#CancioneroDeLaPatriaGrande

Por Federico «Poni» Rossi / piukemil@gmail.com

Fotos: Gentileza Braulio López


Las canciones no hacen a las revoluciones, pero las revoluciones se hacen cantando, de eso no me queda ninguna duda. Estas palabras, que se le adjudican a Mario Benedetti, poeta uruguayo que ha transitado con su obra los años más agitados del siglo XX, donde las canciones, la poesía y el arte en general, tenían un horizonte claro, el de la transformación social. En América Latina hubo una generación de artistas que convirtieron su guitarra, sus pinceles o su pluma en pancartas y fusiles, y que acompañaron los designios de un pueblo que se alzaba contra los poderes de turno y que estaba dispuesto a convulsionarlo todo. La Nueva Canción, la Canción Protesta, la Canción Social, la Trova o el Nuevo Cancionero, todas denominaciones para determinar el trabajo artístico de una generación que lo dejó todo.

En Uruguay, por ejemplo, fue el Movimiento del Canto Popular el que tomó esa posta en los años 60 con referentes como Anselmo Grau, Aníbal Sampayo, José Carbajal «El Sabalero», Rubén Lena, Víctor Lima, Osiris Rodríguez Castillo, Alfredo Zitarrosa,  o poetas y literatos como Idea Villariño, Eduardo Galeano, Mario Benedetti o Juan Carlos Onetti, por nombrar solo algunos, y por supuesto, el conjunto emblema: Los Olimareños. Con De Coplas y Viajeros viajamos imaginariamente al departamento Treinta Tres, y como si estuviésemos a orillas del Olimar, nos cebamos un amargo y conversamos con Braulio López, quien junto a José «Pepe» Guerra, formara parte de aquel histórico dúo uruguayo.

– ¿Cómo se conocieron con Pepe? ¿Cómo se formaron Los Olimareños?

– Ambos somos del mismo departamento, Treinta y Tres, al Este del Uruguay. Ahí pasa el río Olimar y por eso a la gente de ahí se le dice Olimareño. Es una ciudad chica, con 48.000 habitantes, más o menos, pero siempre tuvo una actividad cultural fuerte. Había tres teatros independientes, muchos cantores y poetas. Siempre fue un lugar muy fructífero y nosotros somos producto de eso. Un día se juntó toda la gente de la cultura y se hizo un festival grande en el Teatro Municipal Treinta y Tres, que aún existe. A ese encuentro se lo llamó Paisajes del Mundo porque convivían varias formas artísticas, no solo del Uruguay. Hicimos canciones brasileras, otras españolas. Yo tenía mi programa en la CW 42 – Emisora Treinta y Tres, y ahí cantaba de todo. Pepe también tenía su espacio. Cantaba hasta boleros en su programa, pero cuando nos juntamos, ya teníamos la idea de cantar canciones más folklóricas. Entonces comenzamos en la misma radio. Un día vino un rematador muy conocido de la zona, una persona que tenía sus vínculos y entonces nos ofreció su patrocinio en la radio para que nosotros, los dos, hiciéramos una audición. Teníamos que conseguir un nombre o una cosa parecida que no fuera López-Guerra, o Guerra-López. Surgió ahí la idea de los dos: los Olimareños, como se llama a la gente de ese lugar. Nuestros primeros pasos fueron en Treinta y Tres y en los pueblos chiquitos de por ahí.

– ¿Cómo llegan a Montevideo?

– Cuando ya éramos algo conocidos en nuestro departamento se nos dio por quemar las naves y nos fuimos para Montevideo. Ahí se abrió otro panorama. Hicimos contacto con el fenómeno de las murgas y de las llamadas de candombe, entonces empezamos a elaborar el repertorio que albergara todas esas formas de milonga, de canción murguística, de candombe.

Rubén Lena fue, podríamos decir, el tercer Olimareño ¿Qué importancia que tuvo para el dúo y para la música uruguaya?

– Siempre fue como un tercer integrante del grupo, porque cuando empezamos con Los Olimareños,  nosotros, en la característica del dúo, para anunciar los días que estábamos, la hora y todo eso,  usábamos una zamba que había hecho Rubén Lena y que se llamaba La uñera, y que dice en su letra que la única tierra propia que tiene el pobre es la que está debajo de sus uñas cuando trabaja. Ese tema se hizo muy conocido y nosotros lo tomamos como característico. Cuando se anunciaba el programa de Los Olimareños empezábamos cantando esa canción de Lena. Rubén siempre estuvo vinculado a nosotros y nosotros a él porque éramos de la misma ciudad y siempre nos veíamos. Él era maestro, después fue director del instituto magisterial de Treinta y Tres. Siempre estuvo ligado a la educación. El dúo se fue formando en una especie emblemática. A partir de la huella que trazamos nosotros aparecieron otros dúos como Labarnois y  Carrero, por ejemplo, también Los Yucará, todos en esa línea.

