Por Diego Montejo | prensamontejo@yahoo.com.ar

Foto de portada: Eduardo Fisicaro


La noche de enero de 1977, cuando Ángela Irene se consagró en el Festival de Cosquín, llovía copiosamente sobre el Valle de Punilla. No tan lejos, en el verano de 1975, había dejado General Pico (La Pampa) para emprender una carrera artística en Buenos Aires de la mano de Mercedes Sosa, quién la escuchó cantar en una radio pampeana y quiso conocerla. Después La Negra junto con su marido y manager, Pocho Mazzitelli, la apadrinaron. Fue ella quien la bautizó como Ángela Irene y logró que firmara su primer contrato. Pero sin Cosquín nada hubiese sido igual, fue el salto a una carrera segura y continua que la llevaría a recorrer todo el país, ya sea como solista o de la mano de artistas de la talla de Ariel Ramírez, con quién compartió escenario por más de 20 años

Ángela Irene en Cosquín 1977

En 1977, Ángela Irene, que compartía terna con Liliana Olle y Viviana Vigil, subió al escenario Atahualpa Yupanqui y cantó la zamba Cruz de quebracho que la condecoró como Revelación del festival, después con esta misma canción grabaría un simple. Ángela contó una y mil veces que cuando escuchó su nombre en la voz del maestro de ceremonias Julio Márbiz  se le vinieron a la mente un raudal de recuerdos: la primera vez que cantó en un escenario en La Pampa con tan sólo 12 años, el día que conoció a Mercedes de la mano del cantor Pedro Rene «Guri» Jáquez, sus compañeros de la fábrica donde había trabajado al llegar a Buenos Aires y sus padres en La Pampa, que no tardarían en recibir la noticia del premio obtenido por su hija.

Como sin quererlo en esta entrevista con De coplas y viajeros, vuelve a gradecer como si hubiese sido una bendición de su mentora, madrina, comadre y maestra, Mercedes Sosa: “Siempre la amé profundamente, la sentí familia, y como tal tuvimos 35 años de vivir juntas cosas importantes, o alejarnos por un tiempo, por algún desacuerdo, pero eso sí, nunca nos peleamos, siempre sabíamos que la otra estaba allí, cerca”.

Este año no pudo hacer mucho en lo laboral, la pandemia la obligó a aislarse por un problema crónico de salud y no alcanzó a estar en contacto con sus músicos porque viven en el Conurbano la provincia de Buenos Aires y no tienen forma de llegar a Capital, lo que les impide hacer algún tipo de trasmisión en vivo. En ese sentido se reconoce como poco hábil para la tecnología, pero no cierra la puerta a alguna propuesta de estas características. Mientras, pasa el tiempo junto a su marido en su departamento de Congreso, prefiere evitar la actualidad porque le genera angustia. Ángela sufre de insomnio y nunca se acuesta antes de las 4 de la mañana, le gusta mirar películas, leer y escuchar música, pero lo que más quiere desde comienzo del año es poder viajar a los Estados Unidos para conocer a su nieto que pronto cumplirá un año.

– Me gustaría retomar la historia de cómo se conocieron con Mercedes Sosa

– En esa época no había teléfonos en todas partes, por lo tanto cuando quería hablar con mi novio, hoy mi marido, que trabajaba en Buenos Aires, me iba a un hotel del centro de General Pico y esperaba su llamado mientras me tomaba un café. En una de esas oportunidades, mientras esperaba la llamada, apareció Guri Jáquez, nos saludamos, nos dimos un abrazo y tras él se escuchó una voz que preguntó: “¿Es tu novia?”, era Mercedes Sosa, casi me muero. Guri le aclaró que no, que yo era una cantante y solía compartir escenario con él. Mercedes me había escuchado la noche anterior por la radio en un festival que se hizo en el club Ferrocarril Oeste de Pico que estaba a una cuadra de mi casa, pero ella no sabía que era yo. La canción que había cantado era La cajita de música de un poema de Pedroni. Ella insistía en conocer a quien había cantado ese tema que formaba parte de su repertorio. Cuando Guri le dijo que era yo me agarró del brazo fuerte y me dijo: “Vení, hijita, que tenemos que hablar”.

