Por Marcelo «Bochi» Muiños | prensanewenmapu@gmail.com

Fotos: Gentileza Marta Pirén


Con más de cuarenta años de trayectoria en la música popular, Marta Pirén (63) es una de las grandes exponentes de la música patagónica. Bonaerense que adoptó como propio el compromiso con el canto patagónico de los pueblos originarios y su lucha. “Nací en Burzaco, viví hasta los 30 años, después me fui a vivir a Glew hasta la actualidad”, nos dice. Comenzó a ahondar en el repertorio patagónico a los 16 años, “los primeros autores que aborde fueron Milton Aguilar y Marcelo Berbel”, recuerda. El tema Pehuenche fue el que la enganchó con esta música.

En 1982 fue revelación en el Festival de Folklore de Cosquín con el tema Piñonero, contra todos los pronósticos que le decían que haga un tema fuerte ella siguió su palpito, “no es solo cuestión de hacer un tema fuerte para lograr un aplauso, a veces el aplauso se siente de otra manera, un aplauso silencioso y fuerte te abraza, lo sentís y no lo podes olvidar”, relata al resonar lo que fue esa noche en la Plaza Próspero Molina.

Canto y lucha por los pueblos originarios: «Me da placer que desde mi pequeño lugar pude aportar, desde un costado, acompañando»

Sostiene junto a su familia el Espacio Cultural Ruca Pirén, que significa «la casa de Pirén» (pirén: nieve) en lengua mapundungun. Un lugar de resistencia ubicado en el conurbano bonaerense donde se brindan talleres de música popular, de danzas nativas, de coplas y peñas para el barrio. Participaron Teresa Parodi, Martin Neri y Ramiro González, Beatriz Pichimalen y muchos más. “Cuándo pase todo esto esperemos poder reabrir los espacios culturales”, nos dice con esperanza. La pandemia hizo que se paralizara el funcionamiento del centro cultural que funciona en su propia casa.

Además de su canto hablar de Marta Pirén es también hablar de una mujer con fuerte compromiso social activo, con los pueblos originarios (viaja constantemente al sur), con el conurbano bonaerense, con su barrio Glew y con el Movimiento Feminista, Popular y Comunitario, formando parte de la Agrupación Las mariposas de Villa Paris“fui a una marcha y ahí me quedé a vivir”, describe con emoción.

En su discografía encontramos Trabun Mapu/Trabajando la Tierra (’82); Pirén Cantun / El canto de la nieve (’85); Quimey Mapu/Tierra Buena (’91), Huilli Cüref/Vientos del sur (’99), y La fuerza de mi canto / Ulcantun Tañi Newen (2005). Todo su material se puede hallar en las redes sociales.

– ¿Cómo fueron tus primeros pasos con la música?

– Todos los inicios tienen que ver con una búsqueda, aún si uno no está muy consciente de que está haciendo una búsqueda, se van dando las cosas y una va encontrando caminos quizás inesperados, en mi caso en lo personal imagínate que viviendo en Burzaco no habiendo viajado jamás al sur, cuando yo comencé a ahondar en este repertorio patagónico tenía 16 años, no había viajado al sur, por razones personales, de estudio, económicas, cuestiones que hacían que no hubiera podido viajar al sur. Me gustaba muchísimo nuestra música, nuestro folklore, sobre todo aquellos artistas que tenían un cierto compromiso en las letras que abordaban y componían, era seguidora de ese tipo de música, por supuesto que el hito más importante era Mercedes Sosa, pero además otros artistas y conjuntos. Después me encuentro con el repertorio patagónico, y fue para mí muy importante, porque seguía esa línea que a mí me gustaba, pero aún no tenía muy claro dedicarme profesionalmente a una carrera musical, cantaba de una manera muy casera, de amigos, en la escuela. Empecé de a poco a abordar el repertorio de sur, que me parecía una historia ocultada, relacionada con nuestros pueblos originarios del sur, una historia desconocida en ese momento, estamos hablando de la década del 70, los primeros autores que aborde fueron Milton Aguilar y Marcelo Berbel. Me parecían letras muy particulares, por que era un descubrimiento de algo que no había podido ser, en el sistema de aprendizaje de la escuela y educación supuestamente deberíamos haber tenido conocimiento de lo que pasó con los pueblos originarios, las matanzas, el robo de tierras, pero no era así. Si mi generación hubiera tenido ese conocimiento hoy no nos sorprendería que reclaman los mapuches, en definitiva, toda esa cuestión me lleva a pensar la música, a unirla.

