Un certamen sonoro de la provincia de Corrientes alcanzaría un aura de movimiento, antes de la dictadura del ‘76, y se transformaría en uno de los puntapiés para que se difundieran nuevas poéticas e innovaciones en el universo del chamamé: el Festival Canción Nueva Correntina. Memorias presentes de un impulso creativo y colectivo que sigue marcando la ética y la estética de los nuevos creadores de la música del Litoral.

Por Patricio Féminis | patfem@hotmail.com

Fotos: Gentileza Fundación Memoria del Chamamé | Edición: Lara Pellegrini


En los años ‘70, el Festival Canción Nueva Correntina generó una renovación sonora y poética imparable para el chamamé. Además de consagrar a artistas hoy emblemáticos (Teresa Parodi, Antonio Tarragó Ros, Mario Bofill, Rosendo y Ofelia), numerosos poetas y músicos contribuyeron a que, por medio de aquel certamen, las canciones y ritmos del Litoral fueran asumidos, difundidos y revalorizados dentro del panorama de raíz folklórica de la Argentina. Memorias y voces de aquellos años en que nació el “Movimiento de la Canción Nueva”.

Tapa del disco Festival Nueva Canción (1975)

La foto de tapa del disco que se volvería fundacional de este proceso, Festival Canción Nueva (1975), no se aleja del tono, del espíritu chamamecero. ¿Qué se ve allí? Hay un pescador con sombrero aludo de mimbre sosteniendo sus frutos dorados en una barcarola, en el medio del río. Pero a la vez se divisa otro color en ese instante retratado: un espesor de arte pop, a tono con la época, que deja ver una búsqueda, una energía naciente, en esa luminosidad flotando sobre el agua. Expone al hombre que atesora -en silencio- su sustento, su identidad chamamecera. ¿Cómo hallar palabras nuevas, precisas, para aquellos misterios del río? ¿Cómo captarlo desde la ciudad?

Ese fue el desafío poético, sonoro y humano que se trazó la Canción Nueva Correntina en los años ’70, desde Corrientes. Suele ser definida como un Movimiento (aunque nunca tuvo un manifiesto ni fue pensado como tal), pero en realidad fue una derivación natural de aquellos Festivales Canción Nueva que, a partir de 1972, generaron que se renovara la palabra cantada en el género; también la instrumentación. Hay que recordarlo, por ejemplo, al creador y guitarrista Pocho Roch (el de Pueblero de Allá Ité, que interpretaron por primera vez Rosendo y Ofelia en el Canción Nueva de 1974). “Pocho introdujo los sonidos electrónicos en el chamamé”, contaba la tremenda poeta Marily Morales Segovia, fallecida el 12 de febrero de 2017 en Corrientes. Roch dejó este mundo el 27 de septiembre del mismo año. Ambos son presencias constantes en quienes siguen las estelas de aquel tiempo.

Orquesta Pocho Roch en vivo

Las innovaciones del Canción Nueva Correntina implicaron un giro clave a la música del Litoral, y lo exponen las canciones incluidas en aquel disco del ’75: fueron las doce finalistas de la segunda edición del Festival, transcurrido en el mítico Teatro Oficial Juan de Vera de Corrientes. Y allí están varios nombres resonantes. Además de Pocho Roch y Morales Segovia, Mario Bofill, Cacho González Vedoya, Antonio Tarragó Ros, Rosendo y Ofelia

Cada uno de ellos devino un referente en la historia viva del género, hasta hoy pero algo es cierto. Sigue siendo nebuloso el recuerdo de aquel proceso colectivo que reunió a cantores, poetas y compositores, al rastro de otras formas para abordar el chamamé -y los demás ritmos de la región-. Y otro compromiso iba a irradiar el Litoral para toda la música populardel país. “El ‘Movimiento Canción Nueva’ fue un repique del ‘Nuevo Cancionero’, su símil folklórico gestado en Mendoza por Tejada Gómez, Matus, Lima Quintana en 1963”, considera Pedro Zubieta, impulsor de la Fundación Memoria del Chamamé.

Y lo precisa la propia Teresa Parodi: “Mi generación y la de Antonio Tarragó Ros hizo ese movimiento que le dio un vuelco tremendo a la música. No sólo incorporamos armonías, instrumentos enchufados y la percusión, sino que hicimos una búsqueda mayor de la palabra poética. El Canción Nueva fue puntal en ese acompañamiento a los autores emergentes”.

Rosendo y Ofelia

Ya en los años ’80 empezaron a llegar a Buenos Aires “algunas de las puntas de esa madeja. El que ya vivía acá era Antonio Tarragó Ros y lo que hacía él era mandar canciones nuevas a Corrientes”, cuenta Parodi. Al igual que años atrás con Ramona Galarza, con Canción Nueva el chamamé lograría una nueva trascendencia nacional. Pero no todos saben sus detalles.

