Un recorrido por la historia de este músico y productor, figura clave de una escena cordobesa que terminó siendo muy influyente en la música nacional. Impregnó de aires rockeros a la Eléctrica Folklórica de Bicho Díaz, se convirtió en el gran socio creativo de Paola Bernal y su peña de fractura en Cosquín y el gran padrino artístico de Eruca Sativa. Pero sobre todo, un tipo muy querido y respetado por sus saberes y consejos.

Por Andrés Fundunklian | doblecentral@gmail.com

Foto de portada: Rocío Yacobone


“Tengo mi poncho coscoíno”, me dijo con una indisimulable sonrisa, como la de un niño al que le hacen un regalo muy ansiado. Después de caminar juntos algunas cuadras y mantener una corta pero intensa charla sobre la música y la vida, cada uno siguió su propio camino dentro del frenesí  que implica el Festival de Cosquín. En ese intercambio, Titi Rivarola expresó una idea que había adoptado para su vida en esos años: vivir cada segundo como si fuera el último. Por eso, este influyente guitarrista, productor y docente cordobés se multiplicaba en diferentes proyectos en sus meses finales. En todos había denominadores comunes: la pasión, la fusión musical y su generosidad siempre tan ponderada.

Horas más tarde de nuestro encuentro en esos últimos días de enero de 2013, se presentaría en el escenario mayor con la Eléctrica Folklórica capitaneada por el humahuaqueño Bicho Díaz, uno de los proyectos en los que dejó su sello característico. También por esos días ponía su nombre, cuerpo y cabeza a una peña que terminaría siendo clave para la escena artística de aquellos tiempos, junto a Paola Bernal y un gran equipo. Ese año también rearmaría su banda Tórax, una permanente cantera de músicos por la que por ejemplo pasaron los integrantes de Eruca Sativa, el trío que se convirtió en insignia de la nueva generación de la música argentina y en ese tiempo pegaba su gran salto a nivel nacional con Titi como gran inspiración.

El 4 de septiembre de 2013, Jorge Rivarola, tal como lo acredita su DNI, dejó físicamente este mundo a los 50 años tras una larga batalla contra un cáncer. El ambiente de la música de Córdoba se conmocionó con la noticia: se iba uno de sus maestros más respetados. Ese mismo que había sido ejemplo por su camino desde la autogestión, el que siempre tenía el consejo justo y dispuesto, el que no tuvo pruritos de curtirse en el siempre resistido mundo del cuarteto y contarlo con orgullo, el que supo entreverar y hacer convivir al rock y al folklore mejor que nadie por estos lares.

El final es el comienzo

Por estos días se cumplirán siete años de esa fecha. Sin embargo, como se dice siempre y aunque parezca una frase hecha, en este caso es incontrastable. El espíritu del Titi, como lo llamaban todos, está presente y sigue latiendo, tal como ese tema que cierra el disco de Tórax titulado Rock Toro que quedó como uno de sus máximos legados, editado finalmente en 2015 y sin dudas uno de los mejores ejemplos para demostrar hasta dónde poder llevar la fusión con respeto y excelencia.

«Es una canción que marca a fuego esta historia para siempre. Es un tema del baterista Pablo Gómez que mientras lo grabábamos nos hizo pensar mucho su letra y que define a Titi en todos los aspectos», detallaba Esteban Kabalin, cantante de esa última etapa de Tórax, ladero y un gran amigo.

Titi nació el 20 de Octubre de 1962 dentro de una familia en la que la música estaba muy presente. En sus primero años, su instrumento fue la batería. A los 12 ya tocaba en una banda junto a su hermano «Pelusa», quien luego se radicaría en México. “Le hacíamos la gamba a Sergio Humano, un boliviano nacionalizado que era vecino nuestro de Santa Isabel”, contó sobre sus comienzos en su barrio de nacimiento, en la zona sur de la ciudad de Córdoba, pegado al popular Villa El Libertador.

