Silvia Teijeira no sólo tuvo que atravesar barreras y adversidades para dedicar su vida a la música, sino que todos los días intenta aprehender el alma del instrumento de su pasión. Siempre solista y desvelada por el folklore, acaba de publicar en soportes digitales dos álbumes de clásicos argentinos y uno con composiciones propias. “No se trata sólo de tocar notas sino de cómo las toco, qué le saco al piano, qué le hago decir”, afirma.

Por Alejandro Mareco | vatevago@gmail.com

Foto de portada: Eduardo Fisicaro


Era una de las penúltimas noches de sábado del verano que se llevó la pandemia y la cuarentena. Silvia Teijeira estaba arrinconada entre un vértice de las paredes de ladrillo visto y el piano. Sola, siempre ella y su piano en una circunstancia más: un concierto en el Café Vinilo, entre los porteños rumores de Palermo.

No se alcanzaban a ver sus manos. Pero en los sonidos que brotaban, notas, acordes; y en los gestos, las tensiones y distensiones de su cara, quedaba tan claro que sus dedos, allí sobre las teclas, estaban abriendo llaves de libertad, de paisajes, de emociones…Era como si el horizonte mismo acudiera a ese rincón en penumbras. Y al final de cada tema, su sonrisa blanda y desnuda, como una rúbrica entrerriana de la fecundidad, celebraba la gracia de los instantes que acababan de ser creados y vividos.

Sí, es evidente: la relación de Silvia Teijeira con su piano tiene la pureza del primer asombro, el afecto por la música en estado esencial. Esa es, acaso, a primera percepción, la clave de su notable destino artístico. Es que sus dedos, sus fraseos tan sutiles, sus composiciones tan creativas y sus modos de abordar el folklore argentino, tanto como compositora y como intérprete, están sustentados, además de su gran técnica y de saber muy bien de qué se trata lo que toca, en un amoroso espíritu, en la generosidad de dar lo mejor de sí para alcanzar la hondura más querida de una melodía, de una bella canción.

La pianista y compositora editó recientemente tres discos: Composiciones propias y  Clásicos del folklore argentino, vol. I y vol. II. Foto: Adrián Gómez

La conquista de su vida

Esa relación íntima y profunda con el piano es la conquista de su vida.

Fue el resultado de una convicción y de una lucha que empezó muy temprano, en Federal, la ciudad-pueblo casi en el límite con Corrientes donde amaneció su infancia.

El paisaje entrerriano que la acunó no estaba marcado por el ánimo fluyente de los grandes ríos, sino por el espinoso entramado de La Selva de Montiel. “Un reino de espinillos, palmas caranday, entre otros árboles y arbustos, comenzaba al final de las veinte cuadras y pico que tenía la ciudad. En los días en los que llovía, no se podía salir de Federal sino en tren, que nos lleva a Concordia, a 100 kilómetros o a Paraná, a 200”, cuenta.

Las chispas que encendieron su fuego por la música estaban guardabas, por un lado, en el equipo Audinac en el que sonaban la radio y discos de folklore, de Nino Bravo, de Serrat y de otros cantares de la música popular; y por otro, en las ganas de cantar, a toda hora, de todos los miembros de la familia, sus padres (Aurora y Gerardo), sus dos hermanos mayores (Javier y Alejandra) y de una tía (Malena) siempre presente. Pero no sonaban instrumentos.

Hasta que Silvia habló de sus ganas de aprender a tocar el piano, cuando apenas tenía seis años. Su madre, docente y directora de escuela; y su padre, gestor contable, no estuvieron de acuerdo: los hermanos mayores habían empezado y abandonado danza y guitarra, y no querían sumar otra decepción.

Pero la pequeña encontró una estrategia: “Intuí que si se lo pedía otra persona, podrían cambiar la decisión. Yo era una gordita ruluda y muy charleta; me acerque a una profesora de piano recién recibida que buscaba alumnos y le pedí que fuera a mi casa”.

Y dio en la tecla. A partir de entonces, el piano fue su destino. “Al año siguiente pasé con la que a su vez era la maestra de mi profesora, un personalidad de Federal, doña Amelia Mariano. Era una ‘pianera’: leía música pero también orejeaba. No le ponía jerarquía a la música, es decir,  no afirmaba que la clásica era mejor que la popular y esas cosas. La mirada del adulto influye mucho, y esa manera de ser de ella es lo mejor que me pudo pasar”.

El folkore era lo que cantaba su corazón. Estaba en los sonidos de la casa y en el aire de Federal. “Se hacía allí un chamamé más correntino; la gente escuchaba y tocaba a Ernesto Montiel, Tarragó Ross, Isaco Abitbol, Tránsito Cocomarola… Sonaba en las fiestas de los vecinos y el aire traía la música. Era lo que se dice ‘chamamé maceta’, a veces en forma despectiva. Pero para mí un músico que hace bailar a la gente es palabra mayor. Después, se empezó a hacer un festival y allí escuché por primera vez a Raúl Barbosa, y me hice fanática, aunque recién con el tiempo pude dimensionar su inmensa cabeza musical”.

Al final de la primaria, pasó como alumna pupila a una escuela que estaba a 15 kilómetros en pleno campo. Ahí, por primera vez en su vida, tuvo un piano a disposición. “Y no sólo un piano, sino también público: éramos 150 alumnas y muchas se sentaban a escucharme. Fue entonces cuando sentí que tenía mi propio lugar en la vida a partir de la música”.

Pero el camino no sería sencillo, sino con tropiezos y adversidades que sólo podría superarlas con su intensa convicción. Para hacer el secundario, marchó a una escuela de Paraná, también como alumna pupila. Al final, su sentimiento de frustración con la manera de enseñarle de la monja profesora de piano le hizo dar un portazo a las clases. Además, el destino planteado por sus padres era que estudiara abogacía, sólo así le enviarían dinero para sostenerse.

