Aquí una nueva selección comentada de trabajos discográficos recientes que ayudan a atravesar estos meses de pandemia: las obras de Raly Barrionuevo, Mavi Díaz y las Folkies, Seba Ibarra y Daniela Calderón.

Por Patricio Féminis | patfem@hotmail.com


¿Cuál es el poder de la música popular argentina (en diálogo con las raíces y con sus futuros) en plena cuarentena? No sólo acompañar. Mantener juntos cuerpo y mente de cara a los enormes desafíos de estos días: escuchar, compartir, tener empatía. Y no hacer olvidar las dificultades (sociales, monetarias) que los creadores sin facilismo atraviesan no sólo por la pandemia. Hace largos años que luchan y se reinventan para cantar y resonar.

¿A quiénes les llegarán los discos celebrados en cuarentena? ¿Quiénes expandirán, en forma online y presencial, las obras que permanezcan más allá de este tiempo inverosímil? ¿Quiénes ofrecen canciones como antídotos contra la frustración individual y las angustias colectivas? Aquí, cuatro nuevos discos (sin líneas cerradas de identidad) que quedarán entre las ediciones sustanciales de este invierno pandémico que algún día se irá a terminar.

 

Inkonexión – Raly Barrionuevo

 Los ansiosos exigirán un mérito exponencial en un disco en vivo. Un concepto superador bajo las estrellas, al contacto con los demás. Eso tan preciado que hoy todas y todos han de extrañar. ¿Cuál es la gema nueva de Inkonexión, el tercer disco en vivo de Raly Barrionuevo en su larga vida cancionera? La corroboración de su testimonio sonoro: el brillo en el camino al mirar atrás y al intuir qué nuevos patios visitar.

El título Inkonexión (grabado el 2 y 3 de marzo de 2019) es sencillo de explicar. Raly encontró en los febreros del Patio de Ciudad Cultural Kónex (Sarmiento 3131, Buenos Aires) una nueva cuna de entrega con sus públicos en ese reducto abierto del barrio de Almagro. Allí Raly juega de local. Como en cualquier peña tierra arriba, abajo o adentro. No existe una sola forma de caminar.

La música del santiagueño que respira folk y rock (como los discos que pasan por su alma) también tiene respiración urbana. Sin ciudades no hay mirada interior. Y sin los años viajados junto a Lisandro Aristimuño tampoco habría Inkonexión. Su espíritu está en la reafirmación del sendero autogestivo. Y, sonoramente, en los teclados, violines y coros que suma la cordobesa Cci Kiu a esta banda-orquesta. Su hermano de latidos, el baterista César Elmo; el bajista Sebastián Sayes; Mauricio Páez en guitarra y charango; Edgardo Castillo en más guitarras, flautas (y coros, como los demás), junto a Mateo Barrionuevo en percusión y bombo adicionales.

Raly eligió atesorar este equipo en Inkonexión, quizá para ir más allá. Lo novedoso es el recorte: en los diez temas que, a partir de un concierto de dos horas en el Kónex, seleccionó para reflejar lo más primal. Como dijera él mismo en un texto orientador, publicado en Instagram y en alguna gacetilla: “Es tiempo de volver a conectar con el niño y la naturaleza. Tiempo de tomar distancia de lo que nos desconecta y volver a dejar dejar que fluya lo genuino”.

¿A dónde está lo primal, sino en lo que se suele olvidar en toda ciudad así como en el campo? El fluir del agua y su no tan lejana escasez. La contaminación medio ambiental digitada. El ritmo de los pájaros. La convivencia sin odios con el de al lado. Entre las seis reversiones de su previo disco La niña de los andamios hay dos que interpelan en este plano. Y seremos agua y Agua de los tiempos se enlazan exponiendo las gestas comunitarias versus la megaminería a cielo abierto: un alerta frente a los latifundistas de turno que buscan acaparar el fluir colectivo.

El resto de las obras de Inkonexión pincelan otros puntos nodales de su último disco, más cuatro rescates de otros tiempos: Si acaso vuelves, A la libertad, Niña luna y Niña fuego de la América sangrada. Otra catarsis estará en Tu memoria y tu mañana, este himno-agite andino por la tierra. Basta repasar una frase: “La frontera se corrió y el avaro desmontó sin escrúpulo ni son, y sin importarle nada”. En su concepción musical abierta, Inkonexión nos ayuda a reconectar con nuestra propia inmensidad: desde los laberintos de toda gran ciudad. ¿Qué irá cambiar del mundo y de sus penas en la nueva normalidad?

 

 

Gaucha (En Vivo) – Mavi Díaz & Las Folkies

¿Quiénes aún niegan el toque femenino en la música popular? ¿Quiénes reaprenden las identidades disidentes al batallar? De las acciones por más mujeres en los escenarios (reales y virtuales), y de las formas nada solemnes de ligar género y raíz, se alimenta la cantante, gestora, productora y compositora Mavi Díaz. Con su mejor equipo expresivo, expandido con destreza en el vivo: Las Folkies.

Y lo hacen con humor liberador. Con ritmos atemporales y danzas tradicionales, pero muy lejos del discurso nostálgico de un sector del llamado folklore (no casualmente defendido a rajatabla por varones y por mujeres reflejadas en ellos). Con los pies en esta época brotaron estas canciones aún nuevas de Mavi Díaz: las hijas en escena del festejado disco Gaucha, de 2019. Su grabación en tiempo real (dos o tres horas, más la post-producción) corrobora su agite, su ironía y su calidad.

