En el marco de la cuarentena la cantante oriunda de Paraná montó un taller virtual de canto donde combina música con arte culinario. Los alumnos abordan canciones del  repertorio popular sobre las comidas y también presentan sus platos. 

Por Diego Montejo | prensamontejo@yahoo.com.ar

Fotos: Valeria Pereyra


Natalia Gómez Alarcón es entrerriana y desde hace más de dos décadas vive en la ciudad de Rosario, donde construyó una carrera artística. Cantante y actriz desde su niñez, abraza desde muy pequeña su amor por la música folclórica. Hoy su voz es una referencia dentro de un movimiento independiente de artistas que se consolidó durante esta última década en la ciudad. Ganadora del Concurso de Coproducciones 2017 de la Editorial Municipal de Rosario, lo que le valió al año siguiente grabar y presentar su primer disco de estudio Andar sereno que contó con la participación de Manuel Cerrudo en piano, Damián Dádamo en guitarra, Claudio Bergese en bandoneón, Sebastián Posella en percusión y Juan Manuel Angelini en bajo.

Conformado por un repertorio de sesgo litoraleño, donde aparecen composiciones de Coquí Ortiz, Aníbal Zampayo y Teresa Parodi, el material goza de un gran trabajo sonoro en base a arreglos de altísima calidad. Además y, a través de esas canciones, Natalia establece un vínculo con sus raíces, el paisaje que la atraviesa desde lo más profundo desde sus sentimientos como una concepción cotidiana de quienes trabajan y se nutren de la vida a orillas del río.

Hoy, la pandemia la encontró estudiando para futuras actuaciones, repasando canciones y animándose a cosas nuevas. Por otro lado, y de manera virtual, sigue adelante sus talleres de canto, los cuales trabaja en modalidades grupales y colectivas. Este año la idea fue trabajar repertorios vinculados con las comidas, es así como nació el taller Cocina de Canciones, el cual iba a ser presentado en una sala, pero deberá esperar esa posibilidad. Por lo pronto la función será virtual con fecha a confirmar. Mientras tanto Natalia y sus alumnos cocinan y cantan desde sus casas, las más variadas canciones y  platos de comida.

Con poca actividad en materia artística, como muchos de sus colegas, a finales de septiembre, junto con el guitarrista Tito Fernández, presentó de manera virtual un nuevo repertorio, donde abordó la obra del eximio guitarrista, cantante y compositor Eduardo Falú. Una nueva apuesta artística intimista que conserva como característica la pureza de los arreglos originales para guitarra del maestro Falú.

Música en la cocina: «Me gusta desarrollar lo creativo en los espacios cotidianos», dice la cantante.

¿Cómo nace la idea de vincular la cocina con la música?

Es una idea de hace mucho tiempo, yo tengo trabajando con los talleres grupales donde yo doy las clases de teoría y práctica vocal, pero también invitamos a algún músico una vez al mes donde hacemos un encuentro. Este año particularmente, cuando comencé con los talleres en el verano, quise dar un giro a la consigna y comenzar a trabajar con una mirada temática. Así fue como armamos un ensamble de voces e instrumentos con  la pianista Cecilia Mercado donde armamos un repertorio de canciones de mujeres latinoamericanas. Fue un taller maravilloso donde participaron quince alumnos, lo íbamos a presentar pero no pudimos porque comenzó el aislamiento. Al ser un ensamble era muy dificultoso continuar de manera virtual por lo cual quedó ahí. No conforme quise seguir con esto de los repertorios temáticos, y hacía tiempo que yo quería preparar un repertorio sobre las comidas típicas argentinas y decidí abrirlo con mis alumnos.

¿Cuál es tu relación con la cocina?

Es un espacio de mí desde siempre, me llama la atención y me gusta. A esto se le suma que el lugar de mi casa donde doy las clases es la cocina, entonces me disparó esto de repensar los espacios cotidianos y poder intervenirlos de manera escénica, artística y creativa. Me gusta desarrollar lo creativo en los espacios cotidianos. En estas preguntas que me hago nos encontró la pandemia, el encierro el confinamiento y me imaginé que podía desarrollar esta propuesta con el recurso audiovisual porque las clases son virtuales. Comenzamos probando y armando y la propuesta fue trabajar el repertorio de manera grupal grabándose desde sus casas. Yo me encargo de la técnica vocal y después hay un músico que se encarga de los arreglos de las canciones sobre comidas y bebidas típicas. Es además un espacio de trabajo creativo ya que los alumnos escribieron sus propias letras sobre comidas y bebidas y sus vivencias con la cocina que vamos a estrenar pronto en los nuevos videos. Es un espacio que convoca donde además degustamos algo, los alumnos muestran también sus platos.

¿Cómo analizás después de dos años lo que significó para vos grabar Andar Sereno?

No suelo escucharme mucho, pero por un programa de radio que me pidió material tuve que escuchar de nuevo el disco. La verdad es que ha pasado un tiempo y uno no puede evitar tener una mirada crítica, por suerte hemos crecido. Yo lo veo con mucho afecto, es una voz un poco más joven, pero es un trabajo que me significó concretar un concepto, una idea. A partir de ello comenzó un trabajo más refinado en mis búsquedas musicales. La exigencia de que quede algo registrado fue difícil y sigue siéndolo. Al margen que la disconformidad vocal con uno mismo siempre está, me sirvió para aprender mucho y estoy agradecida a ese proceso el cual volvería a hacer mil veces más. Trabajamos mucho con ese material, recorrimos muchas ciudades y pueblos.

Me imagino que el taller de canto fue algo importante en esta cuarentena, pero ¿qué cosas quedaron truncas en este periodo?

Fueron muchas, y la verdad es que no se puede estar haciendo un streaming todas las semanas, eso es una locura y no es lo mismo que tocar en vivo, lo que está pendiente y seguro saldrá con muchas ganas. Lo que más me duele es no haber podido arrancar las clases presenciales en el Profesorado de Danzas Isabel Taboga donde estoy cursando, me duele y se hace notar la ausencia de poner el cuerpo en movimiento que fue mi búsqueda inicial: trabajar la voz desde un lugar más integral.

Siempre formaste parte de los circuitos culturales independientes, ¿eso es una elección, forma parte de tu manera de pensar o es porque se dio de esa manera?

Los repertorios que suelo hacer no son muy compatibles con los festivales. Yo fui muchas veces como público a los festivales, pero la verdad que hay muchas cosas de las grillas que no me gustan, no me siento muy bien con el folclore comercial. Me encantaría cantar, por ejemplo, en Cosquín, no lo descarto, tampoco se dio la oportunidad. Me gusta mucho lo que sucede en los festivales con respecto a cómo lo vive la gente, donde entro en contradicción es con el folclore comercial, en ese aspecto no me siento convocada. Me gustaría que se abran nuevas puertas. Uno de los lugares que participé fue el Pre-Cosqín y la verdad que fue una muy buena experiencia, esos son espacio que disfruto.

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