La gran decisión

“Pasé tres años llorando casi todos los días hasta que cuando estaba por empezar cuarto, tomé coraje, fui a Federal y le dije a mis padres que me dedicaría a estudiar música. Fue un momento bravo. Volví a Paraná e hice de todo para sostenerme: trabajé en una fábrica de pastas, limpié casas, cuidé ancianos….”.

Una convicción la sostenía: sería solista de piano (“nunca me vi en un grupo”) y tocaría sólo folklore. Mientras, la mujer que le alquilaba la habitación le ofrendaría un soplo de aliento: le compró su primer piano y se lo dió a pagar en muchas cuotas.

Lo primero que hizo fue llamar a la puerta de nada menos que Carlos «el Negro» Aguirre, uno de los más talentosos músicos argentinos. “Fueron seis años alucinantes. Él me instaba a componer; consideraba que la composición era una condición natural de todo músico”.

Y Silvia Teijeira sería compositora: “Igual, no soy una persona que persigue mucho la búsqueda de una composición; si la idea viene, la trabajo. Pero soy más metódica con la técnica del instrumento, con los arreglos. La composición está ligada a mi parte más emocional: cuando viene las turbulencias de la vida, surgen las inspiraciones”.

Esa obsesión por la técnica la llevó a estudiar, entre otros, con Graciela Reca, extraordinaria pianista entrerriana y docente, que cuenta nada menos que con la alta consideración de Martha Argerich (en 2018 ofrecieron un concierto juntas, en Paraná).

“Trato de estar más adelante que los recursos que necesito. Me gusta mucho estudiar; se trata de seguir creciendo para poder fluir. Mi objetivo, aunque parezca inocente, es que no haya distancia de tiempo entre lo que mi idea y la emoción me dictan y lo que los dedos plasman. No se trata sólo de tocar notas sino de cómo las toco, qué le saco al piano, qué le hago decir”.

Esa manera de sentir el arte, la música de Silvia Teijeira, es lo que hace que el horizonte acuda al rincón en penumbras donde sola frente al piano abre las llaves de sus paisajes, de adentro y de afuera.

Ha publicado tres discos: Rulos de zamba (2005), Latiendo (2009) y Bien florido puro litoral (2013). Hace apenas unos días, en soporte digital, aparecieron tres álbumes de recopilación: Composiciones propiasClásicos del folklore argentino, vol. I y vol. II. Están en Spotify, Youtube y numerosas tiendas digitales.

Mientras tanto, prepara otro disco para el año próximo, con temas propios y ajenos, esta vez incluso, tomando algunos arreglos de otros; también incluirá temas de compositoras entrerrianas.

Será otro paso en su búsqueda tan fecunda como interminable. Es como tratar de alcanzar el horizonte. “Se me va a ir la vida en esto. A veces da angustia sentirse pequeña para todas las posibilidades que tiene el piano, para lograr que la gama de emociones, las inflexiones de pensamientos puedan traducirse en este instrumento que tiene tanta literatura y tantos ilustres cultores y cultoras”, dice.

Pero otras veces se siente resplandecer cuando sus manos han iluminado un rincón de la penumbra de su arte. Entonces, levanta los ojos y sonríe, con toda la plenitud posible.

9 comentarios para “Una entrerriana a la conquista del piano

  1. Olga Migno dice:

    Inmenso tu arte. Abrazo y celebración.

  2. Celia dice:

    Excelente nota, felicito al sr Mareco por describirla a ésta talentosa y estudiosa artista , tal cual es. En cuerpo y alma. Me alegra tanto que el esfuerzo de Silvia de sus frutos! Porque la quiero, porque la admiro.

  3. María Laura Rocs dice:

    Esa noche de verano,antes de la cuarentena,compartimos esa magia en Café Vinilo y disfrutamos de la pasión ,la técnica y la sensible interpretación de Silvia.Fue realmente un regalo.

  4. Realmente el trabajo de Silvia Teijeira es maravilloso, como difusor de mùsica latinoamericana es un placer poder entregar sus trabajos a la audiencia, una mujer extremadamente profesional y comprometida al arte nacional, joven que tiene un tremendo futuro de composiciones e interpretaciones que se seguirán sumando a su riquísimo y fino repertorio …
    maravillosa nota que nos permite conocerla mas profundamente .

  5. Hilda Gastaldi dice:

    Silvia querida: tantos momentos tuyos que compartí, tantas charlas con tus sueños como tema, tanta decisión al desprenderte de la ayuda monetaria de tu familia. Pasó tu vida en unos párrafos! Te felicito y te quiero por sobre todo.

  6. Bellísima nota que describe a Silvia en cuerpo y alma, además de ser referente y dejarnos su ejemplo de lucha y perseverancia. Felicidades mí querida y admirada amiga!!!

  7. José Galarraga dice:

    Silvia refleja en el piano lo que surge de su alma!
    Nadie mejor que ella para expresar en música los estados emocionales de gente sencible y conprometida!
    Todas las hurras para el autor de esta hermosísima nota, y toda la admiración y emoción ante este hermoso talento…

  8. Alejandra dice:

    Hermosa nota! Me parece verla al piano a Silvia, escuchar el sonido que sus manos y su cuerpo todo le arrancan al piano. Gracias por darnos a conocer esa parte de la historia de vida de nuestra querida Silvia. Saludos!

  9. Silvia Passarella dice:

    Excelente nota! La describe a Silvia como es: transparente, sensible, hermosa persona y excelente pianista!!

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