Hace unos meses se viene presentando por nuestro país el libro La vida mía sobre la vida y obra de Leda Valladares, en Tucumán y Buenos Aires. El mismo fue realizado y financiado por el INAMU, es una obra que se encuentra gratuitamente en la página oficial, donde la descarga es libre. El trabajo es muy cuidado y detallado. Contiene artículos sobre la obra de la investigadora tucumana, partituras de sus recopilaciones y creaciones, fotografías y un abordaje biográfico. Cada mirada aporta al saber y conocimiento de la extraordinaria labor que llevó adelante durante toda su vida la inigualable Leda.  En el material hay textos de León Gieco, Gustavo Santaolalla, Litto Nebbia, Charo Bogarín, Adolfo Colombres, Clara Cortázar de Goettmann, Rubén Cruz, María de Michelis, Miriam García, Miguel Garutti, Silvia Iriondo, Lucía Piossek, entre muchos más. Julieta Lizzoli estuvo a cargo de la transcripción de las partituras.

Leda y sus primeros trabajos de recopilación en campo (1942). Fotos: La vida mía

Para indagar sobre esta valiosa contribución a la cultura nacional primero hablamos con Neli Saporiti, quien viene trabajando desde hace años en el INAMU en la realización de materiales y libros del Instituto como el Manual de Formación La voz cantada, Corazón Alegre. Obra de Gustavo «Cuchi» Leguizamón, Por ese palpitar, Brotecitos – NuesTrans Canciones, Libro de partituras y cancionero, de Tránsito Cocomarola, Luis Alberto Spinetta, entre otros.  Ella estuvo a cargo de la coordinación general del libro que abordamos aquí.

“Nuestro objetivo es que la música popular llegue a todos” nos dice. Por otro lado afirma que “la visión del INAMU es la formación integral de las personas músicas, compartir los conocimientos musicales del país, queremos que estos libros queden como archivos dinámicos, para aquellos músicos que buscan conocer más de los autores argentinos; les queremos brindar una herramienta y fuente de inspiración”.

Sobre el libro de Leda Valladares nos cuenta: “Yo la conocí y tomé clases con Leda también. Entre todo lo que leí, encontramos un texto de la Biblioteca del Congreso, era un texto que se llama Autopresentación que lo publicó la Universidad de Tucumán, como una autobiografía, su voz era tan fuerte poética y con tanto peso, leer el texto y ver su contenido fue tan descriptivo, con metáforas, leer su palabra es muy fuerte por sus conceptos. Son los hitos que ella destaca de su vida”.

La selección general de temas, revisión general, textos y selección de la obra de Leda Valladares estuvo a cargo de su discípula y continuadora de su legado, la cantante y docente Miriam García. En entrevista exclusiva para De Coplas y Viajeros nos comparte algunas reflexiones sobre su relación con Leda, su legado y el trabajo como su discípula.

– ¿Cómo conociste a Leda Valladares? ¿Cómo se dio el vínculo de confianza con ella que te marcó como discípula, continuadora y curadora de su obra?

– A Leda la conocí a mediados de 1983, cuando la fui a ver en un recital en el Estadio de la Federación Argentina de Box, donde había llevado como invitada a Gerónima Sequeida para dar a conocer a esa bagualera impresionante, tucumana, de Amaicha del Valle. Quedé tan impactada que ahí la esperé y le pregunté cómo aprender a cantar así, y me comentó que estaba por abrir un curso, me pasó su teléfono para que la llamara y confirmarme bien días y horarios,  y a partir de ahí la empecé a seguir, a tomar sus cursos, a ir a escuchar sus charlas, conciertos y me empecé a involucrar y dedicar al tema del canto con caja en profundidad, y a juntarme a cantar estos repertorios, a leer sus artículos, a manifestarle curiosidades que me surgían a medida que iba estudiando. Ella me traía grabaciones en cassette, artículos, me recomendaba libros, hacía todo lo posible para transmitir. Cuando te descubría realmente interesada en el tema te aportaba materiales. Eran épocas donde la información no estaba al alcance de apretar una tecla en la compu, ni era sencillo conseguir una caja coplera aquí en Buenos Aires. Luego vino la etapa de grabar Grito en el Cielo, en vinilo y cassette por el año 1988; ya habíamos formado un grupo de alumnas que cantábamos en comparsa con caja, y nos convocó para grabar las partes de canto colectivo («Las cantoras del mollar» o «La comparsa del mollar» nos hacíamos llamar) y una vez grabado el disco para presentarlo en el Teatro Cervantes. Y después vino el espectáculo América en Cueros en 1992, y más tarde  la grabación del disco en 1993. Y así se fue dando la relación de confianza. Cuando ella no podía ir a dar sus clases por algún motivo en especial me pedía que la suplantara, en fin me terminé convirtiendo en una especie de estrecha colaboradora, y ayudante permanente, siempre lista. Sobre todo cuando la enfermedad empezó a manifestarse y jugarle una mala pasada,  impidiéndole desarrollar su trabajo a pleno.

Portada del libro La vida mía

– ¿Ahí asumiste como docente y seguiste colaborando en la difusión de su obra?

