Javier Villalba, es músico, cantautor y docente pampeano. Pertenece a la comunidad ranquel y trabaja desde su arte y la docencia para reivindicar sus raíces y defender su identidad. Editó además una historieta sobre la cultura ranquel para uso didáctico en las escuelas. “Soy orgulloso de tocar y contar las historias de mi provincia y de mi gente”, dice.


Javier Villalba es nacido en la localidad de Toay, Provincia de La Pampa. Vivió por distintos lugares del país debido al trabajo de su papá; luego regresó y se radicó en su lugar natal, donde -dice- volvió a nacer existencialmente, descubrió su tahiel, su propia voz interior, cuando se reconoció en su canto originario.

Él se considera un juglar ranquel de La Pampa, un cantautor que, a partir su madre, recuperó su cultura, se acercó a la lengua ancestral de su tierra y aprendió a traducir su mensaje. Le canta al pueblo ranquel, a la sequía por el río robado, a la memoria y lo puede hacer desde el rock, desde la milonga o desde una huella, su música no tiene fronteras pero sí tiene raíz. Su canción Cauce integra el Nuevo Cancionero de Los Ríos de La Pampa y fue Semi Finalista del Pre Cosquín 2016, rubro Canción Inédita.

Como miembro del pueblo ranquel, es integrante de la Comunidad Baigorrita y ascendiente de Pichún Guala. Estudió Licenciatura en Didáctica de la Música y Profesorado de Arte en Música. Como músico editó cuatro discos; el primero en el año 2000;  A dedo en el 2011 y luego  RukaMi casa«) y Chai, rímel Hoy, siempre«) en 2017. Por esos años fue que comenzó una búsqueda sonora originaria y de rescate de la lengua ranquel. Como escritor ha presentado, junto al dibujante Matías Prieto Cane, la historieta Yanka/Rayen, Historias de la Cultura Ranquel en 2019. Y en 2022, la Secretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa le público Rumun Rankul – Rescoldo Ranquel, siendo el primer libro bilingüe, en ranquel y en español, editado en la provincia de La Pampa.

 

– Javier, contanos un poco sobre tu historia con la música, ¿cómo fueron tus inicios? ¿Qué te motivó a dedicarte a la música desde la docencia y la composición?

– Te cuento poco mi historia familiar: mi padre trabajaba en empresas de construcción de rutas, por lo tanto estuvimos como familia dos años en un lugar, dos años en otro. Es así que desde pequeño estuve en Berrotarán (Córdoba), Basavilbaso (Entre Ríos), Zapala (Neuquén). Después regresamos acá a nuestro lugar, a Santa Rosa (La Pampa), a fin de los 80. En la hiperinflación se quedó sin trabajo mi papá y después retomó la actividad laboral, ahí nos fuimos a La Rioja. A Aimogasta primero, y ahí con 11 años empecé a participar de talleres culturales, de folclore, de guitarra. Luego a Chilecito, donde abordé el estudio realmente del instrumento: charango y guitarra. Finalmente nos fuimos a Catamarca, a Belén, allí empecé a hacer mis primeras canciones, bien de adolescencia, inspiradas con los ritmos de carnavalito, chacarera, huayno. Desde entonces siempre quise estudiar música.

Cuando ya regresamos acá a La Pampa, yo iba al EPET, me recibo de maestro mayor de obras. Quería seguir estudiando música y por diversas cuestiones no pude. Aquí en Santa Rosa estaba el profesorado pero tenías que tener un profesorado en piano para poder ingresar, por lo que tenía que irme a Buenos Aires y no se pudo. Entonces ingresé a la Universidad Nacional de La Pampa a estudiar periodismo. Yo ya hacía radio hacía muchos años, esa carrera me permitió ingresar a uno de los diarios más conocidos de acá de La Pampa, en la radio, trabajé muchos años, hasta que se cambió el plan de estudios del profesorado de música e ingresé con 30 años. Estudié música de grande, podemos decir, e hice la carrera a término. Dejé ese trabajo y comencé a dar clases. Fue un vuelco en mi vida. Un cambio de paradigma. Me dedico a la música ahora desde la docencia. De joven toqué con bandas, ensayos, compartía con la música, pero ahora estoy más en otras búsquedas, aunque sigo con la música siempre. No me veía a los 20 como profe de música, hoy hace 17 años que doy clases y no lo veo como un trabajo la docencia, lo disfruto mucho, no me cuesta, trabajo de algo que me gusta.

