Nadia Larcher, Noelia Recalde y Micaela Vita alzan su voz al unísono en el proyecto Triángula, para descifrar los secretos, el sentir y el riesgo, en las líneas abiertas de la música popular -y con el feminismo como ética y bandera- que plasmaron en su flamante disco y obra audiovisual de extrema calidad musical y vocal, disponible on-line. ¿Cómo atraviesa a Triángula este contexto pandémico? ¿Qué salidas divisan, en sintonía con un mundo mejor?

Por Patricio Féminis | patfem@hotmail.com

Fotos: Balú Avi Media


Un murmullo digital trae latidos de rebelión de un tiempo colectivo: de la raíz al exterior. Allí, aquí, tres voces se hacen una, para pronunciarse en conjunción ancestral y para dar cobijo, una vez que se pueda volver a respirar en la calle, entre todes, sin desconfianza y sin pavor. Esto es Triángula y su arco sonoro no tendrá freno. No se puede escapar de la transformación mundial: la música popular argentina rumbo al futuro tiene la autogestión, el goce y la autoexigencia en las venas abiertas a todos los ritmos del corazón.

“Las palabras que yo uso son pa’ que se eleve el alma. Rompa el cielo, que este grito nos libere de las penas. Y nos una en la armonía, para siempre y por las venas”, cantan Nadia Larcher, Noelia Recalde y Micaela Vita en el tema inicial de Triángula, su disco y obra audiovisual de tres puntas, con varias líneas de cooperación musical a la par. ¿Importan las definiciones, ya? ¿Cabe decir que, aquí, los pulsos eléctricos se funden con las melodías que insinúan territorios folklóricos en movimiento? ¿O que las guitarras, que harán acordar a varios grupos británicos (o a otros tantos de por aquí) colorean el aire cibernético para, en contraste, divisar lo analógico?

Triángula es lo empático: la conexión con paisajes que existen no sólo para ser contemplados o celebrados, sino para desafiarse. Sin montañas y calles sanas, sin pueblos y pueblas marchando con sus consignas rebeldes, no habrá un mañana. Así avanza el encuentro de las voces de las tres, y de sus composiciones, con las guitarras de Juan Saraco, el bajo y el sintetizador de Lucas Bianco, y la batería y el sintetizador de Jonatan Szer. ¿Por dónde comenzar a descifrarlas?

Por el pasado reciente para proyectarse al más allá: el viernes 13 de marzo iban a estrenar en la Sala Argentina del CCK este disco-película de 48.30 minutos (disponible en YouTube), y al día siguiente llenarían el Teatro Margarita Xirgu (del barrio porteño de San Telmo), pero la creciente pandemia de coronavirus obligó a cancelar todo: ahora, en plena cuarentena, volver a Triángula desde las computadoras, los teléfonos y otros dispositivos, podrá ser sanador.

Pero no en forma retórica o New Age. Aquí hay luchas feministas y conciencia en acción en once canciones de elevada destreza interpretativa. Son tres voces surgidas para estar juntas (cada una con su timbre, su coloratura y su dinámica) y, otros tres, para acompañarlas en este arduo viaje.

– ¿Cómo están viviendo este tiempo de cuidado y de reconexión virtual? ¿Cómo se resignificó el proyecto en esta coyuntura pandémica?

-Estamos intentando comprender, y estar serenas. La virtualidad nos está exigiendo una forma de intercambio que nos cuesta, como a todxs. ¿La realidad se transformó en 2.0? ¿Cuál es la forma de atravesar este momento? Es una decisión cotidiana y permanente. Tal vez de ésta salgamos con otro temple: con nuevas sabidurías propias. No queda otra que esperar para ver. Esta situación nos llama a estar presentes. A  ejercer el amor y la paciencia más que nunca. Y que la música nos abrace. Esperamos con mucho amor el encuentro con las personas. Ojalá nos encuentre en un mundo  mejor”.

Desde su origen, “Triángula funcionó humanamente. Apenas apareció la posibilidad de cancelar nuestro concierto en vivo, pusimos pausa y priorizamos la responsabilidad social. La propuesta que queríamos poner a prueba no pudo darse, pero liberamos el material porque había mucha gente esperándonos, y porque necesitábamos compartirnos. Que todxs supieran que estamos despiertxs y conectadxs con lo que pasa en nuestro país y en el mundo. El proyecto funcionó de compañía para muchas personas. Hace 15 días que el video/álbum está disponible y no paran de llegar mensajes de agradecimiento profundo. Para nosotrxs es inmenso. Estamos sorprendidxs todavía”.

El fino análisis musical tendrá su espera. Habrá que internarse en Triángula en silencio, y con la mente despejada, para que las melodías y sus texturas equilibren la sorpresa, una y otra vez: Rompa el cielo, Testamento (con un recitado de Larcher), Hermana, Mecer y Agua dorada son de Noelia Recalde. Aldacira y Aliada son de Nadia Larcher. Flores y también Setnuj (con su intervención sobre un canto popular transfeminista) le pertenecen a Micaela Vita, como En tus ojos, que trae un rapeo de Recalde. Y Hasta prender la luz es de Recalde y Saraco.

-¿Qué diálogo definitorio entre las tres decidió a iniciar Triángula? ¿Por qué?