Son trece melodías redondas, de esas que se pueden silbar. La conjunción es imbatible: estas gauchas en vivo son más intensas y dulcemente feroces. Con los sarcasmos marca Mavi Díaz, estas formas del amor cantado no aplauden ni defienden la entrega vulnerable para con el ser querido. Sin vínculos tóxicos. Porque la pasión verdadera no debe tener víctimas ni victimarios.

Las cómplices son estas damas en total entendimiento musical: Silvana Albano en su piano magnético y en la dirección total, Pampi Torre en sus guitarras, su charango y sus arengas vigorosas, y Martina Ulrich en su percusión vital. Sus coros, bajo los arreglos de Mavi Díaz (en línea directa a las Viudas e Hijas de Roque Enroll, y al mejor pop de por aquí) se vuelven parte de lo esencial.

Gaucha (En vivo) se grabó en la Sala Siranush (de la comunidad armenia porteña) el 10 de mayo de 2019, y tuvo dos invitades en sintonía folkie: la cantante Almendra Marilao y Franco Luciani, el amigo-hermano de las armónicas cromáticas que nadie se cansa de escuchar jamás. Y el resultado se eleva en su profundidad multicolor. Bajo la belleza visible circula el peso del estudio, de la experiencia y de la alquimia grupal, que Mavi Díaz entreteje junto a sus partícipes del amor por el folklore sin dogmas. Con ese toque tan natural que nunca se lo podrá, del todo, explicar.

 

 

Seba Ibarra – Todo era primero

El compositor y guitarrista chaqueño sigue buscando la canción perfecta de su Litoral. Y la va a encontrar. Respirando las orillas del Paraná, con sus cicatrices y felicidades alrededor. Y con un sonido pop-folk expansivo, pero a la vez íntimo, que conecta al Nordeste con Brasil y hasta con una huella, diríase, de Sting (como espejo de todo lo que se puede hacer con un buen groove). Aquí está Seba Ibarra para expandirse a sí mismo en el mapa de canciones chaqueñas de su cuarto disco solista Todo era primero. Un gran experimento personal y una sugerencia para los demás: es mejor disfrutarlas con auricular.

¿Cómo? Hay que captar la múltiple y espectral producción de Esteban Peón, quien acompaña o marca hace años las modernas texturas de las guitarras (e inversiones de acordes) que visten la voz sin apuro de Seba Ibarra. Todo era primero nos mostrará su deslumbre, tan local como sideral, y quien halla ido a Resistencia o a cualquier destino de espesos ríos y ciudades crecidas sabrá que el dolor social y el vacío existencial se conjuran con la redondez musical. Las tardes no nacieron para desesperar.

Seba Ibarra sigue sondeando las melodías certeras de su Litoral. Y las va a descifrar. ¿Cuándo? En el punto cúlmine de sus introducciones guitarrísticas con acentos brasileros (como el afoxé, el forró y el mismo samba), para la forma más sintética posible de su sonido pop acústico. En los pliegues más directos de sus canciones introspectivas, con sus desvelos acuáticos y levemente eléctricos. En la feliz concreción de años de trabajo, con un hito nuevo en las diez obras de Todo era primero. Hasta con esas rimas agudas con las que el compositor emula (inconscientemente o no) las acentuaciones del guaraní en el aire.

Además, Seba Ibarra se revelará en la forma paciente de relatar a cada uno de los personajes enigmáticos, galácticos o terrenales, que pueblan sus canciones. Y en los pulsos funk que son parte de su mutante identidad. A la canción perfecta del Litoral la va a encontrar. Y, en el Chaco, todo lo que era primero se pondrá en su lugar.

 

 

Daniela Calderón – Cuyana y nada más

Las mañanas cuyanas tienen un dejo nostálgico muy especial. O, así, muchos las eligen recordar (y volver a cantar) en el siglo XXI, cerca o lejos de idealizar. Es una forma de reestructurar el mito de la cuyanía. Mientras cancionistas que recorren senderos cuyanos en el rock, en el trap o en el hip-hop, bajo las mismas ciudades y pueblos con vista a las montañas hay expertos testimoniales de los legados guitarreros que unen el pasado y el devenir de Cuyo. Sin desdén por lo perdido: con amor por lo vivido en la cuna familiar.

Una de estas exponentes es Daniela Calderón, con su dulce tono de voz de radio AM atemporal, sostenida por sus despliegues de guitarras y sus guitarrones dúctiles en este mapa conceptual: Cuyana y nada más trae dieciséis obras, entre clásicos y secretos, que llegan a una misma sensibilidad. Sus dedos hablan en este viaje por gatos, tonadas, cuecas y valses que dialogan con polcas, milongas, un pasillo, una canción estilo y hasta un chamamé.

Ya sea en obras conmovedoras de Félix Dardo Palorma, de Hilario Cuadros, de Alfonso y Zavala, de los Indios Tacunau o de sus pares cotidianos (tan radiales y tan cabales), Daniela Calderón persigue esa tradición en su gran toma de voz y de puesta de manos con elegancia. Pero no para reproducir el narcisismo masculino tan típico del folklore cuyano (y de todos lados): ella canta y arregla las obras para que pesen y trasciendan en su voz femenina, en vez de conformarse con repetir (sin reflejar en su espejo) lo que sus maestros le legaron.

Por eso el título Cuyana y nada más no es sólo evocativo y protector de una herencia en desmedro de otras. Es la forma que tiene la intérprete para decir que las mujeres no serán sólo la inspiración y las destinatarias pasivas del deseo provinciano. Serán el eje y el motor. Ya nadie hablará por ellas, o de ellas, con desgarro, despecho y afán de posesión. Serán cuyanas y bien guitarreras. Dueñas de sí mismas y de nadie más. Como Daniela Calderón.

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