«Es una gran responsabilidad que llevo tanto en las clases como en la música, defender la identidad ranquel». Fotos: Gentileza del artista

– Reivindicas la raíz ranquel, sos integrante de la Comunidad Ranquel Baigorrita, ¿cómo llevás la defensa de la identidad originaria?

– Tiene todo una historia, que tiene que ver con la partida física de mi madre. Desde pequeño estaba el comentario de que mi mamá era india, incluso también la burla que se hizo siempre y se hace lamentablemente hasta hoy sobre la condición indígena, ella nunca me contó quién era mi abuela ni de su origen. Cuando ella parte, inicio una búsqueda, empecé a hacerme preguntas. De pequeño, por mis rasgos, sentía alguna conexión, desde lo visual: sos morocho, ojos achinados, etc. Me mudé a Puelches y con el desarraigo me empiezo a preguntar de cosas, y buscando esas respuesta me encontré con Juan Pérez de la Comunidad Baigorrita. Él es ceramista y actor, veo que había un afiche donde se convocaba para filmar a actores con rasgos indígenas, decía que tenía que ver con la problemática del agua de la década del 30 y el desierto pampeano, con la problemática hídrica del Río Atuel. Yo tenía un tema que hablaba de eso y lo presenté en Pre Cosquín. Finalmente voy a la convocatoria, les muestro mi canción Cauce  (que habla del éxodo de la sequía que dura 10 años en la década del 30, donde sufrió también el pueblo ranquel) y me preguntan si yo era actor, les contesto que no, que soy músico y les dejé la canción y me fui. Al tiempo me convocan para hacer una escena cantando esa canción, es una huella. En la escena aparecía Bairoletto que pedía un trago y solo tenía que cantar el tema. Acepté. Ahí fue en ese viaje para hacer esa toma que conocí a Juan Pérez que me dijo: «si vos estás buscando tu identidad ranquelina vení y te presento a la comunidad, vemos tu linaje». Le dije que sí. También ahí conozco a Nazareno Serraino que me enseña la lengua, me regala un libro taller de lengua ranquel, fue un referente. Estudié con él un año. Comienzo a participar más en las comunidades, celebraciones, conozco abuelas y me siento como adoptado, recuperé una familia.

– ¿Cómo es componer y cantar en lengua originaria?

– Conocí a Miguel Mariqueo (él era abogado) y empiezo a cantar una melodía y la empecé a escribir con lengua ranquel. Me decían que era como un tahil, estaba comunicando un dolor. Así ingreso a la Comunidad Baigorrita, por el lonco Fermín Acuña, mi linaje es de Guala. Después entendí a mi mamá, por esta cuestión de los miedos, la discriminación, imagínate ella en la década del 80. Ahora formo parte de la Comunidad Rosa Moreno Mariqueo. Milito con mucho compromiso la cuestión ranquelina. Seguimos siendo ranqueles en la ciudad, comunidades urbano-rurales, no con un territorio, por que no tenemos territorio muchas comunidades pero sí un lugar donde encontrarnos. Es una gran responsabilidad que llevo tanto en las clases como en la música, defender la identidad ranquel. Mi música va por lo folklórico, el rock argentino e influencias de música tecno.

Como músico editaste cuatro discos; en Iñ Ruka y Chai, rimel tuviste una búsqueda personal sonora y de rescate de la lengua ranquel. ¿Lo sentís como una militancia o sale como algo natural por ser parte de la comunidad?

