasa, Pancita?

– ¿Cómo qué pasa? Me alegraste el día, amigo, ahora sí me da ganas de arrancar. Gracias, sólo eso, mil gracias, amigo.

– Dale, no te vas a poner a moquear ahora, después te llamo y a la noche te paso a buscar como siempre. Te quiero, genio, abrazooo.

Juan cortó porque de golpe se dio cuenta que también se le estaba quebrando la voz y no quiso que el Panza se diera cuenta. El de esta noche va a ser un arranque distinto al imaginado, y eso también mete presión aunque te da otra energía. La nave está en marcha y a veces hay que cambiar de planeta en planeta para que el viaje sea más placentero. Eso sí, hay que tener en claro adónde vamos. Como la metáfora del mar y las rutas, siempre el punto de llegada tiene que estar asociado a un lugar elegido y que nos haga vibrar el corazón. Ahí vamos.

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