Barbarita Palacios editó Criolla (2021), su segundo disco solista. En charla exclusiva para De Coplas y Viajeros nos cuenta sobre este material que evoca continuamente la idea de mezcla, de confluencia y de integración -“somos la mezcla entre el conquistado y el conquistador”, dice-.  Nos habla además sobre su trabajo creativo, quienes la inspiran y cómo se piensa en la trama musical actual.


“Es un disco expansivo, más hacia afuera”, define la compositora, instrumentista y cantante Barbarita Palacios. Se refiere a Criolla (2021), su segundo disco solista, que contó con la producción general de Gustavo Santaolalla junto a Daniel Martin y Aníbal Kerpel. En su nuevo trabajo, la artista despliega todas sus facetas musicales y profundiza en una búsqueda sonora que transita desde los días de Semilla: conectar el universo de la música de raíz folklórica con el rock, la electrónica y una poética actual. De alguna manera, Palacios fue pionera en eso de mezclar lo autóctono con los sonidos que emergen en el presente; una búsqueda artística que hoy está en boga en todo el mundo.

Por eso, Criolla también es un disco de afirmación. “En este disco digo ‘esta soy yo y esta es la música que yo he vivido’”, refuerza Palacios. “Y además también atravesada por el feminismo y ya más grande, donde ya no me importa lo que piensen de mí. Ya no me peleo tanto con mis otras facetas”, dice. “Me crie en un entorno totalmente musical. Toda mi vida estuve en un escenario con mi mamá y rodeada de musiques. Pero también tuve que romper con eso para poder ser otra artista que no sea ‘hija de’. Todo eso es Criolla, es un pedazo muy grande de mí. Si va (2015), en cambio, era un pedazo más íntimo mío”.

“Yo antes tenía mi banda Semilla y componíamos los tres. Entonces, era más fácil porque había un ping pong. Pero cuando se disolvió la banda yo seguí adelante”, cuenta sobre el proceso compositivo del disco. “Para mí es re importante siempre el otro: no se me carga de significado nada si no hay una tribu, un equipo. Mi primer disco solista era muy introspectivo, porque tiene que ver con saber qué quería hacer yo y cómo seguir adelante sin una banda. Después empecé a trabajar con Javier Casalla y Daniel Martín, que es el productor tanto de Si va como de Criolla, junto a Gustavo”.

«Al menos a mí me parece interesante cuando los artistas no se quedan encasillados en un estilo». Fotos: Nora Lezano

En ese recorrido, el disco nuevo va de canciones rockeras y al palo como Ángel en guerra (Fernando Ruíz Díaz), Sueño de piedra lunar y El viento que va (con Lula Bertoldi) hasta la vidala Te fuiste (con Gustavo Santaolalla), la mántrica En mis Sueños (con Meme Del Real) o la tropical andina Piba cumbia (con Julieta Venegas y Micaela Chauque). “Ángel en guerra pedía a gritos a Fernando… ¡Parece una canción de Catupecu!”, se entusiasma ella. “La canción es de Daniel Martín, la habíamos demeado originalmente para Terraplen, pero quedó afuera. Y ahora la rescaté”. Y en otro plano, aparece Te fuiste: “Es una canción entre lo terrenal y lo espiritual, el aprender a dejar ir. Eso también tiene que ver con un momento de maduración y la importancia de no ver ya la muerte como un sufrimiento sino como algo que es parte de la vida”.

  – ¿Con qué más tiene que ver esa maduración, esa expansión?

– También tiene que ver con la cuestión de los estilos musicales. Siempre me torturaban la cabeza con esa cuestión de que no podía tocar en festivales de rock porque soy una artista de folklore. Pero tampoco soy una artista de folklore porque para los folkloristas soy una artista de rock. En vez de entender que lo más interesante de ser artista es poder reinventarse e integrar todas las músicas. Al menos a mí me parece interesante cuando los artistas no se quedan encasillados en un estilo. De todos modos, también me gustan los artistas que provienen de un estilo musical. De hecho, si escuchás canciones como El viento que va y Te fuiste pensás que son de dos artistas diferentes. Son canciones distintas que entran en el universo de Criolla. Por suerte, ya no estoy tan atada a nada.