Pioneros: «El canto a dúo en Uruguay no existía. A partir de todo este movimiento es que surgieron». Foto: A. Echegoyen

– ¿Cómo y en qué contexto surge el Movimiento del Canto Popular Uruguayo? ¿Quiénes han sido sus referentes?

– A partir de los años 60. El Uruguay, siempre como país chico, tuvo la influencia de la música popular de Brasil o de Argentina, entonces, hubo un movimiento de esos que se da naturalmente, es decir, una cantidad de músicos de música popular, de música clásica, literatos y poetas como Benedetti, Onetti, Galeano, Idea Villariño, que surgieron en un momento determinado. Por eso digo que hubo como una explosión de la cultura popular, literaria y musical de Uruguay en esos años. Todos los nombres que surgieron en esa época tuvieron después vuelo internacional. Varios, incluso, ganaron premios como el Cervantes.

– ¿Cuál fue la relación entre estos artistas y lo que se vivía políticamente en esos años?

– Había como una necesidad de juntar una idea, de solidificarla. De ahí es que muchos de estos escritores que te nombré empezaron a hacer textos de canciones que antes no hacían. En el repertorio de Los Olimareños hay letras de Benedetti, Galeano, Idea Villariño, Serafín López García, todos poetas y literatos de mucho prestigio. Entonces, sucedió que en esos años hubo como una explosión artística que se mantuvo independiente, sin amparo del estado. Fue una cosa que nació de los mismos artistas, esa necesidad de no hacer cosas de otro lado. No porque no fueran bellas. Porque nosotros queríamos encontrarnos a nosotros mismos en esas expresiones literarias, musicales, de canto popular, más allá también, pintura, todo.

– De ahí el concepto de “mapa musical” de Uruguay, que alguna vez te oí utilizar ¿a qué te referías?

– Es la misma búsqueda que ya señalé al principio. Esa necesidad que veíamos de crear un mapa musical a nivel popular que no había.  Acá hubo un trabajo de conciencia, de necesidad y nos juntamos los músicos y los escritores con ese fin. Fue una idea que se fue dando y una de las primeras vías que se abrieron para eso fue el trabajo de Rubén Lena con Los Olimareños. Después de ahí ya salieron otras sociedades, otros poetas también haciendo letras para otros dúos. El canto a dúo en Uruguay no existía. A partir de todo este movimiento es que surgieron una cantidad de dúos que hoy son muy conocidos, en esa línea.

– Durante los 70 fueron prohibidos y perseguidos. Tuvieron que exiliarse ¿qué recuerdos tenés de esa etapa?

– Fue una época muy triste porque, justamente, el canto popular de Uruguay fue siempre muy contestatario, reivindicativo de las ideas populares y también muy denunciante de todas las injusticias a nivel obrero y popular. No fue un canto representativo de las clases altas, sino, de las clases más bajas. En esos momentos, cuando se dieron los golpes militares en toda Latinoamérica, yo terminé preso. Los Olimareños en Argentina eran conocidos. Nosotros hemos ido a cantar, a veces, cuando nos juntamos. Parece que cada vez nos juntamos más lejos de años. Una vez por década, pero lo hacemos. Y en Argentina yo me acuerdo que tuvimos una sorpresa muy grande porque cantamos una canción que se llama Cielo del 69, y esa canción en Córdoba se hizo muy popular porque los cordobeses creían que le cantábamos al Cordobazo. El canto tiene esa generosidad ¿viste? que a veces está representando en distintos países la misma cosa. Así pasó también con las canciones que nosotros grabamos en Argentina: Hasta siempre, dedicada al Che Guevara; El hombre del mameluco; entre otras. El repertorio de Los Olimareños en la Argentina siempre fue muy conocido y esa sensación empezó en Córdoba, no en Buenos Aires. Por ese fenómeno de Cielo del 69 que la gente de Córdoba cuando la empezamos a cantar esa canción decía «está hablando de acá». Se dieron cosas así. La historia tiene esas sorpresas.

