Por Pedro Squillaci | pedrosquillaci@yahoo.com.ar

Ilustración: Enrique Figna


– Poné música, Panza.

– ¿Cómo? ¿Te volviste loco?

– No, mandá música en todo el programa.

– Pero Juan, dura una hora el programa, se nos van a piantar los oyentes y van a putear los auspiciantes.

– Es una noche Panza, no es un año, pará la moto.

– Bueno, pero…¿ y qué música pongo?

– Y, bolu, no vas a poner a Los Totota.

– Ya sé, pero tirame una punta.

– Improvisá amigo, el programa es tuyo este viernes, es noche de viernes, qué se yo, pensá que la gente no puede salir a bolichear. Poné a Diana Ross, Gloria Gaynor, después cambiá para el lado de Peter Frampton y Billy Joel, hacés un toque por Rod Stewart y Joe Cocker, y empezá a cerrar la noche a todo trapo con algo polenta de Rosko, poné Cebollas verdes que es mortal, y el Rockolletion de Laurent Voulzy,  para los bises tirá algo bien bolichero para evocar aquellas noches históricas de los 80, esteee, qué se yo, ah, ya sé: Último tren a Londres, de la Electric Light Orchestra.

– Sí, no sé si todo eso me da para una hora, pero bueno, voy a improvisar.

– Y claro amigo, improvisá en esa onda, no claves a Valeria Lynch cantando Me das cada día más porque ahí sí que los oyentes emigran como las golondrinas y no vuelven más.

– Ahora, todo bien, ¿me podés decir por qué no venís hoy?

– Escuchame, ¿no habíamos hablado que era el momento de jugármela con Maite, que tengo que escaparle al terror y todo eso? Bueno, hoy la invito a casa para charlar y vemos qué onda. ¿Conforme?

– Sí, re conforme, ojo que si pongo buena música corrés el riesgo de que la gente prefiera que te quedes con Maite a que vengas al programa. Puedo instalar “Los viernes bolicheros del Panza”.

– Y bueno, que sea lo que sea, como cantaba Drexler. Y defendé el programa que también es tuyo, Pancita querido, abrazo de gol.

Juan cortó el llamado con el Panza, contestó un mensaje de whatsapp y  la llamó.

 

– Hola bombonazo, ¿cómo va?

– ¿Juan?

– ¿A quién esperabas?¿ A Brad Pitt?

– Difícil que él diga «bombonazo», casi tan difícil como que lo diga Juan Foco, pero bueh.

– Bueno, bueno, querías decisiones, querías un cambio, querías que me la juegue, bueno, acá estoy, ahora te digo bombonazo y todo.

– Bueno, está bien, bomboncito, ya que estamos en la semana de la dulzura, digo, ¿por qué me llamabas?

– No, esteeeeeeeeee, te llamaba para ver si hoy a la noche podías pasar por el departamento a charlar así tratamos de hablar de lo nuestro, de…

– Uy, pero, ¿sabés qué? Yo hoy imaginaba que vos tenías el programa como siempre, y como veníamos «medio medio» nosotros, arreglé para tomar algo con las chicas, y…

– No, está bien, perfecto, no pasa nada, mala mía por avisarte sobre la hora, tenés razón.

– Además no me mensajeaste ni nada y yo pensé que..

– Claro, ¿no te mensajeo y ya no te quiero más? No, está bien, no pasa nada, agendame un lugarcito para la semana que viene, ¿puede ser?

– Dale, no seas zonzo, si querés la llamo a las chicas y les digo que..

– No, no, dejá, ya está, no pasa nada, es una semana, no un año.

– No, una semana no, vos mañana no laburás, si querés quedamos para el sábado, o es que el sábado este no podés, ¿bomboncito?

– Apa, entramos en la variante, no, no tengo nada, y si lo tuviera lo cancelaría por vos.

– Dale, no seas así, basta de ironías che, ¿quedamos mañana en tu casa, tipo 10 de la noche, entonces?

– Sí, dale, prometo esconder el disco de Rubén Blades, así dejamos la salsa para otro momento digo. A lo mejor pongo algo de Divididos, esa que dice “besos por celular”.

– Ah, sí, Spaghetti del rock, esa que también dice “Que ayer no es hoy/ que hoy es hoy/ y que no soy actor de lo que fui”.

– Otra vez me completás la canción, sí, hoy es hoy, y mañana cuando nos veamos en casa, te voy a volver a decir que hoy es hoy, y que siempre es hoy, como cantaba Cerati, ya no quiero ser actor de lo que fui, quiero ser yo, Maite. Y no hablo más, porque vengo muy sensible, capaz que lloro, y quiero estar fuerte en estos días. Te espero mañana, dale.

– Bueno, dulce, y me encantó que me digas bombonazo, aunque nunca me lo habías dicho.

– Y bueno, Maite, siempre hay una primera vez, ¿viste? Beso enorme y pasala lindo, dale.

– Beso, te quiero, hermoso.

– Yo más.

Juan cortó el celu y se dio cuenta que habló más de música que de amor, pero se le iluminó la cara. Pensó que de haberlo pensado antes no se perdía el programa de la noche. Es más, todavía estaba a tiempo de llamarlo al Panza y decirle que iba a conducir el programa, pero ni loco le quitaba a su amigo la alegría de poner música de boliche en una noche de viernes. Fue así que llegó a su depto, descorchó un malbec, puso la radio y, simplemente, se puso a escuchar música. Para su sorpresa, el Panza no le hizo caso y arrancó con un tema de rock nacional, nada menos que Spaghetti del rock, sí, esa que dice “besos por celular”. Casi lo llama para putearlo porque no le hizo caso de arrancar con música disco, pero apuró otro sorbo de malbec, cerró los ojos, subió el volumen de la radio y sonrió. “Remontar el barrilete en esta tempestad” cantó Mollo con la voz al límite. Juan se perdió un rato con la melodía, sintió la espesura del vino recorriéndole los labios y levantó la vista para mirar hacia la ventana. Fue allí que por un instante, sólo por un instante, se vio remontando ese barrilete.

2 comentarios para “Capítulo 14: Besos por celular

  1. Vir vF dice:

    Excelente. Mollo, Cerati, Foco.

  2. Pedro Squillaci dice:

    Gracias Vir, recién leo tu comentario, ya estoy escribiendo la nueva historia, besoooo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.