Por Pedro Robledo | pedritoro@hotmail.com

Fotos: Gentileza de Mis Discos


Ante un teatro Lavardén colmado, con una producción visual y estética de alto impacto, la artista formoseña concretó su tributo a Mercedes Sosa.
PH: Male Balbazoni
Las canciones, entre ellas varias del repertorio de la gran cantora tucumana, estuvieron atravesadas por la electrónica y por los duetos imaginarios producidos mediante una eficaz labor técnica.

 

Comenzó el recorrido con “Caja de música”. Desde el arranque, la tarea del rosarino Juan Blas Caballero aportando sonidos electrónicos fue fundamental para el desarrollo de la propuesta.

 

 

Para introducir los temas, se utilizaron testimonios de Mercedes sobre diversas cuestiones que dejaron claras sus ideas y posturas, a las cuales adhiere Charo.
La electrónica cedió terreno a lo criollo en “La colina de la vida”. Con Charo iniciando su desempeño en el bombo legüero y la voz de Mercedes hablando de sus orígenes y de sus abuelos quichuistas y vascos franceses. “Esto explica mi rostro aindiado y mis fuertes convicciones”, confiaba en el video La Negra.

 

PH: Male Balbazoni
La lejanía, el sufrimiento, la soledad y el exilio fueron los asuntos abordados en la intro de “Razón de vivir”.
Con el desafío de compartir interpretación imaginaria con “La Negra”, en esta obra de Víctor Heredia, Charo tocó el cuatro venezolano.

 

PH: Male Balbazoni
Mostró su gran trabajo gestual y corporal, con posturas cercanas al flamenco y guiños vocales a la lírica.
Con esa postura de “cantaora flamenca” también, cantó “Gracias a la vida”, el himno latinoamericano de Violeta Parra, después de un relato de Mercedes acerca de la aparición “salvavida” de Pocho Mazzitelli en su vida y en su carrera.
En “Sabiéndose de los descalzos”, el violín de Luciano Jazmín otorgó aires árabes que La Charo acompañó con una sutil coreografía.
Jazmín volvió a lucir con un solo en “La maza”. En este tramo, Charo se dedicó a saludar.

 

“A ver Rosario, buenas noches!”, dijo arengando a un público que se prendió y acompañó con palmas el tema de Silvio Rodriguez.
Después del saludo, presentó a los músicos, tomó aire y expresó la intención del espectáculo: “celebrar a una artista que no sólo tuvo que ver con la música, sino también con el compromiso”. De esta manera anunció el cierre de “Exilio”, la primera parte del homenaje.
“Origen”, el segundo eslabón, inició con Mercedes contando una anécdota vinculada a la visita de un pájaro a su casa, ella lo interpretó como una presencia protectora enviada por las madres de los pueblos originarios. Esa cosmovisión en la cual Mercedes creía, era contradecida por su hijo y su nieta. “Este Fabián y esta Araceli, no creen en nada”, finalizó con risas el relato.
La Charo introdujo el segmento explicando que “Origen, tiene que ver con las creencias que la sociedad perdió y sobre el poder mágico de la música”.
PH: Male Balbazoni
Para comenzar, compartió su versión de “Araruna” en lengua tupi guaraní.
La Charo se auto-define como cantautora y ya hace años muestra sus propias canciones compuestas con Diego Pérez para el proyecto Tonolec.
En su idea de vincular sonidos argentinos y venezolanos, cantó “La marejada”, incluida en su primer disco solista, explicando previamente el origen del cuatro, el instrumento llanero que también interpreta.

 

Antes de cantar “Sabana esperanzada”, reconoció la figura de Jaime Torres, el compositor de la música del tema que tiene letra del dibujante Tute. “Compartimos mucho vino con él”, dijo Charo al pedir aplausos para el inolvidable charanguista.

 

Generosa, le cedió un espacio a Juan Sardi, músico fueguino que mostró sus virtudes con “Viejo soñador”.

 

Volvió con cambio de vestuario y, resaltando la influencia de lo afro en las músicas del continente americano, explicó el vínculo rítmico de los tambores con el bombo legüero.
Pidió luz en la sala y se dedicó a jugar unos momentos con el público, instalada en los sonidos del malambo.
Rescató “Malambeo”, otra del disco anterior, enriqueciendo la puesta en escena con la performance de Albano Saltiva, Ricardo “Ricky” Lorenzatti y Maxi Bravo, este último director de la prestigiosa compañía de danzas rosarina Soy Malambo.

 

“Tengo ganas de volver a nuestra cantora”, dijo luego de este tramo de alto impacto visual y sonoro.
Las palabras de Mercedes Sosa acerca de las bondades del canto con fundamento, “el que sale del pueblo”, preludiaron una canción especial.
La obra “Cantora”, creada por Víctor Heredia a pedido de Charo, significó una clara síntesis de lo que significa Mercedes para el arte latinoamericano.
Siguió con “Soy pan, soy paz, soy más”, la obra de Piero que fue acompañada con imágenes de aquellos conciertos de Mercedes luego de su regreso del exilio.

 

PH: Male Balbazoni
La voz de La Negra declamando sobre la miseria, las injusticias y que en democracia hay que seguir luchando, ofreció el contexto ideal para su interpretación del huayno “Celador de sueños”.
“No podemos celebrar a Mercedes sin hacer esta canción”, dijo cuando la gente pedía más y allí dio su versión de “Volver a los diecisiete”.
Se despidió con “Campo afuera”, con la intervención de los bailarines bajando a la platea invitando al público a bailar la popular chacarera de Carlos Di Fulvio.

 

PH: Male Balbazoni
La propuesta de Fabián Matus, hijo de Mercedes, de celebrar con diversos conciertos la figura y la obra de su mamá tuvo en este caso un contundente resultado que permite además seguir valorando la evolución artística de Charo Bogarín.
Con la labor de Juan Blas Caballero, las programaciones se cruzaron con lo criollo, generando un universo sonoro que consiguió mostrar ideas e intenciones de reunir tradición y contemporaneidad, conceptos que Mercedes Sosa dejó como legado.

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