El 4 de setiembre de 1921 nacía en Santa Fe Ariel Ramírez, el gran creador e intérprete argentino. En todo el mundo se celebra y se mantiene vigente su enorme obra musical.

Por Pedro Robledo | pedritoro@hotmail.com


En su casa de barrio Almagro, los espacios se veían desbordados no sólo de libros y discos, sino también de recuerdos y distinciones, producto del reconocimiento universal que consiguió con su obra. El creador de la música de las obras integrales  Misa Criolla, Mujeres argentinas, Navidad nuestra, Misa por la paz y la justicia y Los caudillos, además de centenares de canciones populares, dejó un legado y un valioso punto de referencia para las generaciones que siguieron su huella artística.

Tocaba el piano desde los siete años en un instrumento que su maestra le prestaba por unas horas todas las tardes. Su padre le compró el primer piano varios años después. Antes de ser músico profesional, fue maestro de escuela. Después de recibirse, ejerció la docencia por poco tiempo, no se consideraba capacitado para manejar el aula y la disciplina de los alumnos.

A 100 años de su nacimiento, el universo de la música lo reconoce como un creador indispensable para el arte popular

Sus primeras investigaciones sobre música folklórica las realizó en Córdoba. En esa provincia conoció a Atahualpa Yupanqui, quien lo escuchó tocar en casa de amigos. Don Ata le pidió una zamba y Ariel le explicó que no sabía tocar el ritmo. Yupanqui lo indujo a visitar Jujuy y Tucumán, pagándole los gastos, para que se introduzca en la génesis de otros ritmos folklóricos argentinos ya que hasta ahí sólo tocaba litoraleños y pampeanos.

El aprendizaje en ese período fue veloz.  A poco de llegar a Tucumán compuso La tristecita. Cuando la dueña de casa le escuchó tocar el tema, dijo «pero qué zamba tan tristecita» y ahí quedó firme el título de la obra.

A pesar de lo antológico de su obra, le resultaba difícil escribir una música después de la letra. “Poner música a las letras es para mí una tortura”, solía reconocer. Tardó diez meses en ponerle música al poema de Atahualpa La hermanita perdida, pero con Félix Luna encontró la mejor química ya que el célebre escritor también era músico y le facilitaba la tarea.

Con Miguel Brascó, con quien sostenía una profunda amistad, escribió muchas canciones, entre ellas la emblemática Santafesino de veras. Juntos crearon Que cumplas feliz año, una forma de cantar el «cumpleaños feliz» a la criolla. En algunos conciertos, hacía imprimir la letra en el programa de mano y se la hacía cantar al público.

Componía de noche. Después de cenar, se encerraba para no molestar a nadie y en su Clavinova empezaban a surgir las melodías. Amante de los buenos vinos, cuando no componía se relajaba escuchando música clásica, en cds ó en videos. Solo viajaba para tocar. Le encantaba hacerlo en auto, disfrutando el paisaje, siempre enamorado de la naturaleza.

La Misa Criolla, una de sus obras cumbres, surgió cuando estaba radicado en Roma, a mediados de 1964. Los textos se basaron en la nueva liturgia aprobada en el Concilio Vaticano de 1963. El director del sello Philips se resistía a editar la obra, vaticinaba que no vendería. Las dos mil placas de la primera versión discográfica se vendieron todas en un solo día, en el centro porteño. La re-edición a la semana siguiente sumó 10.000 unidades, también agotadas. Finalmente, ese año se vendieron 50.000 discos más. Hoy la cifra alcanza varias decenas de millones de placas en todo el mundo.

Las canciones de Mujeres argentinas se ensayaban en su casa. Allí se reunía el staff y, en los descansos, Domingo Cura y Mercedes Sosa hacían jugar a su hijo Facundo. En el momento de la creación, no pensó en la voz de Mercedes, sólo se concentró en componer las melodías. Aunque valoraba a muchas cantoras de la época, Mercedes era una de sus preferidas y sostenía que con ella la canción llegaba al nivel más alto. La admiración con «La Negra» era mutua. Se conocieron en un bar cerca de Sadaic y, cuando la escuchó, decidió llevarla a Europa para la gira de 1967.

Actuaba de smoking, con sus músicos vestidos con ponchos, y sus casi dos metros de altura multiplicaban su imponente presencia. Estuvo en Cosquín por primera vez en 1964, en la cuarta edición del prestigioso festival. Se lució en el escenario con su Compañía y la Comisión le otorgó honor de estrenar el piano de cola de reciente adquisición. Esa noche, además, Eduardo Rodrigo estrenó su obra Zamba de usted.

Referentes: Jaime Torres, Mercedes Sosa, Ariel Ramírez y Felix Luna

Según él, lo mejor que escribió fue la Misa por la paz y la justicia. Compuesta en la década del 70, la obra recién se grabó en 1981.  Dividida en diez partes, en base a textos y oraciones católicas, en este trabajo tuvo la premisa de reinvindicar los derechos humanos universales, con ritmos folklóricos argentinos.

Quienes lo visitaban en su casa, destacaban la gran cantidad de instrumentos a la vista. Teclados, un sintetizador de 88 teclas que tocaba frecuentemente y, en un lugar preferencial, el piano de pared con el que compuso la Misa Criolla y casi todas sus canciones. Si la visita era a la sala donde ejercía la presidencia de Sadaic, allí tenía disponible un piano inglés siempre afinado.

Cuando compuso la Misa criolla, se percató de un detalle: al editarla, quedaría en blanco el lado B del long play. Como idea primitiva, pensó completar el disco con villancicos. Cuando le pidió a Félix Luna las letras urgentes, éste le propuso hacer una obra igual de importante y allí surgió Navidad nuestra, con la misma temática.

En el año 2002 concretó su primera visita a China y, el mismo año, hizo su debut en Miami. Ya había pasado los 80 y le seguían llegando ofertas y se sentía con ganas de seguir componiendo.

La musicalidad de la familia Ramírez no sólo se insinuó luego con las virtudes de su hijo Facundo. Su nieto Gregorio mostraba capacidad para el ritmo y Ariel se emocionaba cuando en la escuela los chicos cantaban Rosarito Vera maestra. A Constanza, su otra nieta, le detectó oído absoluto.

Ariel Ramírez falleció el 18 de febrero de 2010 a los 88 años, luego de transitar una dura y extensa enfermedad. El universo de la música lo reconoce como un creador que aportó de manera fundamental al desarrollo del arte popular.

 

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