Alguna vez consultado sobre cómo decidió pasarse a la guitarra, la que terminaría siendo su gran aliada, no lo recuerda con certeza. “Mi primera guitarra era una criolla con cuerdas de nylon. Largué con la onda de la trova y los casetes piratas de Silvio Rodríguez. También con los uruguayos Luis Trochón, Daniel Viglietti, Jorge Lazaroff. Junto a Ernesto Romero y Guille Goldia hacíamos una especie de candombe. Tocábamos en los bares, con Carlos Piano”, rememora en una entrevista con Germán Arrascaeta de La Voz del Interior, en el último caso haciendo referencia a un cantautor cordobés que fue su compinche en esos primeros años.

Rock y cuarteto

Antes de terminar el secundario ya era profesor de guitarra, mostrando así su inclinación por la docencia desde bien chico. En los años 80, con el arribo de la democracia, también llegó el rock. Cuando sus hermanos le trajeron de México una guitarra electroacústica, la criolla quedó de lado. Formó la banda La Batata junto al «Hueso» Horsmann con un sonido new wave, pero también se metió en el cuarteto, camino que transitó por casi cinco años acompañando a históricos como Jorge «Muñeco» Daniel (hijo de un prócer del género, «Coquito» Ramaló) y Fernando Bladys. Luego contaría que en La Batata se inició en esto de ser músico pero en el cuarteto aprendió a ser un verdadero profesional de este asunto. “Siempre me inspiró respeto que la gente pagara la entrada y se quedara maravillada con el espectáculo. Sobre todo en los pueblos. Ante eso, no podía tener una actitud despectiva”, señalaba sobre un estilo tantas veces bastardeado.

Después de una etapa de estudio y docencia (fue maestro de música en la primaria), más adelante también pasaría por el jazz, formando un trío junto al pianista Germán Náger y el flautista Gabriel «Corto» Juncos, que también fue pionero en Córdoba.

De esta manera, Titi demostraba su gran versatilidad con la guitarra y su amplitud mental que lo llevarían a ser uno de los productores más solicitados de la escena local. Claro, su etapa de docencia le inspiró credibilidad y respeto, como también el sustento económico para poder “tocar lo que quería”. En los 90 desembarcó en La Colmena, donde se codeó con los jóvenes que revolucionarían la música cordobesa años más tarde.

De vuelta a la raíz

Pero faltaba su reencuentro con la música de raíz, que se dio de la mano del mencionado Bicho Díaz. El jujeño estaba buscando un sonido eléctrico para su novedosa formación. Así nació La Eléctrica Folklórica, una formación absolutamente de vanguardia para la música argentina. La anécdota cuenta que en el primer ensayo Titi le explicaba a Bicho que estaba en campaña para conseguir una guitarra criolla y él le pedía más distorsión con la eléctrica. Allí también estaban el Pichi Pereyra en percusión y Diego Bravo en teclados (luego armarían La Banda Inestable, que llegó a ser respaldo del Chango Farías Gómez) y el bajista y compositor Claudio Pacheco, referente de una de las familias musicales más tradicionales de la provincia. “Bicho era un chamán y nosotros éramos sus aprendices. Pero lo cierto es que mi guitarra armonizó con sus cañas y nos volvimos entrañables”, supo decir.

Ese poderoso sonido de fusión andino-rockero y esas puestas únicas en sus presentaciones en vivo con la danza desacartonada como gran protagonista, cautivó a una efervescente escena musical y convirtieron a La Eléctrica Folklórica en una verdadera banda de culto.

«No sé bien que es una banda de culto, pero siento que lo somos por como lo reciben los demás», decía el Titi con motivo de la reunión en 2012 para registrar un DVD en vivo en el Teatro Real que finalmente nunca vio la luz aunque hay algunos buenos registros al respecto. También estuvo el merecido desembarco en Cosquín, tal vez no con el adecuado reconocimiento para lo que significó. Ese siempre fue un karma de la música hecha en Córdoba: le costó traspasar las fronteras, incluso en sus propios festivales.