– Otra canción muy popular acá es El Orejano

– Claro. Muchas canciones: El Orejano, El Hombre del Mameluco, La niña de Guatemala, La milonga del fusilado… Cada vez que volvíamos a la Argentina teníamos que hacer todo ese repertorio que te pedía la gente, y no me cabe la menor duda que, si la gente va a ver a Los Olimareños, es por el repertorio que hicimos hace mucho tiempo y que quedó prendido en la gente, y que es una verdad, porque la mentira muere, pero las verdades siempre van a estar presentes, y siempre van a ser reivindicativas con la memoria popular, está vivo, y los textos de Los Olimareños como de tantos artistas latinoamericanos están vivos aún hoy y estarán vivos siempre. Cuando la memoria popular agarra eso y lo hace carne en ella misma no muere mas, porque no es impuesto, es elegido colectivamente.

– ¿Cuánto estuviste preso en Argentina?

– Un año. Estuve en Campo de La Rivera, Córdoba, después en la Cárcel Central de Córdoba, después de ahí me trasladaron a la Unidad 9 de La Plata y de ahí me dan la libertad pero fuera del país. No tenía que quedarme en Argentina ni volver a Uruguay.

– ¿Y dónde continuaste el exilio?

– Siguió en Europa. Me fui a España.

– Tuvieron cierta trascendencia en países como Australia, Finlandia…

– Sí. Esas cosas que tiene lo popular, que ni los mismos trabajadores lo entendemos. Cuando estábamos en Europa hemos ido a cantar a Helsinki, la capital de Finlandia. Nosotros siempre en cerrábamos con un solo de las dos guitarras tocando La cumparsita. Una vez vinieron los finlandeses y dijeron «Ah, muy bien. Ese tango es de nosotros», a lo que yo le digo «este tango es nuestro. No es finlandés. Eso es de un músico uruguayo, se llama La cumparsita«… y ellos le porfiaban «No, pero eso nosotros lo escuchamos acá como que fuera una cosa nuestra», y le digo «No, no. Eso es de Latinoamérica, del Uruguay, del Río de La Plata».

– Claro, porque en Finlandia hay un movimiento tanguero muy importante, y quizás lo han incorporado a su música popular.

– Sí, pero nadie puede negar que el tango es rioplatense. Ellos lo tocan, sí, mas tipo marcha, con batería. Pero bueno, el arte popular tiene una aureola muy especial. A veces nosotros estábamos traduciendo al finlandés las cosas que estábamos cantando en español. Era muy difícil todo, y sin embargo, había algo más allá que a la gente le gustaba. El arte es la única expresión del ser humano que no va a morir. Si se termina la especie humana la única cosa que va a quedar es el arte.

«Hay ahora una cosa mucho más delgada, mucho más bucólica. Falta el hombre adentro de la canción, el hombre sufriendo»

– ¿Cómo fue el regreso al Uruguay? ¿cómo lo viviste?

– Esa fue la vivencia que a mí más me marcó. Nunca esperábamos que fuera un recibimiento tan grande. Cuadras y cuadras y cuadras de gente, de cosas, pero era como, no se… Aparte era muy emocionante porque nunca habíamos cantado ante 60 mil personas, y el Estadio Centenario del Uruguay, con la capacidad que tiene, estaba repleto. En ese tiempo no existían los celulares pero la gente prendía los encendedores y las linternas para hacer todas lucecitas. Eso a mí me quedó en la retina de la memoria porque fue muy emocionante. Nosotros pensábamos que íbamos a cantar media hora y estuvimos cantando casi dos horas. La gente cantaba todas las canciones con nosotros. Cuando empezamos a cantar todo el estadio, las 60 mil personas, empezaron a gritar «El Goyo, el Goyo, el Goyo va a caer con todos los fascistas que están en el poder». «El Goyo» era el general que había dado el golpe, como Videla en la Argentina. Ahí fue la vuelta de todos los artistas que estaban en el exilio: músicos, poetas, escritores…

– ¿Y cómo fue, después de tantos años con Pepe, pisar solo los escenarios?

– Es una sensación diferente. Con tanto tiempo de trabajo se hace un oficio, como el de carpintero, o cualquier otro oficio. Tanto a Pepe como a mí nos ha ido bien como solistas, pero yo pienso, sin miedo a equivocarme, que es por toda la reminiscencia, todo el trabajo que hicimos con Los Olimareños.  Yo lo tengo presente a eso.

– ¿Cómo ves la actualidad de la canción social, o con contenido, en el Uruguay de hoy?

– Este es un punto de vista mío personal. No quiero involucrar a nadie con esto, pero como que toda la parte literaria y musical se hizo muy finita, muy delgada, muy débil. Los textos de las canciones que hay ahora, me refiero al Uruguay, no a la Argentina, no son de la calidad literaria que tenían los textos que nosotros cantábamos. No sé qué pasó, pero como si los mismos poetas no fueran trascendentes. Hay ahora una cosa mucho más delgada, mucho más bucólica. Falta el hombre adentro de la canción, el hombre sufriendo.

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