El talentoso cantautor y guitarrista tucumano Juan Quintero presenta “Patio”, el nuevo material del trío que conforma junto a Andrés Pilar y Santiago Segret, en la apertura del Ciclo de Peñas mensuales “Sonamos Latinoamérica”, el próximo viernes 23 de Febrero, a las 21 hs., en D7 (Ovidio Lagos 790 – Rosario).

Por Mariela Balbazoni


Foto: Camila Cagliolo | Gestileza de Prensa Sonamos Latinoamérica.

El colectivo de músicos que hacen “Sonamos Latinoamerica”, que desde 2011 realiza actividades para la circulación de la música popular latinoamericana de forma alternativa a los medios de difusión masivos, abre su Ciclo mensual de Peñas con una propuesta digna de disfrutar: la presentación de “Patio”, el nuevo material del trío que conforman Juan Quintero, Andrés Pilas y Santiago Segret, que busca revalorizar la música folklórica de los años ´50 y ´60, presentando un repertorio que invita a bailar.

En exclusiva para De Coplas Web, Juan Quintero nos adelanta algo de su presentación.

 

M: El Viernes presentan “Patio” un nuevo material en la apertura del Ciclo de Peñas mensuales «Sonamos Latinoamerica», contame un poquito sobre este disco.

J: Mira hace unos 3 años aproximadamente yo le compartí una inquietud a Andrés Pilar y a Santiago Segret que era la de transcribir un repertorio folklórico viejo en el que algunos dúos, el Dúo Martínez-Ledesma y el Dúo Juárez-Quiroga, se asociaron con pianistas. Martínez-Ledesma se asoció con Carlos García, un solista reconocido, que arreglaba mucho para orquestas; y el otro dúo era Juárez-Quiroga, que se asoció con Eduardo Lagos. Desde que la descubrí me encantó esa música. Andrés hizo el trabajo de transcribir esas músicas de piano y así empezamos a tocarla, nos dimos cuenta que nos daba mucho placer y empezamos a armar un repertorio ya para un concierto… Después nos dimos cuenta que cada vez que tocábamos daban muchas ganas de bailar (risas).

 

M: Es un repertorio muy bailable por lo que estuve escuchando…

J: Si! Es un poco el encare del repertorio de esa época, las danzas tradicionales argentinas estaban muy viva en ese momento y no era una moda, sino que la música misma te va empujando a bailar.

 

M: Totalmente… ¿De ahí viene el nombre del disco, “Patio”?

J: Si, un poco sí. En principio era un homenaje al trabajo de los pianistas, pero después hicimos algunas intervenciones nosotros en el repertorio, no solo es el trabajo de los pianistas sino que también hay cosas originales, versionadas por nosotros. Después de esta unificación del repertorio vimos que daban ganas de bailar y compartir, en esa modalidad de la música vieja que nosotros nos imaginamos (y de hecho lo cantamos así), con los micrófonos lejos, al estilo de Atahualpa… Todo eso te coloca en una situación que nosotros denominamos “Patio”, que es un modo de encarar la música.

 

M: Como en la presentación en el Centro Cultural Aroldo Conti, donde el público estuvo bailando a la par…

J: Claro, esa fue una de las primeras veces que dijimos “¿Qué pasa si no ponemos tantas sillas?¿Qué pasa si dejamos un lugar abierto?” Por supuesto, la gente se puso a bailar…

 

M: Ustedes iniciaron una gira en Venado Tuerto que sigue hasta Marzo donde presentan el disco en Buenos Aires, ¿esa va a ser la propuesta para las próximas presentaciones?

J: Si, pero también tiene que darse naturalmente… Tratamos de buscar lugares que no sean teatros al estilo italiano, donde sólo hay butacas sino, en la medida de lo posible, lugares que habiliten a esa otra experiencia que es la de la música y el baile.

 

M: ¿La música de los ‘50/’60 te ha influenciado en tus composiciones a lo largo de tu carrera?

J: Me parece que si, no sabría decirte… Sé que me gusta mucho pero no tengo claro si lo he tomado, como sí lo tengo claro con las músicas de Pepe Nuñez y Juan Falú, que los tomé como modelo para mis composiciones, esa influencia es muy marcada y muy notoria. Por otro lado es una música que yo hace descubrí relativamente hace poco: Eduardo Lagos fue el que me abrió esa puerta, yo lo conocí hace 10 años, aproximadamente. Mi encuentro con ese repertorio lleva ese tiempo, no tengo muy claro qué es lo de ese repertorio que se coló en mis composiciones, lo que sí está claro es que se coló en mi manera de encarar los conciertos, yo hace tiempo no hubiera pensado una situación de estas.