Paola Bernal, gran aliada

En medio de su metamorfosis folklórica de los años 90, Titi conoció a Paola Bernal. “Fue en 1994 en un lugar que se llamaba CAMP, Conservatorio argentino de música popular. Fui a tomar clases de guitarra con él y desde ese momento comenzó una gran empatía, una resonancia. Al tiempo Titi me apuntaló en mi primer demo y terminó tocando y produciendo mis tres discos”, recuerda con mucho cariño la cantante coscoína.

El punto más alto fue Pájaro rojo, disco conceptual publicado en 2012 con el que Bernal terminó de definir un estilo único que la acompaña hasta hoy. Incluso fue el álbum que los catapultó a la industria, incluyendo nominación a los premios Gardel. Aunque claro, en la sustancial y honesta trayectoria de Rivarola es sólo un detalle para su currículum.

“Con Titi fue siempre compartir, amigos, tribu, familia que somos. Desde el primer momento, así también con Jenny (Náger)”, describe Paola citando a la cantante, compañera de gran parte de la vida de Titi y madre de sus dos hijas, Elisa y Lucía, también volcadas a la música desde muy chicas. “En algún momento nos dejamos de ver, pero recuerdo un reencuentro zapando en la peña De la piel al alma. Fue como recordar que nos gustaba mucho compartir. Entonces empezamos a pulsar Pájaro rojo y fuimos entrando en un modo de sociedad en todo lo que hacíamos. Allí surge La Peña de la Pao y el Titi, él se encargó de darle de una mirada que faltaba”, narra sobre la génesis de un espacio clave en la escena cordobesa y también durante el Festival de Cosquín.

Todo ello desembocó en El Sol del Sur, la peña que de alguna manera tomó el legado de la mítica de Los Copla como el espacio alternativo. Claro que también se impregnó con una impronta bien propia, todavía más ecléctica y diversa que la los Coplanacu. “El nombre se lo puso Raúl Castro, de la Falta y Resto, compañero de Natalia Sendra, mi primera gran socia creativa en esa historia”. Por supuesto que Titi tuvo que ver muchísimo con esa diversidad: se pasaba horas escuchando materiales y buscando novedades. “El último tiempo vivimos intensidad de saber que íbamos en el vértigo, lo que nos hizo despojarnos de muchas cosas para poner la energía en el proyecto. Titi fue mi compañero de sueños y aunque ahora pasó a otro plano, siempre está abrigando y tirando señales”, completa Bernal.

En Titi había una fascinación por el espíritu libre de la música. Tal vez en uno de los proyectos donde más pudo experimentarlo fue en Ukeleles, un power trío instrumental que integró junto al bajista Sebastián Bergallo y el baterista Palín Sosa. En los comienzos de este nuevo milenio, grabaron el único disco de la banda, titulado Fusión pesada. Hace un tiempo, en un aniversario del Titi, Bergallo (junto a su hermano Marín hoy convertidos en una de las duplas de ingenieros de grabación más respetada de la música de Córdoba desde su estudio Desdemona) decidió publicar el disco en YouTube como una suerte de homenaje. “Nuestro sueño con Titi era editarlo y sumarle algún bonus track que habíamos empezado a grabar, una versión de Curvas del trío Náger-Rivarola-Juncos”, decía en el posteo.

El valor de los cambios y los consejos

Ese fue el puntapié para Tórax, en los años en los que Titi descubrió su cáncer, que al mismo tiempo significó su renacer con la música. “Es un término que le cambió la vida para siempre. Fue hacerse un chequeo médico, le hicieron un radiografía de tórax y a partir de ese momento cambió todo”, cuenta con total honestidad Gaby Pedernera, baterista de la formación original de esa banda que fue su gran escuela. Luego llegaría Eruca Sativa y su salto como productor, rol en el que llegó a darle consejos al mismísimo David Lebón.