– ¿Y qué sucedió después?

– Nos sentamos solas en otra mesa de la confitería y ahí yo le conté que trabajaba en un estudio jurídico y ella me dijo que tenía que dejar La Pampa e irme a Buenos Aires. En el medio de todo esto, finalmente recibo la llamada de mi novio; le cuento asombrada que estoy reunida de casualidad con Mercedes Sosa y él no me creyó (risas). Ella me dio su dirección por si me yo iba a Buenos Aires, esto fue en noviembre del 74 y yo me vine en enero del 75. Pensaba que si iba a su casa no me iba a dar ni bola. Por las dudas antes la llamé, recuerdo que me atendió quién era su marido, Pocho Mazzitelli, y me dijo que fuera sin problemas y tal así fue que terminé siendo testigo de la grabación del disco de Mercedes A que florezca mi pueblo (1975).

– ¿Cómo fue ese momento de recuentro?

– Se dio en la vieja discográfica Philips. Mercedes me hizo entrar a donde se grababa y fue ahí donde me pidió que le cantara a Santos Lipesker, que era el director de la disquera. Vino Pepete Bértiz, se sentó a mi lado con la guitarra y empezó a tocar La cajita de música y yo canté. Por el TalkBack del estudio se escuchó: “Está contratada” y me quedé en shock por 10 minutos, no me podía levantar de la silla porque mis piernas no se sostenían; fue espontáneo, no me lo esperaba. Dos meses después Mercedes me acompañó a firmar el contrato y me puso el nombre de Ángela Irene, yo ni sabía que me iba a llamar así.

– ¿Por qué te eligió ese nombre artístico?

– Yo le hice la misma pregunta y ella me respondió que ya no se usaban más los apellidos. En ese momento estaban María Ofelia y Julia Elena, entre otras. Además me dijo que mi nombre le sonaba a tango y me rebautizó.

– ¿Después de eso los trabajos con la música llegaron enseguida?

– Fue todo tan rápido, por eso me puse a trabajar de otras cosas, por ejemplo trabajé en una fábrica. Mientras iban saliendo algunas cosas, Mercedes me inventaba trabajos junto con otros de sus ahijados artísticos que eran Los de Montero. Íbamos de teloneros a sus espectáculos o grabábamos con ella.

– ¿Cómo es que llegas a participar del Festival de Cosquín?

– En 1976 yo estaba grabando Fundamento coplero (Cacho Ritro – Raúl Mercado) y Lipesker decide mandar esa canción para participar del festival que era el Festival de la Canción, todavía no estaba el PreCosquín. La cuestión es que estábamos en plena dictadura y las autores estaban prohibidos, por lo tanto no me permitieron cantar esa canción. A los organizadores les había quedado una canción, la zamba Cruz de quebracho de Francisco Pancho Berra y Miguel Ángel Gutiérrez con la que después ese mismo año grabé un disco simple que del otro lado tiene la canción Pueblos tristes.

Tapa del disco simple editado en 1977

– Hay una leyenda que dice que detrás del escenario de Cosquín los directores de las discográficas esperaban a los nuevos valores y les ofrecían los contratos

– Sí, era así. Cuando yo salgo del escenario me estaban esperando Ariel Ramírez y Eduardo Falú que me pidieron que grabara con ellos. La autorización para que grabe con Ariel la hizo Lipesker que viajó desde Buenos Aires al enterarse de mi galardón. Así apareció mi primer disco que se llama Ariel Ramírez presenta a Ángela Irene que hizo que todo lo que había grabado antes se archivara.

– Tengo entendido que a Mercedes no le gustó mucho que participaras del festival

– Hay una foto en la que estoy con ella en esa edición de Cosquín (1977) que tiene una cara de enojo terrible. Me regañaba y me decía por qué había ido a Cosquín cuando ella no me lo había aconsejado y yo fui por órdenes de Lipesker de la Philips. Me acuerdo que en esa oportunidad fue con Fiaban (Matus) y Araceli (Matus), que tenía un par de meses, y paraban en un hotel de La Falda. Al año siguiente, en 1978, partió al exilio. Después volvió en 1982 y en 1983 nació mi hija que un año después la bautizamos en la iglesia de Cosquín y Mercedes fue su madrina, la relación siempre fue familiar,  alguna vez nos alejamos por un tiempo, por algún desacuerdo, pero eso sí, nunca nos peleamos, siempre sabíamos que la otra estaba allí, cerca.

