Por Pedro Robledo | pedritoro@hotmail.com


Un reconocido grupo de intérpretes contemporáneos argentinos  ofrece su mirada sobre parte de la obra de Carlos  Guastavino, a quien se considera uno de los grandes compositores del siglo XX.

El vientista Fernando Lerman y el pianista Nacho Abad produjeron novedosos arreglos de once obras de Guastavino, con la premisa de abordarlas con originalidad y con el respeto que impone la historia del compositor  santafesino. El resultado del trabajo refuerza las ideas tradicionalistas del creador y permite ver claro por qué los vanguardistas de su época lo consideraban enemigo de la modernidad.

La cuidada selección incluye temas que, a las ideas musicales, se le agregan notables plumas poéticas. La escritura de Borges apuntala de entrada y empuja la calidad del disco desde su texto.  Milonga de dos hermanos, muestra la solidez y la expresividad de Laura Albarracín dando el tono de relato orillero que requiere la obra.

Se equivocó la paloma, la obra popularizada por Joan Manuel Serrat en toda Hispanoamérica, posee aquí otro formato, diferente al camarístico original .  El arreglo impone una rítmica de vidala, más cercana a lo folklórico, pero también con tratamiento musical que incluye códigos del jazz.

La sección rítmica es aportada por Máximo Rodríguez (bajo) y Tomás Babjaczuk (batería).  El desempeño de ambos instrumentistas resulta fundamental para mostrar la frescura de las versiones y también para que el grupo concrete el desafío del abordaje con mirada contemporánea.

Hornero y El forastero son obras en las que Guastavino muestra su cercanía estilística con los ritmos de la llanura pampeana.  La voz cálida de Albarracín y los tempos precisos del soporte musical muestran el enorme valor de las composiciones y la altura de los poemas de León Benarós y de Atahualpa Yupanqui, respectivamente.

Cuando se conocía la obra La canción del estudiante, en los años 30, se incluía en el listado de canciones patrióticas. La versión original inicia con un tono cercano a lo marcial.  En este tributo, la percusión la refresca y la acerca a sonidos murgueros.

En Hermano, la correctísima interpretación de Laura Albarracín pone el énfasis que requiere la poesía de Hamlet Lima Quintana, esa pluma que siempre interpela y alienta. En el mismo sentido, el texto emerge al frente en Yo, maestra, la letra de la poetisa y educadora tucumana Alma García, otra de las colaboraciones creativas que Guastavino valoraba especialmente.

En los 60, Guastavino , aunque odiado por los vanguardistas, ya era ampliamente reconocido en el mundo académico.  Cosquín y otros festivales le abrieron las puertas del mundo de la música popular cuando dio a conocer La tempranera, considerada un himno por los habitantes de la ciudad tucumana de Monteros.  La sencillez de Guastavino al componer la melodía y la lírica romántica de León Benarós transformaron a esta obra en la más popular de las más de sesenta obras en las plasmaron su trabajo creativo compartido. En este disco, la versión de esta popular zamba respeta las estructuras y quedará como una de las más logradas en los últimos tiempos.

Introducción y allegro, publicada en 1973, es una obra que Guastavino compuso para flauta y piano. En la versión de este tema instrumental, el arreglo no sólo permite los lucimientos de Lerman y Abad, sino que además suma un toque original con el agregado de la base rítmica.

La elevada poesía de Gabriela Mistral cautivó a Guastavino y lo motivó a musicalizar algo de sus obras. El grupo eligió la canción de cuna Rocío, otra popular miniatura en donde Laura Albarracín se destaca con su fraseo.  La labor de re-interpretar a Guastavino se completa con Presencia Nº 9, concretando un diálogo musical de altísimo nivel protagonizado nuevamente por Lerman (saxo)  y Abad (piano).

Lo popular y lo académico se encuentran y dialogan, con la obra de Guastavino como puente.  Este disco aplica ideas innovadoras. El abordaje con este nivel de calidad permite revalorizar un repertorio que aportó de manera significativa al cancionero argentino y, quizás, aflojar las tensiones históricas entre ambas corrientes.

 

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