– En lo que va del siglo XXI, se ha trascendido bastante la idea de encasillar la música en un estilo. Y también hay una apertura desde el mainstream, en el sentido de apelar a lo autóctono, a lo folklórico, y a la vez actualizarlo con música electrónica o urbana. Desde C Tangana y Rosalía, que llevan el flamenco a su terreno, hasta Natalia Lafourcade incorporando el cancionero latinoamericano a su lenguaje pop. ¿Creés que a nivel global pasa un poco eso actualmente?

– Sin embargo, acá en Argentina todavía no es tan fácil separarse de los estilos. Yo la sigo teniendo re difícil siempre. Y parezco como una loca diciendo «che, avívense, no se dan cuenta lo que pasa en el mundo con Rosalía, Natalia Lafourcade o Julieta Venegas». Para mí esas artistas son pilares y fueron siempre re importantes para mí, empezando por Julieta Venegas. Me voló la cabeza por la cantidad de identidad y rock que tenía con esos dos primeros discos –Aquí (1997) y Bueninvento (2000)-. Y después Natalia también, todo lo que hace con el folklore. Y ni hablar de Rosalía, que todo lo que hace está bien. A mí me da alivio que exista una artista como Rosalía. Porque sobre cualquier estilo puede crear y volarte la cabeza y nunca jamás perder su identidad. Me parece que en el mundo está más adelantado eso, pero acá siento que sigue siendo difícil. En general, alguien que mezcla los estilos desde el folklore es más melódico. Todavía sigue siendo rara la mezcla del folklore con el rock y más desde una mujer. En mi caso, si me llaman para un festival de folklore voy y canto folklore. Y si me llaman para un festival de rock hago mis canciones. Yo puedo jugar en cualquiera de esas dos canchas y en ambos lados me siento igual de cómoda. Pero me parece que la gente necesita ubicarte en algún lado. Artísticamente vendría a ser no binarie, no tengo género definido. De todas maneras, yo soy feliz haciendo lo que hago.

«El artista trabaja en función de la canción, no en función de su ego». Fotos: Nora Lezano

– ¿Te pusiste alguna premisa para este disco, algún punto de partida?

– Yo no trabajo ni ahí sola, entonces es una decisión que fuimos tomando entre todes, tanto con Daniel (Martín) como con Gustavo (Santaolalla). Cada uno sabe en qué momento entra en juego. Y eso está muy organizado emocionalmente. Hace muchos años que trabajamos juntos, también es algo que va sucediendo pero no se sabe bien cómo. Entonces, en ningún momento hubo alguna premisa: cuando compongo estoy atravesada por diferentes momentos, situaciones y estados. En Criolla, por ejemplo, se refleja la ola verde y el feminismo y eso se tradujo en Piba cumbia. No tengo premisas, la verdad. Yo compongo y voy eligiendo las canciones que están a la altura. Maqueteo con Javier y luego eso va a Daniel y finalmente a Gustavo. En verdad, a Gustavo le mostramos cuando tenemos diez u once canciones en maquetas. Y ahí él propone y opina. Y así se va armando. Pero son muchos años de trabajar así y estoy re acostumbrada a ese proceso. Me gusta trabajar así, me llena de adrenalina y ganas de vivir. No sé trabajar de otra manera. El artista trabaja en función de la canción, no en función de su ego. Por eso está buena la figura del curador, del productor. Me parece maravilloso tener un espejo en frente en el que se genera un ida y vuelta y vos podés tener la posibilidad de pensar y ver tu obra desde afuera. Y así poder mejorar también. Pero me llevó mucho tiempo entender eso. Yo defiendo y vivo por las canciones.

– ¿Y en cuál es el aporte principal de Gustavo Santaolalla en todos ese proceso?

– Hay muchas instancias. Yo voy con diez o doce canciones y las escuchamos con Gustavo. Es muy fuerte escuchar la música con él porque tiene un oído muy especial. Entonces, para mí es re importante llegar a ese momento, porque empezás a escuchar con el oído de ese tipo que ha escuchado y hecho tanta música en la vida. En ese momento se eligen algunas canciones y aparecen algunas sugerencias y propuestas. Es un momento glorioso. Y ahí quedan algunas canciones y otras se van. Y luego volvemos a trabajar y le volvemos a mostrar otro conjunto de canciones. Después graban los músicos. Y finalmente se llega a un disco, pero es como que decanta solo. Pero no hay pautas, es más intuitivo el proceso.