Por ejemplo, que Marily Morales Segovia fue quien organizó las primeras cuatro ediciones del Festival Canción Nueva Correntina, que difundió a los jóvenes compositores correntinos en discos editados por el sello Odeón. “Canción Nueva -rememoraba Morales Segovia- nació de un impulso de amor a nuestra tierra y a nuestra música. Los tradicionalistas nos rechazaron, como siempre suele suceder, pero finalmente nos invitaron a sus festivales. Nosotros nunca fuimos contra ellos. Les reconocíamos la fortaleza con la que siempre conservaron y difundieron el chamamé. Nuestra búsqueda era la de conectar el pasado con el futuro”.

Contratapa del disco Festival Canción Nueva (1975)

La genealogía

“¡Queremos escuchar música argentina!”, oyó gritar Marily Morales Segovia en 1958, en la Peña El Hornero, de Rosario, cuando un amigo correntino ofrecía un chamamé. “Entonces se consideraba ‘folklore’ al Pericón, a La Condición y a la música de Santiago del Estero y de Salta. En Corrientes no entendíamos por qué se ninguneaba tanto al chamamé”. En 1959, a Morales Segovia la nombraron maestra en plena selva de Santiago; luego se vinculó con poetas, músicos, también con el maestro Andrés Chazarreta, y pudo saber los porqués. “En Santiago del Estero, las letras eran escritas por poetas”. En cambio, “a los poetas consagrados de Corrientes no se les cruzaba por la cabeza escribir un chamamé. Lo veían como un género menor creado por semianalfabetos”.

Cacho González Vedoya y Antonio Tarragó Ros

Al volver a sus pagos y sus ardores correntinos, ella lograría un intenso aprendizaje organizando espectáculos. De 1960 a 1970 fue Secretaria de la Comisión de Carnaval de la Municipalidad de Corrientes. Insistía entonces, Morales Segovia: “Los festivales folklóricos se van a agotar si no incluyen certámenes de música inédita”. ¿Qué divisaba? “En Corrientes había músicos y poetas jóvenes que no valoraban sus obras porque no eran llamados a los festivales: Pocho Roch, León Antonio Sánchez, Martha Quiles, Cacho González Vedoya, Mario Bofill”, repasaba.

Y con Bofill, el ilustre cantautor de Loreto y entonces director del Teatro Vera, acordaron organizar en 1972 el Festival Canción Nueva y formaron una Comisión. La conformaron ella, Ernesto Maidana (quien le puso el nombre), el escritor Carlos Gordiola Niella y Benjamín de la Vega, un pianista ciego amigo del Cuchi Leguizamón, de Manolo Juárez y de Carlos García, quien haría los arreglos orquestales de aquel disco del ’75.

“El chamamé no tenía entrada en la ciudad. Nosotros le dimos un tinte diferente, una proyección”, evoca el gran poeta, periodista, maestro y compositor Cacho González Vedoya: “Cada uno traía su forma de ver el género: teníamos el chamamé en las manos”. Y cuando se supo que el tema ganador del ’72 era Aventuras de un pomberito, de León Antonio Sánchez, Morales Segovia se dijo a sí misma: “Es la primera vez que el chamamé sube al Teatro Vera”. ¿Qué ocurrió? Los ecos del Festival Canción Nueva Correntina llegaron a Buenos Aires. José Ángel Bello, del sello Odeón, “ofreció grabar el disco con los doce temas finalistas del próximo festival”.

Tapa del disco Canción Nueva Correntina (1977)

La segunda edición fue en el ’74, en Corrientes, y ya se logró el apoyo de la Secretaría Turismo provincial; el tercero llegó en 1976. En ambos participaron más de cien canciones nuevas: afluían músicos y poetas del Corrientes profundo, de otras provincias y hasta de Capital Federal.

“Odeón grababa los doce temas con los artistas del sello; una editorial porteña editaba las letras y partituras”, contaba Morales Segovia. “No hay que olvidar entre los participantes al pianista y compositor Edgar Romero Maciel y al sacerdote, poeta y músico Julián Zini, quienes venían luchando en solitario para jerarquizar al chamamé. Ellos fueron parte esencial de la nueva época”.

Pero el cuarto Festival, en 1978, no pudo hacerse en el Teatro Vera porque “para el Subsecretario de Cultura de entonces el chamamé no era digno de ese escenario. El funcionario pretendía dedicar el emblemático teatro de los sonidos correntinos y universales a la música clásica y a artistas ‘de nivel internacional’. ¿Qué hicimos? Tuvimos que alquilar la sala del cine Corrientes”.

Encima se sumaron otros inconvenientes con los sellos y el Canción Nueva se discontinuó. Aun así, para Marily Morales Segovia no fue desalentador. “A esa altura, los valores promocionados con los premios del Festival ya estaban haciendo una carrera exitosa. En sus manos quedó el progresivo ascenso de nuestra música. No detuvo su evolución, el chamamé”. Y todos esos protagonistas siguieron creando y compartiendo escenarios y canciones. Aquellos frutos, hoy, reverdecen en nuevas voces. La canción nueva correntina expandió sus visiones de avanzada hasta el siglo XXI.

 

*Todas las entrevistas fueron realizadas en 2012 y recuperadas para esta nota en De Coplas y Viajeros

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