Desde Río Turbio y a punto de cumplir cuatro décadas con la música, el cantautor patagónico prepara el lanzamiento de su nuevo disco, Infinito, y hace un balance sobre su carrera.

Por Paola De Senzi | paodesenzi@gmail.com

Fotos: Gentileza Eduardo Guajardo


La historia dice que el célebre escritor y aviador francés Antoine de Saint Exupéry, autor de El Principito, estuvo en la Patagonia, y fundó la Compañía Aeropostal Argentina. Cuando regresó a su país, escribió  la novela, en cuyos párrafos hace referencia al paisaje que lo asombró. Estepas, desiertos, grandes distancias, islas, animales, todo aparece en El Principito. Al igual que Darwin, el asombro provino de la región del sur del país, tan lejana a veces, y con tanto aún por descubrir. Los anarquistas afincaron su deseo de un mundo más justo en la Patagonia; dicen que los templarios escondieron allí el Santo Grial y que Trapalanda existe en los espejismos que habitan en sus ríos y lagos.

“La Patagonia no es el sur, es el asombro/ es un desmadre de luz y todo el cielo/ es el cobijo de los parias, los vencidos/ el continente natural de los misterios”. Así canta Eduardo Guajardo en una de sus obras más conocidas y así es como, a propósito de sus 40 años sobre los escenarios, nos acerca a una interesante mirada sobre su figura, que es  la de uno de los artistas más prolíficos de nuestro país.

Él mismo no deja de asombrarse con el lugar que habita. Es por eso, que cuando cuenta sobre su territorio, que recorrió desde niño al igual que el país y Latinoamérica de la mano de sus canciones, lo hace con entusiasmo. Es por eso, que las canciones de Guajardo escapan al común de la impronta del espíritu musical patagónico.

Una mirada al sur: «en esta geografía hay mucho por decir, mucho por contar, pero poca gente dispuesta a hacerlo», dice Guajardo.

“Sé que tengo algo para decir que no lo está diciendo nadie, -dice desde Río Turbio, donde nació hace poco más de cinco décadas-.  Si bien acá en la Patagonia hay muchos cantores, no tenemos esa maquinaria de difusión ni el formato espectacular que se requiere alrededor de los festivales, y lo que implica moverse a las grandes ciudades, es muchísimo más caro. Entonces en esta geografía hay mucho por decir, mucho por contar pero poca gente dispuesta a hacerlo, y eso era una especie de mandato en mí que se imponía por sí solo. Así empecé a desarrollarme en mi faceta de compositor, sorteando también algunas taras generacionales de mis predecesores, que tenían cierto resentimiento con el mercado, y eso de «Si quieren escuchar artistas patagónicos, que vengan a buscarnos»”.

Por estos días, Guajardo cumple 40 años de carrera, que empieza a contar a partir de su primera presentación en un festival, a los 14 años.   Para celebrarlo, está por lanzar su nuevo disco. Se trata de Infinitos, un trabajo que verá la luz en los próximos meses, y cuya sonoridad tiene que ver con el camino recorrido.

Vengo componiendo con mucha gente -cuenta-; hace un tiempo conocí  través de Hugo Fatorusso, a Mario Cazeneuve, con el que ya hicimos un disco de estilo latino. Lo primero que le mandé fue un proyecto de canción que se llamó Quilombo y Candombe, y al que él en un día le puso música, y lo incluyó en un disco suyo que se llama Montevideo. Luego seguimos trabajando y en 25 días hicimos 10 obras, que serán parte de este disco, cuyo título es el de una canción dedicada a mis hijos (tiene tres: Pablo, Tahiel y Catriel, los dos últimos dedicados al arte). El tema Infinitos -de este se trata- habla de la forma de manifestar ese amor por los ríos de la sangre, es una especie de disculpa y examen de conciencia frente a ellos. La canción dice eso: “discúlpenme la vida / las ausencias /perdónenme la falta de paciencia, las crisis, los errores, las  dudas, los temores / lo poco que les di con mis canciones/ no es para mitigar las frustraciones/ que cargan sobre mi generaciones/ ni para retractarme de todo lo vivido, si todo lo elegí tan convencido”.