-Cuando hace más de tres años grabamos la canción Marzo, de Duratierra. Fue el primer encuentro de nuestras voces y el día en que nos hicimos íntimas amigas. El resto de la historia es pura amistad y contención entre nosotras. Nos encontramos para darnos fuerzas y aprender constantemente una de la otra. Sigue siendo así hasta el día de hoy. Un día nos convocaron para que tocáramos en el Centro Cultural Recoleta, para El Día del Amigx. En aquel momento ya habíamos empezado a juntarnos descontracturadamente a explorar la música que teníamos, y esa invitación aceleró todo. Aceptamos, y llamamos a Juan Saraco, quien armó asertivamente la banda con Joni y Lucas. Fue todo rapidísimo y el día del concierto vino mucha gente. Ese día nos dimos cuenta de que Triángula tenía un espacio que ocupar. Pasaron dos años y Juan reavivó el fuego con la propuesta concreta de filmar un video “¡que quedara para nosotrxs y después vemos!”, dijo. Pero la dimensión del proyecto creció sin freno.

En medio de sus otros trabajos y sentidos paralelos (la catamarqueña Larcher canta en Proyecto Pato y en Don Olimpio, la entrerriana Recalde expandía sus composiciones y guitarras en el trío Valbé, y Vita, desde ya, en el grupo Duratierra, también con Saraco, hace años) grabaron el disco-video los días 5 y 6 de diciembre de 2019 en Estudio Sonorámica, Traslasierra, Córdoba. El ingeniero total fue Tatu Estela. La realización fílmica, a cuatro cámaras, estuvo a cargo del equipo de Balú. Y el sello Elefante en la Habitación!, con Nahuel Carfi en la producción ejecutiva y en el empuje, garantizó esta permanencia múltiple: virtual, tangible y real. Para que Larcher, Vita y Recalde compartieran sus pensamientos y los traigan a una sola voz: Triángula.

-¿Qué se dijeron al terminar la grabación-filmación y al volver a verse-escucharse entre las tres?

-Esa noche nos abrazamos muy fuerte entre todxs y salimos del estudio a ver las estrellas y a respirar. No hubo tantas palabras porque no las encontrábamos. Fuimos procesando cada quien a su manera lo que había pasado. Fue una experiencia muy fuerte y vertiginosa para todxs, de muchas emociones que se condensaron en un lapso muy corto. Esa noche nos dimos cuenta de que se había materializado, de una forma fluida, aquello que habíamos proyectado hacer durante tantos meses, conversando a la distancia, intercambiando ideas e inspiraciones. Cuando un tiempo después pudimos escuchar lo que habíamos hecho fue puro disfrute. La música que había nacido de nuestro encuentro nos sorprendió y nos llenó de euforia. Hubo algo de ese modo tan enfocado en el que transcurrió la grabación, durante esos dos atardeceres, que nos hizo estar muy presentes a cada segundo sin tomar demasiada perspectiva de lo que estábamos creando. Una especie de estar y no estar a la vez.

-¿A qué nuevos senderos sienten que lograron llegar como equipo, respecto de lo que traían antes?

Triángula se inició como un espacio de creación, búsqueda y experimentación. Sentimos todo este proceso activo y vivo. Es el corazón desde donde se crea. Todo está sucediendo. Poder cantar nuestras canciones a tres voces e indagar en sonidos más complejos, diseñar un concepto nuevo de la melodía y la palabra, es experimentar como no lo hicimos antes. Hay, también, indagación en el vínculo de la música con otras disciplinas artísticas. Lo audiovisual ocupa un lugar central.

-¿Qué fue lo más dificultoso y lo más gratificante de este riesgo estético?

-En la creación, la dificultad es la puerta de entrada a la indagación. Y con ella vienen el crecimiento, la búsqueda, lo nuevo. Ahí comienza un estado de gratificación muy potente. Tal vez esos momentos fueron el diseño del audio, el cual implicó mucho trabajo de prueba, armado y desarmado. Y el trabajo vocal, que, aunque se dio de manera muy natural, nos presentó desafíos respecto de las armonías, las texturas y el empaste.

-¿Cuáles fueron las pautas inalterables en conjunto con Saraco, Szer y Bianco?

-La libertad. Nos transformamos en una usina creativa y colectiva donde cada quien fue aportando sin parar, para hacer crecer el todo. Hubo pautas más específicas desde el diseño sonoro, donde Juan, Lucas y Joni, conjuntamente con Tatu Estela, acordaron la elección de una paleta frecuencial y sonora, un modo muy pensado y cuidado de grabar y mezclar la música.

– Años atrás, las artistas de la música popular argentina (en líneas abiertas, libres del discurso tradicionalista) no abrazaban como ahora la fuerza de lo feminista como eje. ¿De qué manera Triángula las ayuda a redescubrir su propia identidad, en sincronía con la lucha en las calles?

El transfeminismo nos viene atravesando, interpelando nuestros pensamientos y acciones: en nuestra vida privada como en nuestra vida artística y política… si es que eso puede dividirse. La unión de nosotras tres, nuestra hermandad, así como la decisión de cantar juntas, de compartirnos nuestras canciones, está empapada de este contexto y es inseparable. No es Triángula lo que nos ayuda a divisarlo: como músicas mujeres cis somos parte de esta revolución y desde ahí cantamos. Nuestras voces son extractos de las calles; gritan y marchan con nuestrxs hermanxs en esta lucha. Nadia Larcher logra expresarlo maravillosamente en su relato de Testamento, uno de los momentos que emerge como manifiesto en este álbum: “La voz, tu voz, mi voz, será nuestra o no será de nadie”.

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