Entrevista con Dolores Solá, la vocalista de la banda que lleva 25 años marcando el mundo del tango y más allá.

Por Flavia Campeis | flaviacampeis@hotmail.com

Foto de portada: Gentileza Dolores Solá


Hikikomori es un disco con aires de postnuclear. Así lo describen sus mentores, la vocalista Dolores Solá y el compositor Acho Estol. Se trata del último material de La Chicana, la banda que lleva 25 años dejando su huella en el mundo del tango, pero que siempre va más allá y ahonda en el vals, la milonga, la chacarera, el gato, el estilo, el chamamé, la zamba, y también pasan por el rock, la cumbia y géneros internacionales, en todos con su identidad bien marcada.

La banda nacida en Buenos Aires a mediado de los 90 editó su último disco en 2020 en plena cuarentena por COVID-19 con un particular título: Hikikomori. El término en japonés se refiere al síndrome de un estado de aislamiento social agudo, un fenómeno por el cual las personas abandonan su vida social y buscan grados extremos de aislamiento. 

Hikikomori salió del encierro en diciembre pasado y hoy se consigue tanto en disquerías como en Spotify. En una entrevista con De Coplas y Viajeros, Dolores Solá, conocida como Lola, la voz distintiva de La Chicana, contó el proceso de creación y cómo el encierro repercutió en la banda que lidera junto a Estol, quién además es su pareja.

Del mundo al adentro

Venían de hacer su última producción en 2017, La Pampa Grande, que fue un ida y vuelta entre el Río de la Plata y Río Grande Do Sul (Brasil), pero antes de salir su nuevo material, vino el encierro. Sobre ese salto, Dolores Solá explicó que “uno no tiene mucha conciencia de cómo fue esta transición, uno empieza a hacer un disco antes de sacarlo. Acho todo este tiempo compuso y me fue mostrando los temas e iba armándose un grupo de temas, un cuerpo, y de repente, vino la pandemia. Fue gracioso porque me los mostró y me dijo son un poco posnucleares todos, medio catastrófico. Después vino la pandemia y todo parecía una nimiedad, demasiado sutil”.

Si bien la mayoría de los temas fueron compuestos previo a la cuarentena, Los encerraditos se sumó al concepto de la obra como resultado del confinamiento, incluso con la compañía del canto de quienes estaban encerrados con ellos, los perros. En el video de este tema se ve a Dolores y Acho en una cama, con sus dos perros y de telón de fondo un viaje por el universo. “Se nos ocurrió que se llamara Hikikomori, que quiere decir los encerraditos, porque es un concepto japonés de un síndrome social de adolescentes que no salen de su casa, que se quedan haciendo todo a través de la computadora, y es un síndrome muy preocupante” explicó Solá y agregó: “bajo ese nombre, ese concepto, y en la cuarentena, elegimos algunos de los temas que me había mostrado Acho, otros los dejamos para un disco posterior y fuimos eligiendo los covers que iban a acompañar esos temas”.

Lo postnuclear que aparece en este disco casi como una premonición de la pandemia, la banda lo atribuye también a otro momento: “yo creo que la negrura que acompañó la composición de esos temas en su momento más que la pandemia, fueron los cuatro años de macrismo y la derecha en el mundo. Eso lo enfocó a esa cosa oscura y postnuclear, después, encima, vino la pandemia”. 

Los temas

La Chicana está relacionada directamente al mundo del tango, pero siempre, siempre, van más allá.  De hecho, en Hikikomori hay un solo tango de Estol que se llama El peor. “Por supuesto que siempre hay música del universo tanguero, milongas, valses, pero este es el disco de la chicana que menos tango tiene”, asegura Solá. 

Este disco tiene once temas de Estol y cinco versiones de temas que la banda se propuso interpretar, pasando por: Candombe para el que hasta ayer reía, del Cuarteto Cedrón; Les histoires d’A, de Rita Mitsouko; una versión en cumbia de Malísimo de Rubén Rada; una traducción de Estol del tema Fuego Amigo de Sean Ono Lennon y dos de Charly García: Pedro trabaja en el cine y Rejas electrificadas.

Produjeron un disco que lleva el nombre de un trastorno del encierro, sin embargo, el encierro no cambió tanto la vida al interior del hogar de La Chicana. En el mismo PH en Buenos Aires en el que viven Acho y Dolores, con sus dos perros, sus plantas y sus objetos preciados, está el estudio de grabación de Estol. Lo que sí cambió la cuarentena fue la presencia del desfile de músicos por allí. Las grabaciones del disco las hicieron cada uno desde sus hogares y luego las unieron. Lo que también se vio truncado fue la cantidad de shows que La Chicana daba a lo largo del año, sobre todo en Buenos Aires, pero también en el resto del país, como lo han hecho en varias oportunidades en Rosario, y en el mundo. Ante la incertidumbre actual, la vuelta a los escenarios aún no está en agenda para ellos: “somos muchos y a la hora de presentar un disco queremos hacerlo bien y con todos los músicos, así que todavía no sabemos bien como viene este año en materia de tocar en vivo”, dice Solá y asegura que no les gusta tocar por Streaming y hacer shows online.