 

La canción con fundamento

Hace unos días, se cumplieron 16 años de la tragedia en la mina de carbón número 3 de Rio Turbio, en cuyo socavón murieron 14 mineros, lo cual dejó a la vista la desidia de los empresarios y los gobiernos. Eduardo tenía sólo 9 meses, cuando su padre fue víctima de aquel accidente, reflejado en la canción Qué va a pasar un obrero (“A ver si se saca el sombrero señor que va a pasar un minero/ El hombre que partió el silencio en el sur, el hombre que fundó mi pueblo”) el himno de los trabajadores de Río Turbio.

Eduardo Guajardo con su padre.

“Es una canción emblemática de mi repertorio, que estuvo presente en luchas de la Patagonia, donde rescato las luchas de los obreros muertos desde los noventa hacia adelante, fue un eje fundamental para cuando la muerte de Carlos Fuentealba, y todavía sigue siendo representativa de la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Siempre digo que para mí la tarea de la canción tiene dos vertientes fundamentales: preservar la memoria y tratar de hacerlo con belleza. Nosotros acá le llamamos canto con fundamento, a la canción con un protagonismo central del ser humano, de depositar sus esperanzas, que lo contenga, que le dé su identidad al paisaje”, asegura.

Adentrarse en la carrera de Eduardo Guajardo es descubrir no sólo su obra, sino también, encontrar en cada uno de sus pasos, figuras que han tenido mucho que ver con su vida y su historia como artista. Musicalmente, lo sedujo la trova rosarina, y conoció a Lalo de los Santos y a Alejandro del Prado. En Uruguay, El Sabalero, Fattorusso; Julio Lacarra en Buenos Aires, Armando Tejada Gómez -de quien musicalizó el poema Un Grito de Ida y Vuelta-, Néstor Basurto, Rafael Amor. Y siguen los nombres.

Al respecto recuerda: “El Sabalero ha sido una especie de gran personaje de la canción de América Latina; con Rafael hemos girado por muchos lugares. Julio Lacarra fue el primero que me llevó a cantar a Buenos Aires, yo tenía treinta años, y había grabado mi primer cassette, y pensaba que eso era todo lo que iba a hacer, quería colgar los botines. Nunca había grabado antes, hice muchos intentos que no me convencían, ya que muchos de los tratos que me proponían eran en función de mi característica vocal más que como compositor, y yo a los 20 años decidí que no cantaba más canciones que no fueran mías. Eso me dio una confianza en mí mismo y al mismo tiempo un alejamiento porque hubo mucha gente que esperaba que yo cantara «una que sepamos todos», y yo tenía decidido que no iba a suceder. La apuesta más grande es decir lo que uno quiere decir”.

Con Claudio Sosa, gestaron la Ruta de la Dignidad, una gira por todo el país, cantando en fábricas recuperadas, en un contexto difícil para el país. Corría el año 2002: “Veníamos con Claudio de un montón de encuentros de trovadores, de juglares, de músicos independientes. Estábamos en Unquillo, en un encuentro de cantautores y en ese momento empezó el tema de las fábricas recuperadas, como la IMPA en Buenos Aires. En Río Turbio teníamos el tema de Yacimientos Carboníferos. Entonces contactamos con la Corriente Clasista Combativa que estaba haciendo algo único para la situación de ese momento, que era organizar desocupados, es decir, organizar en cooperativas y arrancar de nada. Recién nos habíamos conocido con el Perro Santillán, le contamos la idea y les pareció bien. Era retomar la tarea de los trovadores. Algunos periodistas amigos nos dieron una mano. Cada vez que tocábamos, armábamos una crónica y la enviábamos a todos lados y también a ese grupo de prensa que trataban de publicarnos, entonces fuimos desarrollando un vehículo informativo alternativo a la información de los medios oficiales. Arrancamos en Ushuaia y terminamos en Chaco, luego de pasar por Jujuy. La idea era que en cada lugar se juntaran los artistas, hicieran bonos contribución para el pasaje nuestro para seguir al próximo destino, entonces así fuimos tomando contacto con todos. Llegamos a Buenos Aires e hicimos IMPA, la carpa docente, y ahí comenzaron a llegar los artistas consagrados, otros mandaron saludos a través de representantes”, recuerda.