“Armar una base estable con amigos y tener diferentes invitados para cada ocasión: vientos, sitar, otro guitarrista. Inclusive hablaba de tener formaciones variables. La improvisación era la premisa”, cuenta Pedernera sobre los inicios de Tórax que se completa con el mencionado Bergallo y Andrés Arias, un joven tecladista con herencia spinetteana. Esos primeros shows era una especie de happenings musicales, donde parecía que todo era posible.

“Al tiempo entró Brenda (Martin) en lugar de Seba. Ella siempre una referente para nosotros y allí creo que Tórax se convirtió en una banda con todas las letras”, recalca Gaby. El día que decidieron invitar a Lula Bertoldi a cantar y rockear una vidala, se comenzarían a sentar las bases de Eruca Sativa.

La anécdota contada por Pedernera: “Recuerdo tener una charla con Titi en un bar y que me diga que tenía ganas de invitarla a Lula a cantar una canción. Quería que sea algo distinto. Ahí me mostró Amor ausente y me di cuenta que era una gran idea. Fue sacarla totalmente de su zona de confort. Ella nos dijo que no? sabía cantar folklore, que no sabía qué hacer. Con el tiempo se convirtió en una canción muy importante para Eruca. De hecho todavía respetamos casi los mismos arreglos que en aquel entonces”. Cualquiera que haya visto al trío sabe lo que significa ese tema originalmente compuesto por Claudio Pacheco y Eduardo Bechara y luego interpretado por tantos artistas hasta convertirlo en un gran clásico de nuestro cancionero. Titi lo llevó un paso más allá.

“Fue alguien muy importante no sólo en la música, sino en la vida. Me enseño mucho. Y sobre todo a disfrutar de esto tan lindo que es tocar”, redondea Gaby. El papel de Titi como consejero es algo que todos rescatan. Hasta el mismo Raly Barrionuevo supo decir que al convocarlo por la salida de Ernesto Guevara, guitarrista de su banda, lo alentó a hacerse cargo del instrumento. Cualquier otro con su talento y virtuosismo se hubiera subido al caballo, Titi tuvo la humildad de correrse y alentar el desarrollo de Barrionuevo.

Mientras que él se autodefinía como un “colaborador permanente” de Eruca Sativa, para los tres integrantes está claro que fue mucho más. Cada vez que pueden se encargan de reafirmarlo. Y de alguna manera, la popularidad que logró el grupo es reconocimiento permanente a esas enseñanzas y honestidad, a esa forma de entender la música.

 Nadie mejor para definirlo que su hermano Alejandro, conocido por todos como «Ají» Rivarola y gran compañero de andanzas, además de fundador de Armando Flores, otro proyecto musical que marcó a fuego a la música cordobesa. “Tuvo pegada la guitarra desde niño y así se convirtió en un maestro para muchos. Dejó su huella en todos los ámbitos: la trova, el cuarteto, el rock, el folklore, el jazz y la música en general, porque no tenía prejuicios. Titi luchó contra un cáncer por más de diez años y hasta los últimos días no dejó de grabar y de seguir produciendo, enseñando y encendiendo la llama del arte con su guitarra y su espíritu guerrero, familiar, solidario: un hermoso padre sabio”.

4 comentarios para “Titi Rivarola sigue latiendo: un maestro generoso y artesano de la fusión

  1. Alejandra Carnero dice:

    Hermosa nota y más que merecido recordatorio al trabajo ,creación y carisma de Titi!!!
    Gracias Andres !

  2. Menta Saez dice:

    Hermosa nota Pelado ! Tití Gran Artista , amigo entrañable, tuve el honor de que sea productor de mí disco Canciones Refrescantes; y realmente me enseñó muchísimo! Siempre volando alto, allí sigues Tití acompañándonos!!

  3. Ariel Funes dice:

    Gracias, por hacerme conocer un poco mas en profundidad este capo músico. Soy guitarrista y arreglador en el genero folclore alternativo. Soy del ’62 y conocía muy poco de su obra.

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