 

M: Vos sos de Tucumán pero te formaste en La Plata. En tus composiciones o en tu sonido, ¿qué evocas de Tucumán?

J: Bueno, por un lado mi madre y mi padre cantaban en los coros de la provincia y tengo un recuerdo muy vivo de eso, de estar solo en un teatro, escuchar mucha ópera, zarzuela, y todo ese repertorio de los coros provinciales… Por otro lado, recuerdo las reuniones muy pequeñas de 10 personas alrededor de una mesa, en mi casa o en las de mis amigos, y ese entorno tiene algo que yo considero fundamental que es la manera de compartir la música, muy plagada de conversaciones, de silencio, de comida, hay algo en esa intimidad del compartir que yo siempre voy a tener como faro. Esto no es lo mismo que pasa en los conciertos, en los que uno sólo es el que expone y los otros son los que escuchan, donde sin embargo hay una conversación, pero, por alguna razón nosotros, los que nos dedicamos profesionalmente a la música, buscamos constantemente esa otra situación: la de la guitarreada que es la que más nos nutre.

 

M: ¿Y qué te hizo elegir este camino?¿Hubo algo o alguien o algún momento que digas “ este fue el momento donde yo me decidí”?

J: Si bien todo mi camino fue como muy casual, no hubo mucha decisión sino que se fue dando de una manera muy orgánica, muy fácil, hubo un momento que sí tuve, que fue el empujón de Juan Falú, que me dijo que tenía que dejar Tucumán e irme a estudiar. Ese fue un momento que yo no pensé, es decir, tenía ganas de estudiar música, pero no pensé en pegar un salto tan grande como dejar mi provincia. Recién apareció esa posibilidad cuando Juan Falú me la sugirió entonces. Si hay un hito, me parece que es ese.

 

M: ¿Y en La Plata qué encontraste?

J: La Plata es una ciudad maravillosa, es un Disney para los estudiantes (risas), porque es una ciudad muy bien organizada, llena de estudiantes de 18 o 20 años de todos lados con muchas ganas de aprender, con mucho movimiento y una vida muy rica, una energía tremenda. También tiene esa cualidad de que muchos de los que vivíamos ahí veníamos de otros lugares, entonces sólo estábamos para eso, algunos con más compromiso o no, pero estábamos enteros para eso (aquellos que teníamos la suerte de que nuestros padres nos ayudaban).

 

M: ¿Y cómo ves al mapa folklórico nacional en relación a los nuevos autores y compositores en este momento?

J: MIra yo siempre que me preguntan eso digo que soy uno de los menos calificados para hablar de eso porque como estoy todo el tiempo con mi cosa o con el pequeño entorno, me llegan muchos discos, pero siento que conozco muy poco en relación a lo que podría conocer un melómano o un difusor.

Lo que sí veo de esta época es el espíritu de cierta apertura y desprejuicio. Por ejemplo, en la época en que yo fui estudiante había, con respecto a estas músicas de los ‘50, un prejuicio bastante marcado, que tal vez lo debe haber en cierto ambiente, pero era un prejuicio relacionado a la “música de viejos”. Ahora se fue abriendo la cosa, veo que varios artistas que tomamos esta música y las versionamos y los que vienen atrás la agarran con mucha más naturalidad y frescura. Creo que estamos en una etapa de mucha apertura, que está buenísima, pero hay que estar atentos a que no se pierda cierta fibra. Hoy queda un poco mal decir que una música vale más que otra, y eso me parece algo valioso, si uno entiende que las expresiones artísticas tienen ese valor que es intrínseco y que no podés decir que algo es o vale más que otra cosa, cuando lo entendés tenés como más margen para disfrutar, primero, y para juzgar, después.

 

M: ¿Cómo ves a la música folklórica o la cultura folklórica en una realidad social que va, cada vez màs, a una lógica más de mercado?

J: Bueno, por ejemplo esta experiencia de “Patio”, y algunas otras que estamos haciendo que son todavía un taller, busca propone otras lógicas, cercana a la de juntarse por juntarse, y no ésto que se estableció tanto del músico en el escenario y el aplauso, que es una parte nuestra, por supuesto, necesitamos ser aplaudidos y mirados y la cosa del ego, que es una cosa con la que tenemos que lidiar, pero por otro lado esta cosa ancestral y folklórica del músico, que es un laburo más como el que hace las empanadas, como el que prende el fuego, como el que sirve el vino, lo importante es la comunión que se está dando ahí. Ya me cansé un poco de ver esos programas de éxito, de “sigue tu sueños” o llegar a Cosquín, me parece que estaría bueno lograr espacios donde el laburo del músico es uno de los tantos laburos en estas celebraciones, en las que son tan importantes el músico que está tocando, como los que están participando.

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