ENTREVISTA. Parte II

En la continuación de esta larga charla, el multiinstrumentista tucumano profundiza en los desafíos sonoros y los riesgos, sin límites, que se planteó al elegir cada uno de los temas que integran su último disco Creación, grabado en New York. ¿Qué nuevas facetas de sí mismo, sumergido en esta grabación y en su realización, halló Sija? Aquí lo revela en exclusiva para De coplas y viajeros.

 

Por Patricio Féminis | patfem@hotmail.com

PH: Rodrigo Fortuny | Edición: Lara Pellegrini


“Ha sido mágico. No dejo de agradecer las confluencias que generaron esta creación”, se embelesa Manu Sija: el multiinstrumentista, performer, compositor, cantor y hacedor tucumano de una de las mejores porciones de la música popular argentina del siglo XXI. Y vuelve a repetir la palabra, ahora con mayúscula: “Creación”. Días atrás, De coplas y viajeros comenzó a desplegar los anhelos y secretos que imprimió en éste, su nuevo disco, grabado en Nueva York. De la interrogación sonora, al avance y a la concreción. “Siento que Creación es el mejor que he hecho hasta ahora. Pasé un montón de procesos en la vida y en la música para poder lograrlo”.

‘Creación’ en proceso. PH: Rodrigo Fortuny

¿En qué piensa, Sija, tal vez? En la vergüenza que años atrás le daba cantar en vivo y en cómo fue logrando mayor seguridad escénica a la par de sus incontables instrumentos. “Estudié canto y fui perdiendo ese miedo. Desde mi primer disco, Egolimpos, de 2014, hasta éste, me fui plantando mucho más para cantar. Yo quería poder transmitir lo mejor posible todo lo que siento cuando entono. En Creación, además, busqué no usar ningún tipo de loop o máquina, a modo de contraste con el disco anterior, que es Trío en vivo, de 2015. Quería que Creación, que editó el sello Music Brokers, fuera totalmente acústico”.

Junto a la batería de Franco Pinna y al bajo de Linda May Han Oh, Manu Sija se oye siempre distinto: en tiempo real, de un instrumento al otro y in superponer texturas. En pleno descubrimiento de sí, mientras los segundos corren en cada track. “En vez de dejar grabado un loop de guitarra para que no deje de sonar mientras agarro otro instrumento, en Creación hay otro proceso. Por ejemplo, cuando dejo de tocar la guitarra y agarro el violín desaparece aquélla. En Trío en vivo, en cambio, yo siempre dejaba guitarras loopeadas. Era un sostén que ahora no necesitaba. Con el violín yo quedo más a la deriva. Ése fue el concepto: que todo fuera un poco más libre. Con este disco no quise estar atado a nada”.

La prestigiosa Linda May Han Oh grabó bajos y contrabajos. PH: Rodigo Fortuny

¿Seguiría retocando cosas? “Nooo, quedé muy conforme. Generalmente los músicos no quedamos satisfechos con los solos, aunque creo que lo logré. Quedaron perfectamente y lo que tocaron Franco Pinna y Linda May Han Oh fue increíble. Y no es que me quiera agrandar, pero la canción Creación tomó forma como si fuese un himno. Cantada junto a Sofía Rei y a Sofía Tosello, y con Juancho Herrera en guitarra, gana mucha emocionalidad. Se nota que los cuatro somos muy amigos y me gusta que eso se transmita. La gente que lo ha ido escuchado también lo cree. En Creación respira lo fraterno”.

La base de huayno (con acentos libres, o marcados según el ánimo) los hace fluir en unión coral y distinción poética. “Quien dice ‘templo’ pierde un Dios, de un himno pende su cristal, pronuncia formas que un fractal dejó como un eco”; “si digo ‘magia’ creo en vos, que diste vida a mi ciudad tan gris, nombrando cada claridad que guardo aquí en mi pecho”; “que la palabra es creación, contigo supe que es verdad el don, todo un Edén de un infinita poesía”, son algunas de las frases, como nuevas preguntas, de la letra del también tucumano Dardo Solórzano. Con tarareos como gorjeos y juegos de guitarra. Como sin en las manos de Manu Sija estuviera parte del propio Pat Metheny, su referencial inspirador, y, justamente, con quien toca el bajo la prestigiosa Linda May Han Oh.

“El pulso queda en vos, un fuego dejo yo, ardiendo en un tizón, un canto en rebelión que enciende tu fulgor por dentro”, cierra el tema Creación. “Trabajar con Dardo Solórzano es muy fácil. Yo le digo ‘a esta música la he hecho pensando en tal cosa’ y él a la semana me manda una letra que entra perfectamente en la métrica y en los acentos. Yo hago canciones en las que no son todas las estrofas iguales, pero Dardo siempre encaja perfecto la letra”. Y Franco Pinna, Juancho Herrera, Sofía Rei y Tosello “son mi familia en New York. Hasta hemos pasado navidades juntos, y por eso los invité a Creación. Sentí que tenían que estar todos ellos en esa canción”.