– Y empezaste a tomar el repertorio patagónico…

Si. Eso me llevo a relacionarme con los autores del sur y que me contaran la otra verdad. Si yo tenía una herramienta tan poderosa como es la voz, que puede trasmitir a otras personas, hacerse visible, que puede multiplicarse, empecé a utilizarla para expresar mi pensamiento, decir cosas bonitas porque también hay paisajes hermosos en las letras, pero además apoyar o sentir un compromiso hacia esa causa con los pueblos originarios que en los 70 estaba oculta quieta y callada, por cuestiones políticas e ideológicas. Desde hace algunos años se viene haciendo un movimiento desde el mismo pueblo originario que valora y reivindica exigiendo sus derechos, entonces de alguna manera si yo hago una línea de tiempo, desde que comencé a cantar esta música y sobre todo la patagónica, ha habido una evolución de fuerza de esos pueblos tan importante que un día pudieron alzar su voz. Siento una emoción al poder transmitir en los recitales lo que venía pasando con esa historia, me da placer que desde mi pequeño lugar pude aportar, desde un costado, acompañando. Nunca por sobre, eso hay que tenerlo muy claro. Cuando se acompaña un compromiso nunca hay que ponerse por sobre encima o adelante, sino a la par, aportando lo que puede. No hay que tener el “yoismo” que te hace pensar que vos encabezás una lucha que no te pertenece, soy acompañante de esa lucha, sobre todo aquellas personas que tenemos la posibilidad de trascender en mayor o menor medida, pero tener cuidado con el ego, que eso no supere la verdadera humildad que tiene que tener un compromiso.

– ¿Cómo adoptaste el nombre Marta Pirén?

– Yo me llamo Marta Noemí Gione, de apellido italiano, no combinaba mucho, cuando empecé a cantar música patagónica decidí ponerme el nombre artístico, hoy a la distancia ya con 63 años de vida, uno se da cuenta de que más allá del nombre está el laburo de uno. Pero bueno, era lindo buscar un nombre y Pirén me encantaba, yo lo siento hoy como mi nombre real, tengo algunas pequeñas vidas las cuales le han puesto Pirén por mí, muy orgullosa. «Pirén» quiere decir «nieve» en mapudungun, me lleva a los paisajes patagónicos que conocí a fin de los 70, esas montañas hermosas y la nieve.

– ¿Cómo es la experiencia del Espacio Cultural Ruca Pirén?

– El espacio cultural quedo trunco por la pandemia, fue terrible, todo el año 2019 hicimos ciclos, muestras, talleres y actividades culturales en el Espacio. Es una experiencia hermosa, pero en el 2020 no lo pudimos reabrir. Como el Espacio es mi casa se hizo difícil continuar. Tenemos muchas ideas y ganas de hacer cosas, nos juntamos con grupos de amigos músicos de la zona, tocamos en las plazas de la zona por cuestiones de lucha, pertenezco a una agrupación de mujeres feminista y comunitaria, tratamos cuestiones de género, niñez, pobreza, cuando se hacen actos en las plazas nos juntamos músicos locales para reclamar y acompañar esas luchas. Así que con esos compañeros iniciamos esta idea de Ruca Pirén. Que era hacer en mi casa un espacio donde se pudieran llevar adelante actividades culturales, sostenerlas, talleres de música folclórica, de danzas, tango, de aprender a coplear (grupo de mujeres exclusivamente),  y una vez por mes llevar un artista invitado a tocar. Pasaron por casa Teresa Parodi, Martín Neri y Ramiro González, Beatriz Pichimalen, Eduardo Paillacán, más artistas locales, la intención era tener un lugar donde nos pudiéramos reunir gente que no tenía tantos espacios, era un momento muy particular donde nuestra cultura fue muy atacada por los 4 años del gobierno anterior; el hecho de juntarnos a bailar, a coplear, a cantar nos daba fuerzas para resistir y esa fue nuestra lucha cultural. El espacio está a cargo de mis hijos. La experiencia fue maravillosa. Lo único que mantuvimos en forma virtual fue el taller de coplas. Cuando pase todo esto esperemos poder reabrir los espacios culturales.