– Si. Cuando decide retirarse de la vida pública a principios de 1999 me pide que me haga cargo del curso del Rojas, la Cátedra de Canto Andino con Caja, que ella había fundado en 1990. Yo sabía lo importante que era para ella ese espacio. Durante el año 1999 la editorial EMECé decide editarle el libro Cantando las Raíces, para el que venía compilando material y contenidos desde hacía unos cuantos años y me pide que la ayude a organizarlo, y a conseguir algunas fotografías. En el 2000 la acompaño a presentar el libro por todo el país. Organicé la presentación en la Feria del Libro de Buenos Aires, y luego en Tandil, Tucumán, Salta. En el 2001 Melopea y el Centro Cultural Ricardo Rojas deciden producir la reedición del Mapa Musical de Argentina, y como el soporte CD tenía más capacidad que los vinilos originales, me tocó hacer la reclasificación y ampliación de los tracks de cada uno de los 8 volúmenes. De a poco me fue pasando sus materiales, sus cintas, instrumentos, escritos, etc., porque percibía que su enfermedad avanzaba y necesitaba dejar sus cosas al cuidado de alguien. Evidentemente confió en mí para seguir con la difusión de su obra y continuar con el espacio de sus talleres permanente en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, que tanto le costó conseguir.

– ¿Cómo fue el proceso de elaboración del libro La vida mía?  Sos parte del mismo y aportaste desde tu conocimiento de la obra de Leda, recopilación y partituras.

– Fue un proceso que se prolongó más de lo esperado porque nos agarró la pandemia en el medio, pero mirándolo con optimismo eso nos proporcionó más tiempo para ir profundizando y hacer un trabajo mucho más exhaustivo. Se llevó a cabo a través un equipo del INAMU liderado por Neli Saporiti que llevó adelante la coordinación general del proyecto y yo me incorporé obviamente como su discípula y coordinadora del Espacio Leda Valladares para la preservación, difusión e investigación del canto con caja, haciendo la asesoría y revisión general que consistió en participar de la selección de las partituras a publicar. Para esto se tomaron parte de los dos álbumes que Leda publicó en vida allá por los años ’70, que fueron Canciones arcaicas del norte argentino  y Canto vallisto con caja. Supervisé las transcripciones de un par de sus composiciones y de otras de sus recopilaciones que no pertenecen al mundo del canto con caja y que nunca se habían transcripto a pentagrama, aporté algunas fotos, de su álbum familiar y personal, convoqué a varias personalidades de la cultura y la música que compartieron trabajo con ella y la conocieron en profundidad para que nos brinden sus testimonios para el libro, y escribí un par de artículos. Y cuando todo estuvo más o menos organizado hice la supervisión general, que permitió a hacer algunas correcciones antes de entrar a imprenta.

– En el libro hay un artículo tuyo que lleva el título Descolonizando oídos, voces e imaginarios. ¿Por qué lo elegiste?

– Es uno de los artículos que escribí especialmente para este libro y lo titulé así porque realmente fue parte del trabajo que Leda hizo en soledad, contra viento y marea y que nos transmitía constantemente, no solo a quienes estudiábamos con ella, o compartíamos algún proyecto, sino también a su público que la seguía y admiraba como artista, cantora y difusora. Y aún hoy sus escritos, entrevistas, discos, libros y recopilaciones manifiestan ese objetivo que la desvelaba y generan un interés constante de abrevar en esos materiales sonoros en las nuevas generaciones. Puso en valor estos repertorios ancestrales y a sus cultores originarios. Enlazó mundos, universos distintos, en pos de una soberanía cultural y musical, no sólo de nuestro país sino de América toda. Nos mostró y nos hizo escuchar y cantar las raíces más profundas, aquello que el resto ignoraba y no le prestaba atención, el cantar del canto humilde transmitido de generación en generación con el poder de la tradición oral, voces maceradas de humanidad.

Leda Valladares y León Gieco. Fotos: La vida mía

– En tu rol de educadora popular y música ¿cómo es llevar adelante la defensa y el legado de Leda? Difundiendo su obra.

– Es una epopeya. Se necesita tesón y una fuerte convicción para seguir llevando adelante su obra, como sin duda lo tuvo Leda, y en épocas donde todo era más difícil que ahora. Pero no me quejo, no le fue fácil a ella, ¿porqué debería serlo para mí? El contexto al cual hay que salir día a día a promover y defender estos manantiales, no sólo no cambió demasiado sino que empeoró, se volvió mucho más cruel. Obviamente ella nos dejó un camino iniciado y muy bien abonado, pero mantenerlo y seguir el recorrido hoy por hoy, es una responsabilidad y todo un desafío. Pero el rol de educadora popular me permite seguir desde un canal de difusión y promoción de su obra mucho más amplia, equitativa y democrática. Me considero una promotora sociocultural y en ese rubro tuve otra maestra extraordinaria, que no quiero dejar de mencionar que es Amanda Toubes, con quien me formé en el ICE (Instituto de Ciencias de la Educación) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, durante 5 años. El estar al margen de la academia, como Leda siempre hizo, y el contar con herramientas que te brinda la pedagogía de la Educación Popular, es una garantía para que estos yacimientos sonoros y musicales, como a ella le gustaba denominarlos, sobrevivan amparados en su propia esencia y no sucumban frente a intereses y estructuras coloniales que es donde lamentablemente aún se para el sistema educativo formal, el académico y el mercado musical.

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