¿Qué otras obras incluye el disco? Se dispara con Iruya (de Sija y Solórzano), arrancando con un sutil solo de contrabajo de Linda May Han Oh, y luego, en trío acústico, revela los desvelos de Sija en ese místico pueblo de Salta a 2.780 metros sobre el nivel del mar. Donde quiera que estés, de Quique Sinesi y Guadalupe Gómez, va del candombe al jazz sin esfuerzo, con una impactante melodía y los parches de Pinna como un pulpo regidor. Y Para cantarla mañana, la chacarera del tucumano Rubén Cruz, ofrece sus variaciones armónicas con las marcaciones de la guitarra acústica y con un largo pasaje instrumental en plena universalidad.

También está Zamba de mi esperanza: Sija inicia con el bandoneón y con otros secretos que en unos momentos habrá de revelar. Le siguen el instrumental Rinconada, con el violín trazando escalas danzantes: la madera en sus manos desentraña las posibilidades técnicas y el juego que Sija puede lograr, a pura felicidad y misterio. Los dos temas restantes son la icónica chacarera La parecida (de Agustín Carabajal y Leocadio Torres), y la zamba carpera La serenateña (de Jorge Díaz Bavio y Yuyo Montes), tan identificada con el folklore más eufórico, que se resignifica en introspección sonora, de jazz sin hermetismos.

Sija sonríe al pensar cada una de las obras registradas en Creación. “Me acuerdo que a Iruya la hice en 2016, en Colombia, cuando estaba tocando con Marta Gómez, justo cuando se firmaba el Tratado de Paz. Mi letra hablaba de eso, muy literalmente, y no me cerraba. Mis letras nunca me convencen así que se las termino pasando a Dardo. Le conté el contexto y me mandó lo que para él significaba la paz, que era hablar de ese pueblo hermoso”. En Para cantarla mañana “he tratado de desplegar todo lo que yo hago arreglísticamente, con reminiscencias de Pat Metheny y de varios artistas de jazz que admiro. Fue algo totalmente intencional. Y no quería que perdiera el brillo de una chacarera tucumana”.

El pianista Leo Genovese participa en ‘Donde quieras que estés’. PH: Rodrigo Fortuny

¿Y Zamba de mi esperanza? “Esa tiene una historia particular. ¿Sabés? Nunca había pensado en cantarla porque se la toma como muy trillada, es la obra del folklore clásico más conocida además de Luna tucumana. Pero en 2016, cuando hacía la prensa del disco Trío en vivo, el artista y escritor uruguayo Dani Umpi me hizo una nota en el Suplemento Soy, de Página/12, en la que yo hablo de cuestiones de género y de sexualidad, y el título fue Deja que quiera como yo sé, que es el verso final de Zamba de mi esperanza. Eso puso Dani Umpi.

-¿Qué pensaste entonces?

-Me sorprendió cómo él hizo una conexión entre lo que yo le contaba acerca del machismo y de la discriminación en el folklore, y, paradójicamente, una de las letras justamente más tradicionales. Entonces releí la letra de la zamba y dije: “Es tremendo el mensaje”. Ahí vi que era especial para el sonido acústico y envolvente que buscaba en Creación. Cada vez que la abordo en vivo me emociona: la hago desde un lugar de reivindicación: “Estrella tú que miraste, tú que escuchaste mi padecer. Estrella, deja que cante, deja que quiera como yo sé”.

-¿Y Rinconada?

Esa no tiene letra y la compuse especialmente para Creación, pensando en los músicos que están acá. Franco Pinna toca el arpa legüera, un instrumento medio raro que él se inventó. Es una guaracha celta porque tiene una melodía medio celta en el violín, y con ritmo de guaracha santiagueña. Improvisamos todos y es una locura. ¡Tiene mucho power y se puede bailar!

Prosigue con La parecida, una chacarera de Los Manseros Santiagueños. “Tomando este tema tradicional, el reto fue hacer un arreglo diferente, que mezclara los ritmos venezolanos con lo propio de Santiago. Toco una rítmica base que es renga, en cinco, y arriba voy cantando las estrofas en seis, como en toda chacarera. Se va cruzando y, cuando termina, todo cierra perfecto. Toco el bandoneón y canto todo el tema. Se oyen el contrabajo, batería con arpa legüera, y es otra cosa medio rara y linda a la vez”, sonríe Sija.

Franco Pinna y su arpa legüera. PH: Rodrigo Fortuny

La serenateña fue otra apuesta de relectura y reinvención: hasta ideológica. “La letra de esa zamba es medio polémica por momentos, poética pero un poco machista”, concede. Aunque no se refiere a sus estrofas iniciales: “En el Valle Calchaquí tomá un vino y alegrate. Entonces podrás decir, que el cielo está en Cafayate. La luna sale a buscar el duende del remolino, y el sol en el medanal enciende la luz del vino”. El punto en tensión está en esa frase del Yuyo Montes, tan celebrada en Salta, que hoy suena extemporánea: “Acaso por ser mujer me embruja la serenata, y vuelvo por un querer que me ata y que me desata”.

Cuenta Sija: “Yo traté de darla vuelta totalmente. La música me gusta mucho, así que busqué en Spotify todas las versiones que había, y todas son muy similares en ritmo y tempo. El Chaqueño Palavecino fue el que la hizo famosa. Yo traté con mi arreglo de invertir la lógica: de acentuar esa zamba toda al revés, y con otra armonía. Fue un bello desafío. Trabajé muy metódicamente en cada plano de Creación y veo los frutos de eso. Ahí siento una diferencia muy marcada respecto de los otros. Sin riesgos no hay evolución”.

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