– Hola, Panza. ¿Cómo andamio, tri tri? ¿todo Viena, o bien pancho?

– Apa, apa, parece que hoy venimos con buen humor, se ve que te cayó bien el asado, che.

– Y sí, soy casi un chef parrillero ya.

– Dale, chef parrillero, cuando te acuerdes ajustá el invitómetro, así seguimos con las palabras raras, y llamame cuando hagas otro.

– Ah, bien, o sea, vos decís de tener un momento íntimo con vos, Maite y yo, un trío, bah.

– Pero bastante tontito te levantaste de la siesta, ¿eh? Noo, gilún, digo que me invites, aparte, no sería trío, sería un cuarteto, como Zupay.

– Me estaría faltando información. ¿Te compraste un perro?

– No, querido, vos tenés tu Maite pero yo tengo mi…..

– Gata, tenés una gatita, qué dulce de leche, siempre fuiste un tierno.

– Uff, me aburrís, corto y te perdés la noticia.

– Y dale, largá el nombre de una vez.

– Maitena.

– Me jodés.

– Sí, bolu, se llama Maitena.

– ¿Pero te das cuenta lo competitivo que sos? No solo tiene que llamarse parecido a Maite, sino que tiene que ser un nombre más largo, siempre querés ser superior, lo que se llama un tipo jodido, bah.

– ¿Pero vos consumiste Idiotol en grageas? O sea, si la mina se llama Maitena, me vuelve loco la negra y yo le digo que no porque el nombre es parecido, o superior a Maite, pero vos sos un gil de cuarta, amigo.

– Gil de cuarta sí, pero tampoco seas despectivo con ella, no le digas “la negra”.

– Y si es negra, Juan.

– Bueno, está bien que a las morochas uno le diga negra, yo a la Negra Vilche, que es mi amiga de la vida le digo Negra, pero viste cómo son estas cosas, capaz que al aire charlamos sobre qué hiciste anoche y vos decís «estuve con la negra» y por ahí te viene una catarata de mensajes, los temas de raza, vos sabés que…

– Pero pará, bolu, es negra jamaiquina. Nació en Kingston, muy cerca de donde vivió Marley.

– Mirá vos, no sabía que venía del palo del reggae el papá de Mirko.

– Che, ¿vos al chorizo le pusiste hongos el otro día?? Mamita, qué tarado estás, loco.

– Pero ya sé, te estoy cargando, es Marley, Bob Marley.

– Como Bond, lo digo yo antes que la pavada te salga a vos.

– Puf, ya me conocés los chistes, me acuerdo cuando una novia me rajó y me dijo «ya no me hacen reír tus chistes», me mató con la frase. Perdón, una digresión. Uff, bueno, ¿me podés hablar de Maitena, de una buena vez?

– Lo único parecido a Maite es que tiene rulos, negros, claro, además del nombre extra large para el caso. Pero nada que ver con el look. Es media gordita, pero no lo pienso decir al aire porque si no explotan las gorditas, o sí lo digo, es mi gordita, la adoro. Usa lentes grandotes, tiene una sonrisa blanca de toda blancura. Y bueno, estoy enamorado.

 

– Bueh, te lo tenías guardadito. ¿Y cuánto hace que pasó todo esto? Pensé que era tu amigo, porque si no me contás que tenés novia, ¿para qué te cuento toda mi intimidad con Maite si me entero recién ahora de una relación como esta? En fin..

– Te respondo o vas a seguir dele que te dele.

– Dale, ¿desde cuándo?

– Ayer.

– Ahhh, bueeeeeeeeeeeeeno, el hippismo total. ¿La conociste ayer y ya es tu novia?

– Yo nunca te dije que era mi novia, sólo te dije que estoy enamorado.

– ¿Pero ya pasó algo?

– Si tu algo significa sexo, no, porque no hubo ni beso todavía. Solo tengo su número de celular y quedamos en hablar, pero no le toqué un rulo, ni ella tampoco a mí, claro.

– Pero, uff, me seguís sorprendiendo, ¿y dónde la conociste?

– Ayer al mediodía salí sin barbijo y justo pasé por calle Sarmiento, ahí en la cuadra del diario La Capital, y la veo a ella vendiendo barbijos negros, medio raros, y relojes.

– Ah, ahora entiendo la fotito de anoche cuando me dijiste «tirame las agujas» y me mostraste ese relojazo cheto, me pareció raro, nunca te vi con reloj.

– Y no te mostré el deportivo.

– ¿Le compraste dos?

– Tres.

– Ah, bueno, pero vos sos un pelotudazo.

– Estoy enamorado, Juan, te dije, pero eran baratos, 700 mangos cada uno y 300 el barbijo. Estuvimos hablando más de media hora, nadie le compraba viste, y me encariñé, no sé de dónde agarré coraje y le dije que quería volver a verla, pero no en el puesto. Y me dijo que sí, encima habla medio cruzado, qué se yo, dice que está estudiando Comunicaciòn Social, yo justo le dije que laburaba en una radio, así que pegamos onda y alucinó la piba.

– ¿Piba?

– Sí, es un poco más chica que yo, Juan.

– Decime el número despacito.

– 29.

– Podría ser tu hija, loco, vos tenés 50.

– Bueeeeeeeeeeeeeeeeno, tampoco lo sabe, así que tranquilo.

– ¿Le mentiste?

– Le dije 40 y me lo creyó.

– Claro, me dijiste que tenía lentes grandes, no te vio bien.

– Bueh, ya empezaste a boludearme, dale. Bueno, che, me tengo que poner a armar el programa. Tirame una punta para arrancar y después lo vamos craneando.

– Y bueno, así seguimos con la onda Jamaica, reggae, Bob Marley y el amor de mi amigo el Panza, arranquemos con Is this Love. ¿Cómo la ves?

– Genial, me encantó, dale, metemos reggae toda la noche.

– Sí, tampoco toooooooooooooda la noche, pero vamos viendo, hay que meter algo de Charly porque estamos en el mes de su cumple y mechamos un poquito de todo. Ah, y una cosa más.

– Sí, algo de Zeppelin querés que ponga, me imagino.

– No, gilún, una cosa más: que me encantó que la conozcas a Maitena, aunque le hayas comprado mil relojes, no me importa, está buenísimo que te pasen esas cosas con alguien, y te copes imaginando tener una relación,  así que dale para adelante amigo, y claro que la pienso invitar al próximo asado.

– Gracias Juancito, me hacés emocionar.

– Pará, dije que la pienso invitar a ella, vos si no te traes un malbec que tenga, por lo menos, el precio de uno de los relojes que le compraste a Maitena no entrás a mi casa.

La risa cerró la charla, alguna que otra puteadita de rigor entre amigos y Juan se quedó mirando la nada con el celu en la mano. Y pensó que no hay relojes que puedan marcar los tiempos del amor.

 

2 comentarios para “Capítulo 36: Relojes

  1. Pedro Squillaci dice:

    Ahí va lo nuevo de Por el ojo de la cerradura , con flamante diseño de la web, ojalá que lo disfruten como yo cuando lo escribí, abrazos!

  2. Pedro Squillaci dice:

    Un placer enorme escribir «Por el ojo de la cerradura» en De coplas y viajeros, que sigue creciendo y continúa siendo un espacio que en lo personal me permite correrme por un ratito de lo eminentemente periodístico del día a día. Gracias por seguir leyendo y acompañando esta historia, abrazo a tutti.

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