– Hola, Maite, ¿cómo va?

– Hola, amorcito, ¿todo bien?

– Si, todo tranqui, ¿qué hacemos esta noche?

– ¿Qué preguntita, eh?

– Y sí, así organizamos una salidita linda para este sábado, ¿por qué decís qué preguntita?

– No, nada, el tema es por qué tengo que decidirlo yo.

– No te estaría entendiendo, bombona.

– Sí, decís bombona, le metés algo dulce porque me estás tirando un bardo que vos no podés resolver.

– ¿Un bardo que no puedo resolver?

– Claro, me decís qué hacemos esta noche porque vos no sabés decidir qué podemos hacer esta noche.

– Ah, bueeeeeeeeeeeeeeeeeeno, te levantaste re cruzada hoy. Escucháme una cosa, si te digo «Hola Maite, hoy vayamos al cine», seguro que me dirías «me imponés la salida».

– No, porque es imposible que vos me digas «hoy vayamos al cine», vos decís «che, vayamos a ver la última de Almodóvar», ponele, así, o la última de Darín, qué se yo, una cosa así.

– Y, bueno, y si a vos te gusta Almodóvar y Darín, no te digo «vamos a ver una de terror» que sé que no te gustan, ¿cuál es el punto?

– A vos tampoco te gustan las de terror, no me jodas. El punto es que generalmente me condicionás, porque no decís «vayamos al cine», decís «vayamos a ver la de Campanella», qué se yo, y ahí yo si te digo que quiero ver una comedia francesa ya arranca el despelote.

– A mí me encantan las comedias francesas.

– Ya sé, es un ejemplo Juan, no me la volés.

– ¿Que no te la vuele yo? Ay, ay, ay. De todos modos, me estás dando una vuelta al pedo para definir una salida que puede ser salida o entrada, qué se yo.

– ¿Entradas de qué show tenés?

– No, uf, me hacés acordás al Panza a veces, no, te digo que podemos salir a cenar, al cine, al bar, a La Quiaca, adonde quieras, o podemos entrar…..a casa, digo, a mi depto, con vinito, peli de Netflix y después….

– Ves, me condicionás de nuevo…

– Pero, ¿¡por qué!? ¡Me jodés!

– Claro, ya decís peli de Netflix, y si yo quiero ver PH en la tele, que por ahí hay invitados zarpados en lo de Andy, ¿no puedo?

– ¿Y quién te dice que no podés, Maite?

– Bueno, eso digo, y también está Amazon o HBO, se pueden ver otras plataformas, no Netflix solo, y además, otra cosa…

– ¿Qué otra cosa?

– Y…..me decís vemos la peli, vinito y después….o sea, me estás armando el plan para que tengamos sexo esta noche, y ni sé si tengo ganas.

– Ah, pero vos hoy estás de la peluca, ¿quién habló de coger?

– Ves, ni sexo decís, ya decís coger.

– Bueno, es que me sacás Maite, ya ni sé cómo empezamos a discutir ni por qué. Yo solo te llamé para ver qué onda hacíamos esta noche. Jamás te dije hagamos esto sí o sí o no hagamos esto, siempre lo charlamos. ¿Qué te pasa, che?

– Qué se yo, estoy rara, perdoname.

– Bueno, ¿querés que hablemos?

– Buenísimo, por fin dijiste algo que yo quería hacer.

– Pero Maite, ¿por qué no empezaste por ahí cuando te dije qué hacemos esta noche?

– Y bueno, perdón, una es una y su circunstancia.

– Creo que no hay ser humano en el mundo que no venga con su circunstancia, bombona, y te lo digo no para endulzarte, hablemos de lo que quieras, acá estoy, pero tírame un título: ¿Te pasa algo?

– No, sí, no sé, bah, mejor tomemos un café hoy y ahí hablamos.

– Bueno, venite al depto tipo 9 y así…

– No, al departamento no, mejor vayamos al barcito de siempre, dale.

– No te estoy entendiendo, no veo la diferencia, hasta creo que es más tranquilo en una casa, qué se yo.

– Mejor en el barcito a las 9, dale, bueno, corto porque entró gente al negocio, dale, besoo.

Maite cortó y Juan quedó tecleando. La sintió nerviosa, rara, irritable y encima no le dijo «te quiero»  como siempre, o casi siempre. Por suerte ya había arreglado la música del programa del lunes con el Panza porque ni ganas tenía de hablar de otra cosa después de este llamado. A veces pasan cosas que uno no espera. La verdad, cada vez son más frecuentes las cosas inesperadas. Y uno siempre tiene que andar con la carpetita de soluciones para saltar la valla y seguir corriendo hacia adelante. Otro obstáculo más, otra prueba más, y pensar que todo empezó con «¿qué hacemos esta noche?».

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