– Otro de tus padrinos musicales fue Ariel Ramírez, ¿cómo fue compartir trabajo y tiempo con él?

– Ariel me abrió la puerta de todos los teatros y a la vez comencé con la gira de festivales. En el invierno dimos la vuelta al país con Ariel. Después lo invitó a mi marido para que trabaje con él. En las actuaciones éramos Ariel (Ramírez), Domingo Cura, un guitarrista y yo. Eso fue todo el año 1978 hasta los festivales, incluso en 1979. A partir de ahí fueron 20 años de trabajo en conjunto. Trabajar con Ariel era seguro, era un gran blanqueador de prohibidos por la dictadura, a él no lo jodían porque era desarrollista.

– Muchos creían que eras del norte, ¿qué papel jugó tu disco La cantora de Yala para que eso sucediera?

– Por esa historia de que yo era pampeana y no había repertorio, tuve que salir a los festivales a cantar lo que estaba en ese momento que era la música del norte. Autores como Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana o Cesar Isella estaban prohibidos, los cantábamos en los sindicatos y otras organizaciones. En los festivales tenía otro repertorio que eran temas como La zamba del ángel, La cantora de Yala y Me gusta Jujuy, entonces ahí vino la relación con Jujuy. El disco se llamó así porque fue como una revancha, porque no había mujer con registro para interpretar ese tema. En realidad era una canción que yo cantaba y amaba. En ese disco esa soy yo porque elegí cada una de las canciones junto con el director artístico, con los mejores músicos que había en ese momento.

– Tu último disco Soy (2008) es como una recopilación de muchas de tus canciones de siempre, ¿Cómo fue grabar con tantos invitados, entre ellos Luis Salinas y Pedro Aznar?

– Ese disco tiene una historia de amor, está grabado en vivo, en una sola toma. La idea fue de Diego Clemente que me propuso hacerlo en su estudio sólo con guitarra y voz. Me puse a cantar junto con Pablo Figueroa, que era mi guitarrista en ese momento, y los amigos se enteraron y comenzaron a aparecer. En el caso de Pedro Aznar con la Zamba del Carnavalya la teníamos grabada desde el 2002, yo me había guardado el master, me lo regaló. Ese año yo estaba grabando un disco en el estudio de Boli Iseas con unas horas que me cedió Tarragó Ros. Iseas se pelea con el hermano, que era su socio, y se llevan la mezcladora a Neuquén con mi disco adentro y lo borran. De ese trabajo lo único que me quedaba era lo de Pedro, que lo habíamos grabado en su estudio, es por eso que suena distinto a los demás temas. Con Pedro nos conocimos en un concierto de Mercedes Sosa, él se ofreció sin que yo le diga nada a grabar conmigo. En Soycada uno de los que participaron lo hicieron gratis y por iniciativa propia. Luis Salinas fue quien me propuso grabar la Zamba del ángel o Carnota que me acompaño en El otro camino y no quiso cantarla porque es la zamba que le escribió a su padre cuando se estaba muriendo.

– ¿Qué pasó después de Soy? ¿no volviste a trabajar en un nuevo disco?

– Participé hace ya seis años de Raíz Spinetta con una versión de Crisantemo. Empecé un disco hace un tiempo que ahora está en España. Con este trabajo me pasó de todo, se levantaron los estudios donde estábamos grabando. La producción era mía y de mi bajista Lalo Romero, que en el medio de todo este proceso falleció y yo me quedé dos años sin poder avanzar. Después de eso saqué las tomas de donde habíamos grabado y lo llevé al estudio de Néstor Díaz y puse las voces que faltaban, sólo resta agregar dos voces más. Yo creo que lo voy a sacar con dos temas menos, hace cinco años que estoy con eso, ya no tengo más ganas de cantar en ese disco. En el medio de todo esto grabé para otras personas, pero mi disco no lo puedo sacar.

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