«Si tu canción es honesta y vos fuiste leal con ese mandato, es imposible que la obra no se conozca», asegura el cantautor.

¿Por qué es tan difícil encontrar un lugar para la música patagónica por ejemplo, en los festivales, o en Buenos Aires?

Lo que sucede en Argentina va hacia el puerto de Buenos Aires y ahí se define lo que importa y lo que no importa, lo que sucede con los escenarios políticos, sucede con los escenarios artísticos. Como yo te decía, cuando comencé a hacer mis canciones, sorteé varias cosas. Con esto me fui desprendiendo de muchísimos músicos talentosos que no tenían expectativas de salir y soltar amarras sobre todo en las cuestiones de diario vivir.

¿Cómo ves la cultura en general actualmente?

Adentrarnos en el debate de la cultura es difícil sin adentrarnos primero en el debate ideológico, esto es: qué es lo que queremos decir, qué es lo que queremos ser para empezar a actuar en ese sentido. Como no tenemos eso, cada uno predica su evangelio de acuerdo a su Biblia. Ese es el gran tema de los desencuentros nacionales. Nos cuesta construir a largo plazo. Entonces eso juega totalmente en contra de las construcciones artísticas que conllevan un fuerte arraigo identitario, porque nos terminamos peleando por cualquier cosa y dejamos el debate de fondo en pausa, y este debate justamente es el que no puede esperar. En nuestro país no existe capital de riesgo, y al no existir, no hay empresas de espectáculos que inviertan en productos artísticos; éstos se construyen solos y cuando funcionan, aparecen las empresas. Eso es terriblemente nocivo porque es desparejo, es para los amigos, algunos atraviesan los gobiernos y siguen estando ahí y tienen una cintura digna de Maradona para sortear los vaivenes de la política, otros mueren en el intento.

¿Cuál sería tu camino en este caso?

La resistencia siempre fue lateral para mí. Cuando vos te pones a pelear con el enemigo y tiene mucho más fuerza que vos, te perdés, entonces hay que construir caminos laterales para ir proyectando la obra de uno e ir conectándonos con otros, que por ahí no tienen caminos alternativos para desarrollar esto. Yo suelo decirles esto a los pibes jóvenes, con los que compongo y cantan canciones mías. Que ahí está el destino del canto. Podrán odiarte otros pero ninguna tumba podrá encerrar tu canción, si tu canción es honesta y vos fuiste leal con ese mandato, es imposible que la obra no se conozca.

¿Qué artistas escuchás hoy, quiénes llaman tu atención, ya sea por su obra o por su discurso?

Ramiro González es uno de los que tiene realmente una claridad y un nivel de crítica política muy fino y que se le puede creer perfectamente, y es auténtico, hay mucha gente que tiene críticas on stage, sacan la efeméride, son oportunistas, me enorgullece conocer a Ramiro desde hace mucho y saberlo entregado, y ese es el gran desafío, poner palabra, pensamiento y obra en el mismo sentido

En los próximos días, Eduardo Guajardo presentará un video colectivo con artistas de todo el país y Latinoamérica, como Laura Albarracín, Gabriela Fernández, Paula Ferré, Analía Abad, Ariel Manquipán, Ramiro González, Alejandro Sicardi y Claudio Sosa entre otros, con la producción de Víctor Hugo Cortés. El video está basado en la canción Hacer de la Vida un Sueñootro de los temas emblemáticos de su repertorio, cuya letra está en estrecha relación con el sentimiento que provoca la situación que está viviendo el mundo. “Hacer de la vida un sueño / Digno de ser perseguido y alcanzar / Celebrar volver a celebrar /  El trabajo y el pan que no tenías /  cantar siempre habrá que cantar. / Alguien te va escuchar y necesita / hacer de la vida un sueño”.

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