Un ojo abierto, otro. Por suerte hay dos ojos porque de lo contrario Juan tendría diez, veinte, cien ojos abiertos. Eran las 4.17 de la mañana y no podía dormirse. Muy tarde para levantarse temprano y muy temprano para levantarse tarde. Su cabeza iba y venía en un cruce de pensamientos, sentimientos, proyectos y, sobre todo, cosas que no tienen nada que ver con nada. ¿O sí tiene todo que ver con todo? O sea, ¿qué tiene que ver poner un negocio que sea barcito, disquería, librería y por las noches, los fines de semana, shows de stand up y música en vivo con que te olvidaste de poner el lavarropas automático o que aumentó el precio del tomate o que mañana le tenés que avisar que no venga a Ramona, la adorada señora que viene a limpiar el departamento una vez por semana, porque ese día la psicóloga te cambió el horario.

A ver, eeeeeepaaa, pero bueh, Juan Foco estaba fuera de foco esa madrugada y no había manera de encauzar la cabeza. Encima siempre hay alguna angustia propia o prestada que se te cuela en el momento que menos lo esperás, si no es de laburo, es de familia, o puede ser de algún amor que ya no está o de uno que no pudo ser. Y cuando estás al borde de la lágrima te rascás la cara y decís: «che, tengo la barba larga, me la voy a tener que recortar para estar bien para la fiesta del sábado». Y al rato «uy, no le compré el regalo a mi hermana y es mañana el cumple», para de ahí saltar a «che, tengo que coordinar con el Panza para hacer la nota en la radio con Lisandro Aristimuño que viene a Rosario a tocar en diciembre». Y de ahí a «qué panza tengo, mañana empiezo la dieta». Y cuándo miraste el reloj te diste cuenta que ya son las 5.32 de la mañana. Nooooooo. Quedan dos horas para dormir un rato más y después a levantarse a tomar unos mates, a ponerse la ropa de tenis y salir al court como un león, pero, ¿qué león? El cuerpo está recansado y no hay energía ni para sacar las pelotitas del bolso.

Uf. Maite. Maite. Maite. Maite. Maite. Aparece ella en escena, una, dos, mil veces. Ya está. Me caso. Mañana se lo digo. Maite, Maite, Maite……Maite….Maite? Pero qué buena que está mi vecina, che, ayer me saludó con toda la onda, no sé si no le tiro los perros, no, pero Maite es Maite, es única, especial, no la puedo cagar con la potra de la vecina, pero che, la vecina me mira con cariño, o me parece a mí, yo le daría pero no, qué se yo, capaz que ella no, o sí, no sé. ¿Con quién catzo habla uno cuando ya son las 6.43 de la mañana y hace más de dos horas que estás despierto como un gil, tapado apenas con la sábana, mirando de reojo la claridad que se empieza a asomar por la ventana y con un resoplido de fatiga mechado con diez bostezos en cinco minutos? ¿Quién escucha cuando uno piensa en voz alta?

 

Mañana juega Argentina, ¿lo podré ver? Capaz que no, Messi ni va a estar creo, pero antes le voy a pedir casamiento a Maite, depende, si ella me apoya con el proyecto del barcito, porque si no, para qué, al final si es mi compañera tiene que estar al pie del cañón en todo, si no para qué, claro, pero yo no estuve en la inauguración de Chucherías, por qué ella debería estar en la inauguración del bar Zito, ese nombre le voy a poner “Bar Zito”, un juego de palabras, no sé, ¿por qué con zeta? Ah, sí, es como un homenaje al Panza , que es con zeta, pero no tiene nada que ver, no empieza con zeta el nombre del Panza. Ufa, yo pienso en él para el bar y el tipo ni lo llamó todavía a Aristimuño para la nota de mañana. Uf, loco, no puedo estar en todo. Lo llamo ahora y le digo, no, no, debe estar dormido el tipo, pero son las 7 y media, es hora de levantarse ya.

Bueno, al fin, me levanto, me tomo unos mates con tostadas y arranco el día. Total ya está. Maite, el bar, la vecina, el Panza, mi panza, la radio, Aristimuño, el kilo de tomates, el lavarropas, la barba larga, mi hermana, el cumple, y yo, en medio de todo esto. Hace mucho, pero mucho tiempo, me enganché con una película que la alquilé en un video creo, porque eran bien entrados los 80. Se llamaba Amanece, que no es poco. La alquilé por el título, creo que me gustó o no, no lo sé ahora, ni recuerdo el argumento ni los actores, sé que era española, pero nada más. La frase me invitó a alquilarla aquella vez y hoy me invita a revisitarla porque es un canto al día después, es un convite al tipo que sabe sortear las adversidades para seguir adelante, eso que se conoce como resiliencia.

Cuando tus pensamientos no te dejan dormir, sean pavadas o cosas importantes, también pensás que esa puede ser la última noche o madrugada que no puedas dormir, porque la muerte a veces asoma para decirte: «che, ponete las pilas y corré porque te alcanzo». Y es momento de ir para adelante y buscar la mañana siguiente. Ahí te das cuenta que tenés una mañana más para que la pelotita cruce la red y buscar un punto de quiebre para quedar match point. Amanece, que no es poco.

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