Por Pedro Squillaci | pedrosquillaci@yahoo.com.ar

Ilustración: Enrique Figna


Juan pasó a buscarlo al Panza y no emitió sonido en todo el trayecto hacia Radio Neptuno. Tenía una mezcla de bronca y tristeza. Todavía le rebotaba en la cabeza el portazo de Maite  y encima la noticia de la muerte de Gabo Ferro, uno de sus artistas preferidos, lo dejó grogui, casi al borde del knock out. Parecía que todas las canciones de Gabo estaban hechas para contar la relación suya con Maite. El amor, el desamor, el desamparo, la felicidad, la angustia de la existencia, la vida y la muerte, la pasión y el sinsentido. A todo eso le cantó Gabo Ferro y Juan tenía ganas de hablar de todo eso en este lunes raro, pegajoso, incómodo. «Aire, Panza», le dijo al operador y por un momento se olvidó que se estaba dirigiendo también a su entrañable amigo. No tenía la templanza para medir las emociones. El Panza, sabio, lo miró, le siguió el tren y, como se dice en la jerga campestre, lo dejó pastorear.

«Buenas noches, bah, buenas noches. ¿Se pueden tener buenas noches después que te enteraste de que un tipo como Gabo Ferro no está más en este mundo? No, Panza, no me mires así con cara de quién catzo es Gabo Ferro, porque la idea no es que yo me ponga a hacer una biopic de este músico, que además fue poeta, escritor, docente universitario, doctor en Historia -sí, llegó a ser medalla de oro de la Academia Nacional de Historia-. Pero, además, queridos y queridas oyentes de El foco de Foco, Gabo Ferro era un cantante de la hostia. Sí, señor, señora, y cuando digo de la hostia, digo que era un cantante del carajo, perdón el exabrupto, pero era uno de esos tipos que te llegan hasta las tripas con lo que cantan y…. a ver, un momento, aquí mi querido amigo Panza me dice que hay un mensaje de Whatsapp que llega, y otro más y otro. Bien, vamos a leer a todos los que podamos, eh, seamos felices mientras podamos, dijo un viejo mientras cortaba el arbolito de su huerta. Bueno, a ver, Marcelo, de Echesortu, dice que no tiene ni idea de quiés es Gabo Ferro, que no vale la pena hacer todo un programa entero para evocar un desconocido y que está malísimo el chiste del arbolito. Raquel, de Uriburu y Presidente Roca, dice que siempre le encantó y que se emocionaba con cada uno de sus temas, especialmente Lo que te da terror. Y Carlos, de barrio centro, me dice que es un cantante triste y  le gustaría verlo en el Cantando para ver si es tan bueno».

 