– Una de las canciones más representativas del disco es Piba cumbia, con Julieta Venegas y Micaela Chauque, ¿Cómo aparece esta canción?

– Es una canción que tiene una historia re larga. Javier (Casalla) me trajo de regalo de una gira con Bajo Fondo el autoharp, que es un instrumento que conocí porque PJ Harvey grabó un disco en el que lo tocaba. Y también descubrí que lo tocaba Jun Carter. Es un instrumento de origen folklórico norteamericano. Entonces, compuse la canción. Al principio tenía unas ideas, pero no le encontraba la vuelta. Y un día me junté con Virginia Giannoni, del movimiento Ni Una Menos, y Ángela Urondo, en una terraza en Barracas. Nos encontramos ahí con una guitarra y un vino y yo les mostré la canción. Tenía la letra más o menos armada, pero ellas encontraron el quid de la cuestión. En una parte dice: «viva la piba». Porque lo que importa es que no nos maten más. Encontramos ese juego de palabras entre «viva» y «piba». Y cuando tenía la canción terminada, quería llevarla adelante con más de nosotras. Entonces la invité a Julieta Venegas. Soy fan de ella desde el día uno. Y luego invité a Micaela Chauque, como representante del norte de nuestro país y de un instrumento que solo tocaban los hombres: el sikus. Ella es una instrumentista del carajo pero tuvo que pedir autorización para tocar instrumentos como el sikus y la quena. Entonces, ya con estas dos minas venime a buscar…

– ¿Por qué decidís grabar Mbae Pa Ere Cheve Nde, una canción de tu madre, Egle Martin? La habían grabado originalmente Los Huanca Hua…

– Esa canción también tiene una historia. Yo la conozco muchísimo, porque en mi casa se cantaba. Una vez mi mamá la hizo en televisión con Oscar Moro, Edelmiro Molinari, Rubén Rada y Chango Farías Gómez. Y mi mamá tiene una cantidad de obra tremenda, canciones increíbles. Y siempre compuso con otros artistas y escritores, como Armando Tejada Gómez, Pipo Pescador, Homero Manzi y María Elena Walsh. Aunque somos artistas bastante diferentes, yo siempre tenía la cuenta pendiente de grabar canciones de ella. Y además como una forma de reivindicación, porque tal vez por su belleza y su carisma ella no llevó adelante su faceta compositiva. Quedó más atrapada en la cuestión patriarcal y en algunos mandatos. Entonces, terminaba grabando cosas que no eran de ella, porque le parecía que sus obras no estaban a la altura. Un día en un evento me lo cruzo al Chango Farías Gómez y me sugirió que grabe Mbae Pa Ere Cheve Nde. Y en otra oportunidad Javi (Casalla) escucha en la radio la versión de Los Huanca Hua y se dio cuenta que era perfecta para mí. Y le encontramos la onda. La hicimos grabar a mi mamá, que hizo el recitado y los coros. Y Sonia Álvarez grabó el arpa.

Portada de Criolla (2021)

¿El feminismo estuvo muy presente en estas canciones? En Amor secreto, cantás: «Que nadie nos controle/ Es libre como el viento, que empuja y no tiene miedo».

Sí, el feminismo está totalmente presente en el disco. Y también en lo que vendrá, porque ha ido creciendo. Ha sido realmente muy fuerte. Y darnos cuenta de tantas cosas que le han sido tan funcionales al sistema y nos han complicado la vida a todes. Hemos quedado todes muy atrapados en algo que le viene bien a un sistema pero no a nosotres. Así que acá estamos tratando de romper todos esos mandatos que nos han impuesto. Es difícil, pero estamos en deconstrucción continúa.

– El título del disco, ¿es una declaración de principios o una resignificación?

– Tiene que ver con todes nosotres. Somos todos criollos. Pero a la vez es re heavy y es algo con lo que yo me peleé toda la vida. Porque también tiene que ver con la violación de un conquistador a una originaria, es re karmático en algún punto. No es la unión fructífera y amorosa de la mezcla de razas. Es una mezcla de razas por invasión. Pero en definitiva es lo que somos. Por eso también toco chacarera en la guitarra eléctrica. Soy un ejemplo claro en todo lo que hago de la mezcla entre el conquistado y el conquistador. Y lo somos todes sin darnos cuenta. No es una declaración de principios, pero sí tiene que ver con aceptar lo que sos.

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