– ¿Cómo fue tu participación en el Festival de Cosquín?

– Para mi Cosquín fue una experiencia muy importante, era un poco mi primera salida profesional, fue una gran posibilidad ya que a partir de ahí pude grabar mi primer material. Era una experiencia esperada para observar que sucedía con esto que yo hacía, como llegaba a la gente, porque hasta ese momento yo me venía manejando con lugares pequeños, barriales, peñas. La experiencia fue maravillosa: primero gané el Pre Cosquín sede Quilmes, luego gane allá y eso me dio la posibilidad de que me inviten una noche al escenario mayor, y esa noche contrariamente a las sugerencias que uno siempre escucha alrededor, yo soy medio caprichosa, todos me sugerían que hiciera un tema fuerte, en el Pre Cosquin había hecho Chaltén que es un tema que pega mucho, todos me decían “un tema fuerte…” y yo elegí Piñonero, que no es para nada un tema fuerte, es un tema de gran sensibilidad, y para mí era mi termómetro. Salí temblando, hice una pequeña explicación para entrar en tema, estaba repleta la plaza y nunca voy a olvidarme la sensación de haber visto semejante multitud en silencio escuchando mi canto, un silencio que se cortaba, y eso para mí fue muy emocionante, eso me dijo: “sí, la gente está preparada para escuchar y emocionarse”, no es solo cuestión de hacer un tema fuerte para lograr un aplauso, a veces el aplauso se siente de otra manera, un aplauso silencioso y fuerte te abraza, lo sentís y no lo podés olvidar. Se ve que gustó y me invitaron a cantar dos noches más. Salí Revelación del año 1982. A lo largo de varios años me invitaron a cantar y después no fui más.

«El que tiene la posibilidad de trasmitir desde el canto, las redes o donde sea, debe hacerlo»

– Y en contraposición, ¿qué sentís al tocar en lugares más pequeños?

– Tengo experiencias a lo largo de mi vida en lugares chicos donde se palpita esa sensación en el ambiente que conmueve, te sentís en el poder de la palabra. Es un ida y vuelta de la gente que está escuchándote, es algo que está cubriendo ese lugar que tiene una energía particular, son grandes experiencias. Es el placer más grande, y el amor que recibo en esos lugares: la gente me escribe en las redes sociales, me dice que aprendió tal cosa, “para mi Ud. me hizo repensar”, “le puse un nombre mapuche a mi hijo”, esas cosas forman parte del amor de mi vida.

– ¿Qué ritmos abordas en el repertorio patagónico?

– En el repertorio patagónico vos podés hacer una especia de panorama general musical, pero la canción especifica que identifica a la Patagonia tiene una connotación de pueblo originario, como es el «Kaani» por el tehuelche y el «Loncomeo» por el mapuche. Es el gran legado musical que dejan los pueblos originarios a través de sus danzas sagradas, ese legado musical que después los compositores contemporáneos han recreado para poder crear música con la base de esos ritmos. Lo que son cancioneros sagrados de las comunidades quedan en los pueblos originarios cantados por su gente originaria. Lo que yo canto son canciones recreadas por los autores que han tomado ese legado de raíz originaria para hacer sus composiciones. Eso por un lado, y por otro lado está el cancionero que llega y se arraiga a la Patagonia que tiene que ver con los triunfos, milongas, la cordillerana que según me conto Marcelo Berbel es una mezcla de milonga y habanera llegada por las colonizaciones a nuestra sur, todo lo demás forma parte del panorama musical desde La Pampa para el sur esta entrelazado.

– ¿Por eso te impresionó el loncomeo Pehuenche de Marcelo Berbel?

– Fue uno de los primeros temas que me conmovió. Fue uno de los primeros que escuché, ese tema me tiró el ganchito y me llevo para el lado de la música de la Patagonia. Me pescó. Imagínate que decía “Tus tierras tenían cumbreras de estrellas, el valle era tuyo, el bosque también, Hermano Pehuenche yo entiendo tu pena eterna en el agua que vuelve a llover”. Escuchar eso, además con la fuerza que la cantaban Guchi y Hugo Berbel, esos dos muchachos que iniciaron ese camino, me conmovió y me dije que esto, acá hay algo que desconozco entonces empecé la búsqueda.