«Bien, bien, paramos acá Panza porque se me sube la mostaza y necesito decir un par de cosas. Vamos por partes dijo Jack. Ehhhh, malísimo el chiste, y viejo, pero bueh, digo, empezamos con Marcelo, que tiene razón con que es flojito el chiste del arbolito, pero vayamos al punto, a Gabo, mejor. Mirá amigo, no te voy a decir yo quién es un tipo que, como dicen los pibes, lo podés encontrar en todas las redes sociales, guglealo, youtubealo, solamente te pido que lo escuches y lo sientas, eso sí, si ponés un tema de Gabo Ferro mientras escuchás el informe sanitario es posible que te agarre dolor de panza, pero si lo escuchás a corazón abierto es otro cantar, valga la redundancia, ¿dale? Raquel, genia, me imagino quien es, es una trabajadora social y amiga que la quiero hace muchísimos años. Es más, recomiendo que escuchen y vean el video de ese tema, es un canto a la poesía y a la estética de todo lo que hace Ferro. Y bien, para Carlos, y para los que piensan como Carlos, que son muchos y muchas, les digo que los cantantes no se dividen entre tristes y alegres, porque la música no tiene la grieta de triste-alegre. En todo caso lo que hay que diferenciar es música de calidad o no, y la calidad, claro, como la opinión, como todo, es subjetiva. Lo que para mí es de calidad para otros no, y viceversa, pero ahí ya talla el gusto de cada uno, los conocimientos, la formación, la banda de sonido que te pasó por la vida, digamos. Y en cuanto al Cantando, ay, ay, justo tocaste un temita ahí. Mirá Carlos, seguramente si ves el Cantando conocerás a Esmeralda Mitre, sí, la mediática, familiar de los Mitre del Diario La Nación, actriz y todo eso. Bueno, recientemente ella salió a florearse de que hacía un agudo tan agudo, al borde de la desafinación, que emulaba a una pava hirviendo. Justamente, Gabo Ferro, en un reportaje que le hicieron en el diario La Capital en 2017 había hablado sobre eso de cantar al límite, eso que vos decís que es un canto triste y que para muchos puede estar al borde de la desafinación. Bueno, él en esa nota, decía esto, y lo voy a leer : “Yo considero que hay frases y palabras que no pueden ser cantadas de manera bonita o de manera afinada. La palabra dolor no se puede cantar de manera afinada”. Entonces, Carlitos querido, te digo, Esmeralda Mitre cantaba al borde de la desafinación y lo asociaba a una pava hirviendo. Y Gabo Ferro, el de las canciones tristes como decís vos, cantaba al borde de lo desafinado para evocar el dolor. ¿Qué querés que te diga? La única forma de conectar el dolor con la pava hirviendo es cuando la tocás y te quemás. No te quemes Carlitos, o sí, quizá te sirva para aprender a no volver a quemarte. Y si te da miedo mirar a una pava hirviendo más todavía. El que se quema con leche ve una vaca y llora dice el dicho popular, ¿te acordás? Bueno, Gabo Ferro decía “Lo que te da terror te define mejor/ No te asustés, no sirve, no te escapés, volvé/ Volvé, tocá, miralo dulcemente esta vez/ Que hay tanto de él en vos/ Pero hay más de vos en él”. Pero mejor escuchalo cantado por Gabo, ponelo bien arriba Panza, me voy con esa voz que solo afina con el dolor. Buena vida Gabo Ferro, gracias por todo, perdón por tan poco. Y a ustedes los despido hasta mañana, no se olviden de intentar ser felices, chau, nos vemos el martes, siempre por acá, por Radio Neptuno, la única emisora que orbita en un planeta propio y también el de todas y todas. Abrazoooooo».

Juan salió de la radio con la misma cara de tujes con la que entró, pero esta vez estaba más dispuesto a hablar. En el camino, yendo junto con el Zampa, se originó este diálogo:

– Vinimos picantes hoy Juancito, ¿eh?

– Sí, Zampa querido, venía cruzado con lo de Gabo, viste.

– Pero a vos lo que te da terror es Maite, no Gabo.

– Bueno, no te conté detalles, pero algo así, Panzita, me tiene loco el tema de Maite, no sé qué hacer, amigo.

– Hacele caso a Gabo Ferro y listo.

– ¿Te parece?

– “No te asustés, no sirve, no te escapés, volvé”.

– Sí, tenés razón, tanto que hablo de Gabo Ferro y hago todo lo contrario. No me voy a escapar esta vez.

– Dale y mientras lo pensás mandale un mensajito a Carlos, que lo bardeaste de lo lindo.

– ¿Qué Carlos?

– El que te mensajeó en el programa, es Carlos, Carlitos, el del barcito de Echesortu.

– Pero cómo, si dijo que era de barrio centro…

– Pero sabés que Carlitos manda cualquiera, se quiso hacer el finoli y mandó barrio centro, qué se yo, además creo que ni ve el Cantando, pero mandó cualquiera.

– Espero no haber mandado yo cualquiera en el programa.

– No, amigo, vos dijiste lo que sentías y eso es lo mejor que podés hacer cada vez que salís al aire.

Juan le dio un abrazo al Panza y se fueron caminando rumbo al Focus. Antes de arrancar, buscaron Spotify y pusieron Lo que te da terror. No hablaron más, sólo escucharon. Y sintieron.

2 comentarios para “Capítulo 13: Lo que te da terror

  1. Claudia Nieto dice:

    Gabo Ferro es. Si, es un poeta y un artista brillante. Amé sus canciones. No he leido sus libros. Pero lo haré. Y es muy bueno que Pedro Squillaci haya hecho una nota en honor al gran Gabo. Gracias Gabo. Gracias Pedro.

  2. Rodrigo dice:

    Gracias, lindo leerlos

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