Por Pedro Squillaci | pedrosquillaci@yahoo.com.ar

Ilustración: Enrique Figna


Calor, pero calor insoportable era el que se respiraba esa noche de viernes en la city rosarina. Juan llegó con la remera empapada, puso el aire acondicionado al palo, tiró el barbijo contra el micrófono y se puso los auriculares. El Panza ya estaba en los controles, le dijo que aguante un toque porque estaba pasando una promo de un nuevo programa de Radio Neptuno y al rato levantó la mano, lo apuntó con el dedo índice y se encendió la luz roja de Aire. Aire. Es eso lo que necesitaba Juan, después del bajón por el impasse con Maite y estos días de pandemia que parecen quitarle el oxígeno a todo el mundo. Aire. Y salió al aire con esto:

«Hola, buenas noches a todos, todas, todes, ¿cómo andan? ¿Relajados escuchando radio o podridos por el calor? Yo, les digo la posta, recontrapodrido por el calor. Recién llegué todo pegoteado, encima el barbijo que es ultra necesario, no digo que no, pero pesa una tonelada cuando hace 33 grados a la sombra. Además, como lo tenés que poner arriba de la nariz, te previene muchísimo de cualquier contagio, pero, viste, te falta lo más importante: el aire.

 

¿Se puede vivir sin aire? No, acá me escribe por Whatsapp Matilde, y me pone “sin aire acondicionado no se puede estar”. Está bien, Matilde, de Echesortu, es cierto que sin aire acondicionado estás más al horno que un pollo con papas, pero me refiero al aire ese que uno lo toma y después lo exhala y que te sirve para mirar la vida de otra manera, quizá de un modo más espiritual, más kármico, digo, ah, jajaja, acá el Panza me pone un cartelito con el nombre de Claudio María Domínguez. No, está bien, no hablo de esa onda precisamente, aunque, la verdad, a veces viene bien escucharlo al quía en C5N a la medianoche. Detrás de esas remeras que nunca usaríamos hay una cabeza pensante que a veces te tira una punta para salir a flote. El otro día leí un cartelito en un bodegón de Pichincha que decía que hasta una patada en el culo te tira para adelante. Así que, digo, sería bueno dejar los prejuicios de lado y escuchar otras voces, otras maneras de ver la vida, qué se yo, sugiero nada más….

¿Se acuerdan aquel tema de Maná? A ver si pica algún oyente, espero los mensajitos, uno que hablaba justamente del aire, adivinen. Sí, acá Néstor Mauricio, de barrio Centro, ¡apa que combinación de nombres! rompiste la grieta che, bueno, sí, esa es: Vivir sin aire. Fijate que el tipo, Fher, el cantante, decía “Cómo quisiera poder vivir sin aire”. No descubro nada, ya sé, pero bueno, el tipo lo asociaba a un amor, onda que si pudiera vivir sin aire, y sin agua, por el caso, también podría vivir sin ella, pero, bien, no podía. Le faltaba su amor y le faltaba el aire. Porque cuando te falta un amor te falta todo, quizá alguien que sabe que le estoy hablando a ella, podría dejar las chucherías de lado y algún día tomar una birra conmigo para conocer nuevamente el sabor del encuentro. Me salió en tono publicidad de Quilmes, bueno, el aire, sí, a veces tenemos que tomar aire no sólo para respirar sino también para tomarnos un tiempo, para pensar, o también para resoplar de fastidio, ¿no les pasó? Pero claro, cuando estás harto o harta, tenés que tirar para afuera todo ese aire viciado y respirás de nuevo para retomar fuerzas. La vida es también un poco eso, es seguir tomando aire para respirar un poco mejor. Sólo hay que buscar la manera día a día. Y, claro, no hagan como Maná, es mejor vivir con aire. Hasta la vuelta, gente, sigan girando la órbita de Radio Neptuno, ya nos encontraremos en la próxima constelación».

 

Juan se puso el barbijo, salió del estudio y se topó con la mirada inquisidora del Panza:

– Así que ahora estás en místico, hasta de constelaciones hablaste.

– Bueno, era para darle un poco de aire a la audiencia.

– Y dale con el tema…

– Digo, para hablar de otros temas también, no está mal en estos días de verano, viste.

– Y de paso le mandaste un aviso a Maite, claro.

– Y sí, no lo pude evitar, ni me habrá escuchado, pero bueh.

– Tranca, amigo. Che, ¿apago el aire?

– ¡Ahora vos hablás del tema también!

– El aire acondicionado, bolu, ya nos vamos…

Juan lo miró al Panza, asintió con la cabeza y se fueron juntos a buscar el Focus que estaba como siempre esperando en la vereda de la Radio para llevarlos a sus casas. Apenas abrieron la puerta de calle, sintieron un tufo de calor sobre la cara. No dijeron una palabra, sólo respiraron. Necesitaban tomar aire.

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