– ¿Continúas relacionada y comprometida con la causa de los pueblos originarios?

– Estoy relacionada porque tengo amigos en el sur, gente que está trabajando con distintas luchas, con las cuales estoy comunicada permanentemente. Con la pandemia seguí con el apoyo a través de las redes. Desde mi lugar y en el escenario todo se multiplica, no quiero hacer solo historia, la historia es lo que vos podés contar sobre lo que sucedió con los pueblos originarios, es una verdad que una tiene que transmitir, pero esa historia no es solo pasado, se siguen cometiendo atropellos que quedan escondidos, como el Lago Escondido. Se desconocen un montón de situaciones que pasan, muchos atropellos que no trascienden, solo trascienden para los grandes medios una tragedia como la de Rafael Nahuel o Santiago Maldonado, que se llega al extremo de matar una persona, esos dos temas trascendieron, pero hay muchas injusticias con los pueblos originarios que viven en el sur que no se visibilizan, sobre todo los jóvenes originarios que están luchando por defender sus derechos que le siguen poniendo el cuerpo. Porque en el medio de todo ese silencio, en ese paisaje inmenso, quedan escondidos muchos atropellos, que no son parte del pasado como si fuera una revisión histórica para una clase. La revisión histórica hay que hacerla para tener conocimiento, pero ahora hay que revisar lo que está sucediendo y es mucho lo que pasa. El que tiene la posibilidad de trasmitir desde el canto, las redes o donde sea debe hacerlo. Es muy interesante el trabajo que hacen las mujeres mapuches, jóvenes, en Junín de los Andes, o en Cushamen Esquel le están poniendo un cuerpo que es impresionante.

– ¿Cuándo nace tu compromiso con la lucha feminista y popular?

– Hace 11 años que pertenezco a una agrupación que se llama Las mariposas de Villa Paris. Me invitaron un grupo de mujeres que pretendían armar una agrupación en el barrio. Fui a una marcha y ahí me quedé a vivir. Te voy a ser sincera, a mí me llevo a esa reunión un compromiso con una vecina que me pareció desairarla si no iba, fui y nunca me imaginé que realmente ahí iba a encontrar un lugar de empoderamiento para mí misma como mujer por que todas las mujeres con nuestras diferencias de posibilidades y de vida fuimos criadas en el patriarcado con una falta de poder y por violencias que no solo suelen ser de puño. Tuve la suerte de ver como esas luchas dieron sus frutos, por mis nietas y mis hijas. Villa Paris es un barrio que queda a 10 cuadras de mi casa, es una toma de tierras, allí se inició porque había una gran cantidad de casos de violencia de género, es un grupo con diversas identidades, grupos etarios distintos, fue una lucha muy importante, de crecimiento y capacitación, que también acompañé con la música, eso me llevo a incluir en los recitales esas temáticas. Eduardo Guajardo (autor de Rio Turbio) que compuso Una mirada al sur, con marcado compromiso social, me propuso cantar el tema Tapadas de silencio que tiene que ver con esas muchachas que desaparecen y no las pueden encontrar más. Se convirtió en un tema en la campaña de búsqueda por la vida Diana Colman y ahí comencé a abordar otro tipo de temática sumada a la patagónica. Hay una cuestión de género muy fuerte en las mujeres de los pueblos originarios, que también han sufrido el patriarcado. Aimé Painé comenzó esa lucha, la fui a ver varias veces cuando hacía recitales en el Teatro San Martín, la he encontrado en la Patagonia cuando yo estaba ya cantando en festivales, me merece un gran respeto su trabajo de recopilación del canto sagrado mapuche y a través de eso transmitir filosofía de vida y la lengua mapudungun (que significa «el hablar de la tierra»). Cada cosa que uno puede aprender en relación a la música sagrada, frases, palabras sueltas, del pueblo mapuche, todo tiene una connotación profunda muy importante para la vida. Para descubrir el sentido que ellos le dan, que a veces tienen miradas distintas a los que somos de familias “occidentales”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.