 

La obra en mano

Los discos de La Chicana en formato físico son una obra de arte desde que se tienen en la mano, incluso antes de sonar. Su estética siempre es diseñada por Acho Estol y pensada como un concepto integral entre la música, la gráfica y los detalles. La sutil belleza de la artística de Hikikomori la explica Solá: “está hecho de todo lo que está dentro de nuestra casa, de los adornos, libros, los perros, la iconografía de nuestra casa en el encierro. Es un arte especialmente querido porque está lleno de nuestros objetos queridos. Yo soy muy fetichista, quiero tener los discos en la mano y, a parte, en los discos de La Chicana, el diseño, el arte, completan el concepto”. 

La marca de La Chicana en el tango

La voz inconfundible de Dolores Solá puede llevar a un conventillo de los años 30 en dos segundos y su potencia parece recorrer la historia del tango. Para ella, “la presencia de la mujer en el tango estuvo siempre” y nombra a Tita Merello, Mercedes Simone, Ada Falcón, Azucena Maizani, Nelly Omar, Virginia Luque, Susana Rinaldi, Adriana Varela. “No paramos y ahora hay muchas, yo diría que hay más mujeres cantando tango que varones”, dice.

Cuando se habla de tango en nuestro país, La Chicana ya ocupa un espacio fundamental, con 25 años de historia. ¿Qué le deja al tango? Dolores Solá responde: “yo creo que La Chicana le dejó mucho al tango, hace 25 años cuando empezamos, éramos muy pocos los jóvenes que nos animábamos a hacer tango nuevo, éramos menos los que nos animábamos a hacer temas propios y en el caso de La Chicana hacerlos convivir con grandes temas del tango histórico y además con chamamés, chamarritas y cumbia, eso no era usual. Sí era usual en Gardel, porque hacía tango y después hacía un Jimmy o un Camel–Trot o un paso doble. Pero después esa libertad, esa cosa lúdica que tenía Gardel, lo tenía Corsini y Magaldi, se perdió, y el tango se hizo muy endogámico. Y nosotros fuimos los primeros en decir no, sacamos un disco con temas propios que además tiene Chorra, Gorda, La mina del Ford, tangos de la década del 20, pero además hacemos un chamamé y una milonga. Fuimos los primeros en pegar esa patada al tablero y eso fue permanente y eso fue yendo más allá y abrimos una puerta de permiso, de decir esto lo hacemos, vengan y háganlo”.

 

El tango vivo

Las letras de La Chicana pintan a la sociedad actual como el tango lo hizo a siempre a lo largo de la historia. Dolores Solá explica por qué: “para nosotros el tango está absolutamente vivo, salís a la calle y te cruzas con cuatro historias de tango, el pibe que levanta la basura es una historia de tango, la mina que arrastra los pibes con un cochecito con cara de bragueta es una historia de tango, el pibe de la esquina que pide una moneda es una historia de tango. El tango está absolutamente vivo. Ahora si querés hablar del farolito y de la mina que dio el mal paso, no, las historias son otras, pero son tan tangueras como las anteriores”. 

En el disco hay temas como: Gatillo fácil y Futuro vencido donde se destaca la virtud de Acho Estol de no caer en lo predecible a la hora de escribir sus letras, Dolores lo explica: “a mi me gusta mucho que en Acho nada es obvio, si roza un concepto como el gatillo fácil lo relaciona con el amor y no con la obviedad social. Me gusta que no son canciones de protesta, nunca es obvio, siempre acaricia los conceptos”. Paralelamente Dolores aclara la postura de la banda: “nuestro compromiso arriba del escenario es absoluto y total, así que nadie puede tildar de tibias las letras por eso. Es un estilo, pudoroso con la poesía. Si bien tiene mucho que ver con lo cultural y social que ocurre en el mundo, siempre es rozándolo o con un guiño hacia otro lugar, no se entrega a la canción de protesta”.

Después del encierro apareció Hikikomori, pero muchos temas quedaron sonando en el interior del hogar de Acho y Dolores y esperan salir en un próximo disco. Por su parte, Solá está preparando su segundo disco solista, con temas de su autoría.

Mientras tanto, Hikikomori se encuentra en disquerías de Buenos Aires y en Spotify, pero la discografía completa de La Chicana, es imperdible: Ayer hoy era mañana (1997), Un giro extraño (2000), Tango agazapado (2003), Canción Llorada (2005), Lejos (2006), Revolución o picnic (2011), Antihéroes y tumbas. Historias del gótico surero (2015), La Pampa Grande (2016), Hikikomori (2020).

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.