– Es un camino que se da naturalmente. Cuando empecé a cantar en lengua ranquel, tan linda desde lo fonético, me pasan cosas muy fuertes, en algún lado está la forma de hablar de nuestros ancestros. El cantautor tiene poco espacio, hay que ganárselo a pala y pico, sigue siendo una lucha cultural de poder tener espacios dentro de tu propio territorio para poder presentarte y cantar, que la gente escuche las historias. Sigue siendo para mí una deuda estimular la formación de espectadores que conozcan a los artistas locales. Los artistas que cuentan otra historia no tienen numero central. Sigue siendo difícil y un acto de militancia la lucha del cantautor, un «huerken», un mensajero, soy orgulloso de tocar y contar las historias de mi provincia y de mi gente. No difiere de lo que pasa a muchos artistas en el país. Habría que formar audiencias que escuchen otra cosa. No hay democratización en las redes, es mentira, no existe eso, cuando no sos parte del mercado se dificulta la difusión. Hoy lo indigenista puede ser que tenga una relevancia menor, pero en otras partes del mundo hay una toma de conciencia de volver a las raíces, hay que mostrarla, ganar los espacios pero también desde la gestión habría que abrir el abanico.

– Además de músico y docente, sos escritor. Contanos sobre tus libros referidos a la cultura ranquel como la historieta Yanka/Rayen y Rumun Rankul – Rescoldo Ranquel.

– No me siento escritor. Creo que lo que pasó fue esto, en el primer caso, cuando aparece la historieta, tuvo que ver mucho un encuentro que se hizo en Tucumán de pueblos originarios. Allí conocí a quienes se llama los intermediarios, son los docentes idóneos de la cultura originaria. En mesas sobre educación vimos que teníamos una cuestión con los materiales en las escuelas. Justo mi pequeña hija estaba en segundo grado y le estaba pasando como a mis otros dos hijos más grandes: la maestra recurría al libro «oficial», Santillana, etc. Esas editoriales, que traían la cultura general o contaban sobre la leyenda de la yerba mate, la leyenda del areté, digamos toda la historia de los pueblos toba y wichí, pero de la Patagonia nada, algo del pueblo mapuche, nada. Entonces nos dimos cuenta que en realidad no había porque no estaba escrito, porque no había algo con un anclaje didáctico o pensado para que lo puedan leer o que lo puedan utilizar en la escuela. Ahí surge la idea de la historieta.

Es la historia de dos hermanos, que al principio iba a ser solamente el varón y después me di cuenta que tenía que funcionar como una familia. Era una familia y que iba el niño y niña a contar. Son dos niños actuales y cuentan a través de la voz de su abuela. Pero me faltaba el dibujo. En ese momento me acordé de un estudiante que tuve la oportunidad de conocer, en una materia que se llama Lenguajes integrados a la carrera de Artes visuales y ese estudiante es Matías Prieto Cané. Lo primero lo contacté por Facebook porque no sabía ni dónde vivía. Le conté la propuesta e inmediatamente se puso a trabajar, a crear los personajes. Cuando me mostró el resultado fue increíble.

La idea era que sea bilingüe siempre. Los niños cuentan la cultura ranquel, junto al último personaje que se suma es el perro, que se llama Punky, porque todo niño o niña tiene como mejor amigo a un perrito, una mascota. Pero además, el perro fue siempre uno de los fieles del ranquel. No pensamos que iba a tener tal trascendencia. De hecho era para repartirlos a la comunidad. Imprimimos una primer tirada para para ver cómo iba a quedar. Se lo llevo a Juan Pérez, quien me dice: «esto lo tenemos que llevar al Ministerio». Lo que hicimos fue en ese momento trabajar con la modalidad intercultural bilingüe, se la acercamos a la referente en ese momento para que lo vea y nos sugiere charlarlo con el sector de políticas públicas de Desarrollo Curricular. Así fue aprobado, con una compra para repartir en las escuelas. Lo que yo nunca iba a pensar es que años después, iba a terminar yo trabajando en el Ministerio, no como profe de música, sino como idóneo actualmente en la Cultura Ranquel.

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